Ella puede morir en cualquier momento, pero la presencia del Alfa se convierte en su única ancla para sobrevivir. Kael ha encontrado a su Luna, y destruirá a quien sea necesario con tal de mantener latiendo el corazón de la mujer que ama.
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Capítulo 14
Camila sintió cómo la firmeza de la mano de Kael en su cintura actuaba como un ancla en medio de la tormenta de emociones que la abrumaba. La mezcla de la explicación fisiológica, el componente primitivo del lazo y la promesa implícita de respeto encendieron una chispa de certeza que jamás había experimentado con nadie.
—Entiendo... —murmuró Camila, manteniendo la vista fija en la mirada del Alfa, aunque una risita nerviosa y contenida se le escapó de los labios—. Definitivamente no hay ningún manual médico que prepare a nadie para esto.
Kael sonrió de medio lado, fascinado por la forma en que la mujer frente a él asimilaba un mundo completamente ajeno sin perder una sola pizca de su carácter indomable.
—No necesitas un manual, Camila —respondió Kael, acariciando suavemente su mejilla con el dorso de los dedos—. Solo necesitas confiar en lo que tu propio cuerpo y tu instinto te están diciendo en este momento.
En ese instante, unos golpes suaves en la puerta rompieron la burbuja de intimidad que se había creado en la sala de juntas. Bruno asomó la cabeza con expresión seria, aunque al notar la cercanía entre ambos mantuvo una distancia respetuosa.
—Señor Kael, doctora Valenzuela —interrumpió Bruno con tono profesional—. Los jefes de departamento de la clínica y el personal del comité de trasplantes están reunidos en el auditorio principal. Esperan sus instrucciones para la reestructuración.
Camila dio un pequeño paso atrás, recomponiendo su postura y ajustándose el saco del traje sastre. La cirujana calculadora y brillante estaba de vuelta, pero ahora con un brillo completamente nuevo en la mirada.
—Es hora de poner en orden esta clínica —dijo Camila, mirando a Kael con una tregua definitiva firmada en sus ojos—. Vamos.
Kael la acompañó a la par, manteniendo su brazo cerca del de ella para asegurar que el flujo de su energía mantuviera su pulso estable. Mientras caminaban por los pasillos del hospital donde antes la rodeaba el rechazo de su familia, el personal médico se hacía a un lado con un profundo respeto, presenciando el nacimiento de una nueva era en la institución.
Al llegar al auditorio, Camila se colocó frente al estrado. Observó a los médicos, a las enfermeras y a los directivos que durante meses habían guardado silencio ante los abusos de Victoria y Guillermo.
—A partir de hoy, la medicina en este hospital vuelve a ser la única prioridad —declaró Camila con voz clara y resonante que llenó la sala—. Se auditarán todos los expedientes, se reactivarán los casos congelados y la lista de trasplantes operará con absoluta transparencia. Ningún paciente volverá a ser dejado a la deriva por intereses económicos o corporativos.
El aplauso espontáneo de varios médicos jóvenes y enfermeras de urgencias rompió el silencio de la sala, extendiéndose rápidamente hasta convertirse en una ovación. A un costado del escenario, erguido como una sombra imponente y protectora, Kael la observaba en silencio. Para el personal del hospital, él era el temible magnate que acababa de salvar la institución; pero para él, Camila estaba demostrando la fuerza y el liderazgo dignos de la mujer que el destino había puesto a su lado.
Cuando la reunión concluyó y regresaron al despacho privado de la dirección, el teléfono personal de Kael sonó. Era una llamada encriptada del equipo médico privado que su red de inteligencia mantenía en marcha.
Kael escuchó atentamente al especialista durante unos segundos y luego le pasó el teléfono a Camila.
—Habla con él —dijo el Alfa con una intensidad firme en la mirada.
Camila tomó el auricular con manos temblorosas. Escuchó la confirmación de los parámetros médicos, las pruebas de compatibilidad y la logística de traslado. A medida que el especialista avanzaba, sus ojos castaños se abrieron de par en par y se llevó una mano a la boca.
Colgó el teléfono despacio y levantó la vista hacia Kael, con el rostro iluminado por una mezcla de conmoción y esperanza pura.
—Encontraron un donante compatible, Kael... —susurró Camila con la voz entrecortada—. Hay un corazón compatible para el trasplante y viene en camino.