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Esposa Despreciada

Esposa Despreciada

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Síndrome de Estocolmo
Popularitas:6.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Miry - C

La vida de Elif se vio trágica cuando el hombre más poderoso del pueblo la obligó a contraer matrimonio. Pero resultaba que era un hombre que cuatriplicaba en edad, por lo que en la consumación, murió de un infarto, quedando ella como heredera de toda esa fortuna.
Elif creyó que todo terminaba ahí, no obstante, aparecieron los familiares de aquel hombre, y la obligaron a contraer matrimonio con el nieto de su difunto esposo, un joven de 23 años, que la odiaba y despreciaba con cada segundo de su vida, por haberse quedado con todo lo que les pertenecía.

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20

Elif corrió a su habitación, puso el seguro y buscó algo más que pudiera sostener la chapa. Si Burak volvía a entrar en su habitación y la volvía a forzar, ella no podría resistir más.

Para su alivio, Burak no forzó su puerta. Apenas se sintió mareado subió a su habitación, se lanzó en la cama y durmió hasta el otro día. Cuando despertó ya había perdido la primera hora de clase.

Mientras se bañaba pensaba en el consejo de su profesor. Pensó que tenía razón: si continuaba bebiendo cada día podría terminar encerrado en un centro de alcohólicos y sus proyectos se verían arruinados.

No quería esa vida. No se imaginaba siendo un borracho, andar andrajoso y apestando cada día. Detestaba los malos olores, incluso la suciedad que encontraba a su paso. Él no podía terminar como todo lo que odiaba. Sería el último día que bebería. Desde esa tarde empezaría a asistir a la empresa para irse afianzando en el conocimiento de esta, para el día que tomara la posesión de la presidencia estar en la capacidad máxima.

Peinó su cabello y colocó algo de loción. Tras vestirse se miró en el espejo y salió. Bajó a trote las gradas y, sin desayunar, se dirigió a la universidad para recibir la segunda hora.

Mientras manejaba revisaba los mensajes que no había leído durante la noche ni la mañana. Todos eran de ella, de su Leyla, la mujer que amaba, pero lamentablemente no quería volver a estar con ella. Pues, como haya sido, ella estuvo con alguien más y no era alguien cualquiera: era su primo. ¿Cómo se vive con algo así el resto de tu vida?

No era lo mismo haber conocido a una mujer que mantuvo una aventura con alguien antes de ti, alguien que no perteneciera a tu círculo y que jamás lo pertenecería, a que mientras estaba contigo se haya metido en la cama con un familiar.

Eran cosas que Burak jamás olvidaría, pues si había algo en él era que lo suyo era suyo y nadie más lo podía tocar.

Algo más que lo decepcionó fue que ella haya decidido no denunciarlo para no pasar ese procedimiento de vergüenza ante la sociedad y el tribunal. Era motivo suficiente para no quererla de regreso. Quizás en un futuro, cuando sus heridas hubieran cicatrizado y existiera aún ese amor o interés, podría retomar aquello, pero por ahora solo tenía un propósito: culminar su carrera y crecer en lo administrativo.

Estacionó el auto a una cuadra de la universidad, se fue caminando con el móvil en mano, ingresó a la facultad y se dirigía al salón. Antes de doblar al siguiente pasillo escuchó a su primo.

—¿Cuánto vamos a que me la llevo a la cama en menos de un mes?

—Tienes hasta la fiesta de la facultad —le palmó el hombro uno de los chicos con los que hablaba.

—Bien, entonces hasta la fiesta de la facultad —dijo sonriente.

Al momento en que se quedó solo, Burak salió. Cuando Emir se dio la vuelta se quedó frente a su primo.

—¿Qué quieres? ¿Vienes a buscar nuevamente problemas?

—Me pareció escuchar que realizabas una apuesta.

—¿Escuchas conversaciones ajenas, primito? —achicando los ojos, Burak dio un paso más y cuestionó:

—¿En esta vez usarás tus habilidades de seducción o usarás lo que usaste con Leyla?

Los labios de Emir se curvaron en una sonrisa y, con gran seguridad, dijo:

—No voy a necesitar de eso para llevarme aquella mujer a la cama.

La mirada la posó en Elif, que caminaba por el pasillo del fondo abrazada a sus libros. Burak no tuvo que girar el rostro para saber que era de su esposa de quien hablaba.

—Ya lo verás —pasó chocando el hombro de un Burak que se había quedado en trance.

Alcanzó a Elif y le colocó el brazo sobre los hombros, a lo que ella se detuvo en seco y se alejó.

—¿Qué sucede? —cuestionó Emir al verla con esa actitud.

—Disculpe, pero… pero no puede hacer eso conmigo.

Emir sonrió.

—No me digas que sigues con eso de que eres casada, porque eso sí que no te lo creo —bajó la mirada a la mano y no vio ningún anillo—. Incluso tu dedo me demuestra que no es lo que dices.

Se quedó en silencio contemplando su dedo vacío. La mañana después de que Burak la tomara se lo retiró. Aquello solo le recordaba a ese hombre cada día.

—Vamos, linda, déjame mostrarte la facultad.

—Gracias, pero me es suficiente con el mapa.

Dicho eso se fue.

Emir la quedó mirando. Su mirada se posó en aquella cola forrada con la gruesa tela del pantalón.

“Elif querida, no podrás escapar de mí”.

Sería fácil para él conquistar a una becada. Era lo que había escuchado en los pasillos y salones de la universidad: que Elif era becada y una pobre diabla, lo que significaba que cualquier cosa que sucediera sería su palabra contra la de él.

Debía ganarse la confianza de Elif para así poder ganar aquella apuesta. Ya no era la primera vez que lo hacía. Desde siempre se llevaba a la cama a mujeres bajo una apuesta. Luego de haber conseguido lo que buscaba las desechaba, más si eran unas becadas que buscaban atrapar a un millonario.

Emir encontró la manera de ganarse la confianza de Elif cuando, en las afueras de la universidad, una mujer de aproximadamente treinta años empezó a reclamarle el romance que mantenía con Mert, dejando a Elif delante de todos los universitarios como una mujer indecente.

La mujer estaba indignada. Responsabilizaba a Elif del mal matrimonio que llevaba y de que su esposo quisiera divorciarse. Iba a agarrarla del cabello y arrastrarla por toda la calle, enseñarle a respetar lo ajeno, pero ahí estuvo Emir para protegerla y evitar que fuera golpeada.

Con gran nerviosismo Elif bebió del vaso de agua que solicitó en el comedor donde se encontraba. Su corazón latía de forma rápida y sus piernas aún temblaban; incluso algunas lágrimas se escaparon de sus pupilas. Estaba aterrada por lo que aquella mujer estuvo a punto de hacerle, y todo porque aquellas mellizas se formaron una película en la cabeza.

—Estoy aquí para ayudarte —comentó Emir con una sonrisa escondida en sus adentros. Le acarició sutilmente la mano, y ella dejó que lo hiciera. En esos momentos no tenía a nadie en ese lugar que pudiera ayudarla, y aquel joven la había ayudado en dos ocasiones. Quizás si siempre estuviera cerca de él podría estar protegida. Tal vez era por eso que Burak le había pedido que se mantuviera lejos: porque estando lejos de Emir todos podrían atracarla, incluso él si le daba la gana.

1
Ana Elena Jiménez
ojalá las cosas mejoren aunque sea un poquito ahora que está su hermano
Ana Elena Jiménez
excelente trama
Ana Elena Jiménez
ay Dios que susto pensé que se lanzaría
Ana Elena Jiménez
🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😢😢😢😢
Ana Elena Jiménez
bueno ni modo con Burak se vive en un sube y baja de emociones
Ana Elena Jiménez
😮😮😮😮
Ana Elena Jiménez
😮😮😮🫣🫣🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😮😮😮😮🫪🫪🫪
Ana Elena Jiménez
no un momento ,eso fue culpa de los, que iban hacer tú suegros por su ambición
Ana Elena Jiménez
😮😮🫪🫪
Ana Elena Jiménez
👏👏👏👏👏👏
Ana Elena Jiménez
Dios con esta historia se sufre de una y mil maneras 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
ya sabía yo que tenía otra enemiga mas
Ana Elena Jiménez
🫣🫣🤭🤭
Ana Elena Jiménez
santa maracha será que está embarazada
Ana Elena Jiménez
😢😢😢😢
Ana Elena Jiménez
eso es obra del miserable dizque papá tuyo
Ana Elena Jiménez
viejo demente 😡😡
Ana Elena Jiménez
🙄🙄🫣🫣
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