Todo comienza con una amistad entre un chico y una chica que son mejores amigos. Ella guarda un secreto: está profundamente enamorada de él, pero él tiene novia. Cada vez que habla de ella, la chica siente celos, aunque intenta disimularlos para no perder su amistad. Él asegura amar a su novia y jamás imagina lo que ocurre en el corazón de su mejor amiga. Sin embargo, pasan cuatro años y sus sentimientos comienzan a cambiar. Poco a poco, descubre que siente algo especial por ella. Cuando finalmente comprende que está enamorado de su mejor amiga, quizá sea demasiado tarde.
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Capítulo 19 Aprender a vivir con el dolor
Había pasado un mes desde aquella conversación con Dailyn.
Al principio, no fue fácil.
Pero algo había cambiado.
Yo seguía extrañando a Valeria. Eso no iba a desaparecer de un día para otro. Sin embargo, empecé a entender que llorar todos los días no iba a traerla de vuelta.
Durante ese mes, cada vez que me sentía mal, llamaba a Dailyn.
—¿Aló?
—Daily…
—¿Qué pasó?
—Hoy me acordé de Vale.
—¿Otra vez?
—Sí.
—Entonces hablá.
Y yo le contaba todo.
A veces lloraba.
Otras veces simplemente me quedaba callado mientras ella hablaba.
Dailyn no siempre decía lo que yo quería escuchar, pero ya había aprendido que ella no me iba a decir mentiras solamente para hacerme sentir bien.
Un día, después de una llamada bastante larga, tomé una decisión.
La llamé.
—Daily.
—¿Qué pasó?
—Ya no quiero llorar.
Hubo silencio al otro lado.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Y qué querés hacer?
Respiré profundamente.
—Quiero irme.
—¿Irte?
—Lejos.
—¿A dónde?
—No sé todavía.
—¿Y por qué?
Miré por la ventana.
—Porque necesito cambiar de ambiente. Quiero aprender a vivir con este dolor.
Dailyn se quedó callada.
—No quiero olvidar a Valeria —continué—. Nunca. Pero tampoco quiero pasar el resto de mi vida encerrado en mi cuarto mirando una fotografía.
—Eso sí me gusta más.
—Quiero conocer otro lugar, estudiar, empezar de nuevo.
—¿Estás pensando en irte del país?
—Sí.
—Steven…
—No para escapar de ella.
—¿Entonces?
—Para aprender quién soy ahora.
Dailyn respiró profundamente.
—Eso es diferente.
—¿Vos qué pensás?
—Que puede ser bueno, pero solamente si lo hacés de una manera sana.
—¿Qué querés decir?
—Que cambiar de país no va a borrar lo que sentís. El dolor se va contigo.
Me quedé pensando.
—Ya lo sé.
—Entonces si te vas, que sea para construir algo nuevo, no para esconderte.
—Eso quiero.
—¿Y tus papás saben?
—Todavía no.
—Pues hablá con ellos.
—Me da miedo que digan que no.
—Son tus papás. Primero escuchá qué piensan.
Esa misma tarde bajé a la sala.
Mi mamá estaba organizando unas cosas y mi papá estaba sentado viendo televisión.
—Ma, pa… necesito hablar con ustedes.
Los dos me miraron.
—¿Qué pasó, mijo? —preguntó mi papá.
Me senté frente a ellos.
—He estado pensando mucho.
Mi mamá dejó lo que tenía en las manos.
—¿Sobre qué?
—Quiero irme del país.
Mi papá apagó el televisor.
—¿Cómo así?
—Quiero estudiar en otro lugar.
—¿A dónde?
—Todavía no sé.
Mi mamá me miró preocupada.
—¿Y por qué querés irte?
—Porque necesito empezar una etapa diferente.
Mi papá guardó silencio.
—¿Esto tiene que ver con Valeria?
Bajé la mirada.
—Sí… pero no como ustedes creen.
—Explicate.
—No quiero olvidarla. Nunca podría. Quiero aprender a vivir con lo que pasó sin seguir destruyéndome.
Mi mamá se acercó.
—¿Y pensás que irte a otro país va a solucionar todo?
—No.
—Entonces, ¿qué buscás?
—Una oportunidad para cambiar mi vida.
Mi papá cruzó los brazos.
—¿Ya hablaste con alguien?
—Con Dailyn.
Mi mamá sonrió ligeramente.
—Esa muchacha ha estado muy pendiente de vos.
—Sí.
—¿Y ella está de acuerdo?
—Me dijo que podría ser bueno, pero que no me fuera para escapar.
Mi papá se quedó pensando.
—Tiene razón.
—¿Entonces no están en contra?
Mi mamá negó.
—No estamos en contra de que quieras estudiar afuera.
Mi papá agregó:
—Pero tampoco vamos a mandarte a otro país solamente porque estás pasando por un momento difícil. Primero tenemos que organizar todo bien.
—Sí, pa.
—Elegimos juntos el lugar, la universidad, dónde vas a vivir y cómo vas a continuar tus estudios.
Sentí un pequeño alivio.
—Gracias.
Mi mamá me abrazó.
—Me alegra escucharte hablar así.
—¿Así cómo?
—Como alguien que quiere volver a vivir.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Todavía me duele.
—Lo sé, mijo.
—Muchísimo.
—Y te va a doler durante un tiempo.
—Pero quiero seguir.
Mi papá puso una mano sobre mi hombro.
—Entonces seguí.
Esa noche llamé nuevamente a Dailyn.
—¿Y? —preguntó apenas contestó.
—Hablé con mis papás.
—¿Y qué dijeron?
—No están en contra.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Y vos cómo te sentís?
Miré la fotografía de Valeria sobre mi escritorio.
—Triste.
—Pero…
—Pero también tengo ganas de vivir otra vez.
Dailyn sonrió al otro lado del teléfono.
—Entonces hacelo, Steven.
—¿Vos creés que puedo?
—Sí.
—¿Aunque todavía la extrañe?
—Precisamente por eso. No tenés que olvidarla para seguir adelante.
Miré nuevamente la fotografía.
—Gracias, Vale —susurré.
Dailyn preguntó:
—¿Qué dijiste?
Sonreí entre lágrimas.
—Nada.
Pero yo sabía perfectamente lo que había dicho.
No quería olvidar a Valeria.
Quería aprender a vivir con su recuerdo.
Y quizá, para comenzar esa nueva etapa, tendría que alejarme de Cali por un tiempo.