Durante tres años, Cloe Conti y Mattheo Farina tuvieron una sola regla: nada de besos, nada de sentimientos.
Hasta que una noche la rompieron... Y después, Cloe desapareció.
Cuando finalmente regresa, ya no es la mujer desafiante y despreocupada que Mattheo conocía. Lleva consigo heridas que nadie puede ver y recuerdos que amenazan con destruirla.
Mattheo sabe que no puede borrar lo que le hicieron.
Pero puede quedarse.
Puede protegerla.
Puede recordarle quién era antes de que intentaran arrebatárselo todo.
Lo que ninguno de los dos espera es descubrir que aquello que durante años llamaron deseo quizá siempre fue algo mucho más peligroso.
Porque Mattheo Farina estaría dispuesto a enfrentarse al mundo entero por Cloe.
Y esta vez, su princesa no tendrá que luchar sola.
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Nunca fui suya
Cloe
No sé cuánto tiempo llevamos conduciendo.
Estoy en el asiento trasero. Lucio está a mi lado y hay dos hombres adelante. Nadie habla.
Miro por la ventanilla.
Italia.
El cielo.
Los árboles.
Casas.
Personas.
Cosas normales.
Me parece imposible que todavía exista un mundo normal.
Apoyo la frente contra el vidrio.
Quizá este sea el último paisaje que vea.
Mi estómago se retuerce.
No quiero morir.
Durante días pensé que quizá sí. Que morir sería más fácil. Que al menos dejaría de sentir.
Pero ahora que creo que está cerca... No.
Quiero vivir.
Quiero ver a Fabi.
Quiero ver mi casa.
Quiero dormir en mi cama.
Quiero discutir con Viola.
Quiero conducir demasiado rápido.
Quiero beber vino.
Quiero volver a bailar.
Quiero a... Mattheo.
Cierro los ojos.
No.
No pienso en él. No ahora.
Porque entonces recuerdo su boca. Sus manos. La forma en que me miró aquella noche… Y después recuerdo otras manos.
Otro cuerpo.
Otro rostro.
Mi estómago se revuelve.
Abro los ojos.
Respira, me digo. Solo respira.
Lucio mira su teléfono una vez. Luego otra.
Nunca lo había visto así. Inquieto. Esperando algo.
—¿Adónde vamos? —No responde—. ¿Dónde vas a matarme?
Su cabeza gira hacia mí.
—No voy a matarte.
Me río.
La voz que sale de mi garganta no parece mía.
—Claro.
—Te dije que no voy a hacerlo.
—Entonces, ¿qué?
No responde.
Su teléfono vibra.
Lo mira.
Y algo cambia en él.
—Ya están ahí.
Mi corazón se acelera.
—¿Quiénes?
Lucio guarda el teléfono.
—Tu familia.
No entiendo.
Lo miro.
—¿Qué?
—Te vas a casa.
Las palabras no significan nada.
Casa.
No puedo procesarlas.
—¿Qué dijiste?
—Que te vas a casa.
Lo miro durante varios segundos.
Después niego.
—No.
—Cloe...
—No te creo.
—Me importa una mierda si me crees.
—¿Qué quieres?
Porque siempre quiere algo. Lucio no hace nada gratis.
—Nada de ti.
—Mentira.
Mira nuevamente hacia la ventana.
—Mi madre está muriendo.
Parpadeo.
—¿Qué?
—Quiere ver a Alessia.
Alessia.
Alessia Castelli.
Su hermana y heredera de La Sagrada Familia.
El aire abandona mis pulmones.
Finalmente entiendo.
No me está liberando. Me está intercambiando.
Fabi, probablemente con la ayuda de Mattheo, tomaron a su hermana.
Debería sentir un rechazo por eso, pero no lo hago.
Conozco a mi hermano y a Mattheo y sé con certeza que esa mujer ha estado a salvo en mi casa.
Vuelvo a mirar a Lucio.
No sé cuándo empezó esta obsesión conmigo.
Cuando cumplí quince años, comenzó a acercarse, pero siempre mi estómago se hundía cuando estaba cerca.
Había algo en la forma en que me miraba. Como si ya hubiera decidido algo sobre mí que yo todavía no sabía.
Luego su padre vino a casa a hablar con el mío. Me escabullí para escuchar la conversación.
Alessio Castelli le estaba ofreciendo una gran suma de dinero y el uso de sus puertos a mi padre a cambio de un compromiso entre Lucio y yo cuando fuera mayor.
Como si estuvieran negociando cargamentos.
Territorios.
Armas.
Como si yo fuera una cláusula más dentro de un contrato.
Recuerdo perfectamente la respuesta de papá.
—Mi hija no está en venta.
Nunca había amado tanto a mi padre como en ese instante.
Alessio intentó convencerlo. Habló de alianzas. De poder. De lo beneficioso que sería unir a ambas familias.
Papá ni siquiera lo dejó terminar.
—Cloe elegirá con quién se casa, si es que algún día decide hacerlo. No volveremos a hablar de esto.
Pensé que ahí terminaría todo... Me equivoqué.
Lucio empezó a aparecer con más frecuencia.
Fiestas.
Cenas.
Celebraciones en las que antes apenas se dejaba ver.
Siempre encontraba una razón para acercarse.
Un regalo que yo no había pedido.
Una copa que aparecía frente a mí.
Una invitación.
Un comentario sobre algún vestido que había usado semanas antes.
Pequeñas cosas.
Cosas que, vistas por separado, podían parecer insignificantes.
Juntas eran otra cosa. Porque significaban que me observaba. Mucho más de lo que yo quería.
Rechacé cada regalo.
Cada invitación.
Cada intento.
Pensé que acabaría cansándose. Pero luego entendí que Lucio Castelli nunca se cansa cuando quiere algo.
Cuando nuestros padres murieron, volvió a intentarlo.
Fue directamente donde Fabiano.
Fabi no me contó la conversación en ese momento. Me enteré después, porque lo escuché discutir con él por teléfono.
Lucio le ofreció prácticamente lo mismo que su padre había ofrecido años antes.
Dinero.
Acceso privilegiado a sus puertos.
Una alianza permanente entre La Corona y La Sagrada Familia.
A cambio de mí.
Cierro los ojos.
Todavía recuerdo la voz de mi hermano atravesando el pasillo.
—Mi hermana no es una puta mercancía, Castelli.
No pude escuchar lo que Lucio respondió.
Pero sí a Fabi.
—Y si vuelves a ofrecerme una sola cosa a cambio de ella, voy a asumir que estás intentando comprar algo que debo proteger y voy a responder en consecuencia. —Hubo un silencio. Después mi hermano agregó: —Cloe decide quién la toca. Cloe decide con quién está. Ni tú, ni yo, ni ningún hombre va a tomar esa decisión por ella.
Sonreí durante días después de escucharlo.
No sabía que aquella negativa solo empeoraría las cosas.
Lucio dejó de intentar convencerme.
Comenzó a observarme.
A aparecer.
A preguntar por mí a personas que conocíamos.
A saber dónde había estado sin que yo se lo hubiera dicho.
Una noche incluso encontré flores frente a mi auto.
No tenían nombre. No lo necesitaban.
Las tiré a la basura.
Al día siguiente recibí un mensaje.
No deberías despreciar las cosas que te regalo.
Cambié mi número.
Durante un tiempo pensé que había funcionado.
Después conocí a alguien en una fiesta y Lucio apareció a su lado antes de que terminara la noche.
Nunca volví a ver a ese hombre.
Le pregunté qué había hecho.
Lucio sonrió.
—Nada. Solo le expliqué que tú no estás disponible.
Lo odié desde ese instante. Quizá incluso desde antes.
Porque nunca entendió algo tan simple.
Yo nunca fui suya.
No podía perder algo que jamás le perteneció.
Y ahora, después de años intentando comprarme, convencerme, vigilarme y finalmente secuestrarme, está dispuesto a entregarme.
Por Alessia.
Por su madre.
Miro su perfil.
La desesperación se nota incluso en la forma en que aprieta el teléfono. Y de pronto entiendo algo que me provoca todavía más asco.
Nunca se trató de quererme. Lucio no sabe querer.
Se trataba de conseguirme. De poder señalarme y decir que finalmente había obtenido aquello que todos le negaron.
Su padre no pudo comprárselo.
Mi padre no quiso entregárselo.
Fabiano se negó a negociarlo.
Yo jamás lo elegí.
Así que me tomó. Y aun después de todo eso, sigue sin comprender la diferencia.
tu eres un poco hombre y ahora sí sabemos que no es tu hijo
cloe tiene un hijo y es de Mateo 🎉🎉🎉🎉
es una mujer fuerte pero cuan rota está dentro me recuerda a alguien 🤔 alguien que salió de las más oscuras garras verdad la mamá de Dylan ojalá lo logres Ariana