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BAJO LA PIEL DEL DESEO

BAJO LA PIEL DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Traiciones y engaños
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Lidia Ashcroft es una mujer hermosa e inteligente, el tipo de mujer que despierta miradas donde vaya. Está comprometida con Adrián Calloway, dueño de una pequeña agencia de viajes que lucha por abrirse camino en el mercado. A pocos meses de la boda, Lidia cree que por fin está construyendo el futuro que siempre soñó.

Sin embargo, su mundo se derrumba cuando descubre que Adrián le ha sido infiel. Traicionada y con el corazón hecho pedazos, comienza a cuestionarse si el amor que defendió durante años fue solo una mentira.

En medio de su dolor aparece Damián Blackwood, un poderoso y enigmático CEO de tecnología, fundador de NovaCore Technologies, una de las empresas más innovadoras del país.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 16

A la mañana siguiente, Lidia entró a la oficina con el corazón latiéndole más rápido de lo habitual. Había dormido poco, pero se sentía distinta: más ligera, más decidida. Al cruzar la puerta, Damián ya estaba allí, de pie junto a su escritorio, y en cuanto sus miradas se encontraron, algo cambió en el aire. Ya no era solo la tensión de antes; ahora había una complicidad nueva, silenciosa, como si hubieran firmado un pacto sin necesidad de palabras.

—Buenos días —le dijo él, con una sonrisa suave que llegó directo a sus ojos—. Dormiste bien?

—Mejor de lo que esperaba —respondió ella, dejando el bolso sobre la silla y sosteniéndole la mirada sin apartarla—. Gracias por anoche. Por todo.

Durante toda la mañana trabajaron como siempre, pero todo era diferente. Cuando él le pasaba documentos, sus dedos se rozaban levemente y ninguno de los dos lo apartaba de inmediato. Cuando ella entraba a su despacho, la miraba un instante más de lo necesario, y ella sentía que se le aceleraba el pulso. Los demás empleados lo notaban: las miradas que se cruzaban, la forma en que él la defendía sin dudar, la confianza con la que hablaban. Nadie decía nada, pero todos veían que entre ellos había algo más que una relación de jefe y asistente.

A media tarde, cuando ya casi todos se habían marchado, Damián la llamó a su despacho y cerró la puerta tras ella. Se acercó despacio, sin asustarla, y le dijo con voz baja y clara:

—No quiero apresurarte. No quiero exigirte nada que no estés lista para dar. Pero hay algo que me gustaría pedirte.

Lidia lo miró, con el corazón en la garganta pero sin miedo.

—Dime —respondió ella—. ¿Qué es?

—Cena conmigo esta noche en mi casa —le propuso él, con sinceridad—. Sin prisas, sin presiones. Solo tú y yo, hablando, conociéndonos de verdad. No tienes que decir que sí si no quieres. Pero me gustaría mucho que vinieras.

Ella se quedó un instante en silencio, recordando la noche anterior, el beso, el miedo que había sentido y la seguridad que también había encontrado. Esta vez no hubo duda, ni vacilación, ni miedo que la detuviera. Levantó la vista hacia él y sonrió con naturalidad.

—Iré —dijo con voz firme y dulce a la vez—. Esta vez no digo que no. Me gustaría cenar contigo.

Damián se iluminó por completo, como si ella le hubiera dado algo mucho más valioso que una simple respuesta. Dio un paso hacia ella y le tomó la mano entre las suyas, con cuidado y con ternura.

—Sabes que puedes cambiar de opinión en cualquier momento —le dijo—. Y si llegas y sientes que quieres irte, te llevo a casa sin preguntar nada. Lo único que importa es que estés cómoda.

—Lo sé —respondió ella, apretando su mano—. Pero quiero ir. Contigo me siento… en paz. Y eso es algo que no quiero alejar de mí.

—Entonces te espero —dijo él, acercándose un poco más sin cruzar ninguna línea—. Te llevaré yo mismo. Y Lidia… gracias. Por confiar, aunque sea despacio.

—Gracias a ti por esperarme —corrigió ella—. No hay prisa. Lo hacemos a nuestro ritmo.

Cuando salió del despacho, Lidia sentía que el aire era más ligero, que el futuro ya no daba tanto miedo. Había entre ellos un acuerdo silencioso: no se apresurarían, no se exigirían, pero tampoco se alejarían. Y por primera vez en mucho tiempo, sabía que estaba yendo hacia algo bueno, algo real, algo que valía la pena esperar.

Se quedó un instante junto a la puerta, y al girarse, lo encontró mirándola con una ternura que le hizo sonreír.

—¿Sabes? —dijo ella suavemente—. Antes te tenía miedo. Pensaba que eras demasiado imponente, demasiado lejos de mi mundo. Y ahora… ahora eres lo más cercano que tengo.

Damián se apoyó en el borde del escritorio, con una sonrisa cálida y sincera.

—Y tú eres lo mejor que me ha pasado —respondió él—. No importa lo lejos que parezca estar mi mundo del tuyo. Estamos en el mismo lugar, aquí, juntos. Y eso es lo único que cuenta.

—Juntos —repitió ella, gustándole cómo sonaba la palabra—. Me gusta cómo suena.

—A mí también —dijo él con una mirada que lo decía todo—. Hasta esta noche, Lidia. Te espero.

—Hasta esta noche —respondió ella, y salió con el corazón ligero, sabiendo que no iba sola.

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