Esta historia no empezó con amor.
Empezó con una reseña de 2 estrellas que casi la arruina.
Y con un contrato de 50 mil euros que casi lo salva.
*Él: Damián Ruiz*
35 años. Crítico de vinos. Dueño de viña en Toscana.
Escribió que su comida "no tenía alma".
Ahora necesita que ella cocine su boda.
*Ella: Melody Salvatore*
29 años. Chef en París. 12 mesas y una deuda gigante.
Lo odia. Con razón.
Ahora tiene 30 días para cocinar para él en Toscana.
El trato: 1 mes. Sin tocarse. Sin hablar de lo de Roma.
Solo comida y dinero.
Lo que no estaba en el contrato:
Los viñedos en verano.
Las noches sin dormir.
Las manos que se rozan al probar un plato.
Y la pregunta que nadie se hace: ¿Y si el odio es solo miedo de querer?
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Él elige y ella arriesga
_Villa Ruiz, Toscana. 6:20am. Él llegó. Ella lo abrazó._
Damián todavía la tenía en brazos. Melody olía a harina y a desvelo.
Ninguno hablaba. Solo respiraban.
Toc, toc, toc.
Tacones en la escalera.
Valeria.
_6:30am. Cocina._
Valeria entró. Vio la escena: Damián con las manos en la espalda de Melody. El cuchillo en la tabla. Los dos despeinados.
—Vaya —dijo, dulce veneno—. Qué reunión familiar.
Damián soltó a Melody pero se puso delante de ella. Como escudo.
—¿Qué haces aquí a esta hora, Valeria?
—Lo mismo que tú —dijo Valeria—. Llegué temprano. Y vi cosas. Cosas muy interesantes para contarle a mi padre.
Melody cruzó los brazos.
—Di lo que tengas que decir.
Valeria sonrió.
—Mejor se lo digo a los dos. Y a tu abuela, Damián. Porque esto —señaló entre ellos— viola el contrato. El contrato dice "relación profesional". Esto parece otra cosa.
Damián dio un paso.
—El contrato se acabó el día que te dije que no me tocaras como si fueras mía.
Valeria palideció.
—¿Me estás dejando? ¿Por ella?
—No te estoy dejando —dijo Damián, frío—. Nunca fuiste mía. Y sí. La elijo a ella. En lo profesional y en lo que sea.
La palabra cayó como un trueno.
_La elijo._
Melody sintió que el pecho se le llenaba y se le rompía al mismo tiempo.
Valeria agarró su bolso.
—Vas a lamentar esto —escupió—. Los dos. —Miró a Melody—. Y tú. Cuida tu espalda, chef.
Salió dando un portazo.
Silencio.
Damián se giró. Miró a Melody.
—¿Estás bien?
Melody asintió. Mentira.
—Lo dijiste —susurró—. Delante de ella.
—Lo pensé hace 6 meses —dijo Damián—. Solo que me dio miedo.
Se acercó. Le quitó una gota de harina de la mejilla.
—Melody, yo—
Timbre.
Gianni en la puerta. Cara grave.
—Ettore está aquí. Quiere hablar. Solo con la chef.
_8:00 pm. Restaurante privado en Florencia._
Damián no quería dejarla ir.
—Es una trampa —dijo, agarrándole la muñeca.
—Y si no voy, dice que va a acelerar la demanda —dijo Melody, quitándose la mano—. Necesito saber qué quiere.
—Voy contigo —dijo Damián.
—No. Si vas, se pone peor. Déjame.
Se miraron. 24 días de contrato. 2 besos. 1 elección pública.
—24 horas —dijo Damián—. Si en 24 horas no sé de ti, muevo cielo y tierra.
Melody asintió.
_La cena:_
Mesa para dos. Velas. Ettore Bianchi. 60 años. Traje caro. Ojos de tiburón.
—Señorita Salvatore —dijo, sirviéndole vino—. Qué gusto. He oído maravillas de usted.
—Vayamos al grano, señor Bianchi —dijo Melody.
Ettore se rió.
—Directa. Me gusta. Mire, yo no quiero la viña. Quiero el dinero. 4 millones. Y usted me los puede conseguir.
—¿Yo?
—Sí —Ettore se inclinó—. Usted tiene fama. Tiene restaurantes. Tiene contactos. Organice 3 cenas benéficas. En París, Roma, Londres. Con su nombre. Con el nombre _Salvatore_. Y yo retiro la demanda.
Melody entendió.
—Quiere usar mi nombre para vender la viña.
—Quiero salvar la viña —corrigió él—. A mi manera. Y usted se queda con un 10% si funciona.
Era tentador. Era asqueroso.
—No —dijo Melody—. No voy a traicionar a Damián.
Ettore dejó la copa.
—Lástima. Porque si no acepta, en 10 días el juez embarga. Y Damián pierde todo. Incluyéndola a usted.
Se levantó.
—Piénselo. Tiene 48 horas.
_11:30pm. Carretera a la villa._
Melody manejaba. Llorando de rabia.
El teléfono sonó. Damián.
—¿Estás bien? ¿Qué dijo?
—Que me vende —dijo Melody, y se le quebró la voz—. Que use mi nombre y te salvo. O te hundo.
Silencio.
—Vete a casa —dijo Damián—. Ahora. No hables con nadie. Ya voy para allá.
—Estoy a 20 minutos.
Colgó. Aceleró.
Curva. Lluvia.
Faros detrás. Muy cerca. Demasiado cerca.
Un coche negro la venía siguiendo desde Florencia.
Melody pisó más. El corazón en la garganta.
Entró a la villa. Portón cerrado. Bajó corriendo.
El coche negro se frenó afuera. No entró.
Damián llegó 5 minutos después. Empapado.
La encontró en el piso de la entrada, temblando.
—¿Te hicieron algo? —dijo, alzándola.
—No —dijo Melody, aferrándose—. Pero me asustaron.
Damián la llevó a la cocina. Le dio agua. Le revisó las manos.
—Esto se salió de control —dijo—. Mañana llamo a la policía.
—No —dijo Melody—. Si llamas, Ettore acelera todo.
—¿Entonces qué? —estalló él—. ¿Dejamos que te siga?
Melody lo miró. Cansada. Rota.
—Damián, bésame. Por favor. Antes de que todo se vaya al carajo.
_11:45pm. Cocina vacía._
Damián dudó 1 segundo.
Luego la besó.
No fue como los otros.
No fue con culpa. No fue a escondidas.
Fue con rabia. Con miedo. Con "te elijo".
La sentó en la encimera. Le quitó la chaqueta mojada. Las manos de él en su cara, en su pelo, como si quisiera memorizarla.
Melody le desabrochó 2 botones de la camisa.
—Damián—
—Shh —dijo él, enterrando la cara en su cuello—. No hables. Solo quédate.
Se besaron hasta quedarse sin aire.
Hasta que el miedo se volvió calor. Hasta que el contrato no importó.
Damián se separó. Frente con frente.
—Me voy a arrepentir de esto mañana —susurró.
—¿Por qué? —dijo Melody.
—Porque mañana voy a querer más —dijo él, honesto—. Y no te puedo dar más. No todavía.
Melody asintió.
—Entonces quédate con lo que tenemos hoy.
Damián empezó a tocarla suavemente, la besaba como si nunca más lo iba a volver a hacer, recorría su piel como si de un fino cristal se tratara
Melody
No le importaba el miedo, escándalo solo eran ellos dos en su momento. Pequeños gemidos soltaba su boca. Damián te necesito - dijo mirándolo atenta a su respuesta
Damián
Al escuchar sus palabras en tono de súplica él sabía que no podía detenerse y no iba a parar - Yo te necesito a ti mi Chef te voy a ser mía solo mía -
le dijo mientras comenzó a besarla y a hacerla suya, mientras su amigo palpitaba en su pantalón, el en su mente quería que todo fuera único. Al estar sin ninguna prenda el entro en ella y supo que ese sería siempre su lugar y siempre sería ella
Durmieron 3 horas. En el sillón de la cocina. Abrazados.
Sin ropa extra. Sin promesas. Solo piel y calor.
_6:00am. Alguien gritó._
Era Nonna. En el jardín.
Todos salieron corriendo.
En la pared de la villa, con pintura roja:
*"FUERA LA FRANCESA. LA TIERRA ES DE LOS RUIZ"*
Y abajo: Una foto.
Damián y Melody besándose en la cocina. Anoche.
Alguien los grabó.
Valeria estaba al fondo. Con el celular en la mano. Sonriendo.
Damián se puso delante de Melody.
—Adentro —ordenó.
Melody no se movió.
—Ya no tengo nada que esconder —dijo, fuerte—. Que lo vea todo el mundo.
Miró a Valeria.
—Elegiste el bando equivocado.
Valeria levantó el celular.
—Esto le llega a mi padre en 5 minutos. Y a la prensa en 10. Adiós viña. Adiós chef.
Se fue.
Damián miró a Melody.
—Lo siento.
Melody negó.
—No. Ahora peleamos. De frente.
Agarró su mano. Delante de Nonna, de Gianni, de Marco.