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El Último Baile De La Señorita Bellamy

El Último Baile De La Señorita Bellamy

Status: En proceso
Genre:Romance / Época / Mujer poderosa
Popularitas:991
Nilai: 5
nombre de autor: Angelina Fernández Quesada

Evelyn Bellamy ha vivido toda su vida bajo un nombre que quizá nunca le perteneció. Cuando una antigua fotografía, una cinta azul y una serie de muertes inexplicables despiertan recuerdos que creía perdidos, descubre que su pasado esconde una verdad capaz de destruirlo todo. Ahora deberá descubrir quién es realmente antes de que alguien silencie la verdad para siempre.

NovelToon tiene autorización de Angelina Fernández Quesada para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: La puerta de hierro

El carruaje avanzaba por las calles de Londres mientras la lluvia comenzaba a golpear suavemente los cristales.

Evelyn permanecía junto a la ventana.

No había pronunciado una palabra desde que abandonaron la residencia Vale.

Frente a ella, Alistair sostenía el diario de su hermano.

Ninguno parecía dispuesto a romper el silencio.

—Quiero saber qué decía exactamente esa página —dijo Evelyn.

Alistair levantó la mirada.

—Ya se lo he dicho.

—No. Me dijo que su hermano escribió sobre la puerta. No me dijo qué más escribió.

Alistair pasó el pulgar por el borde del diario.

—Porque hay algo que todavía no comprendo.

—¿Qué?

—La fecha.

Evelyn frunció el ceño.

—¿Qué tiene?

—La entrada está fechada tres días antes de su octavo cumpleaños.

Evelyn sintió un vacío en el pecho.

—¿Y qué escribió?

Alistair abrió el diario.

—“La niña no sabe quién soy. Eso es lo que ellos querían.”

Evelyn se quedó inmóvil.

—¿Ellos?

—No hay ningún nombre.

—Continúe.

Alistair pasó la página.

—Después escribió: “Si vuelve a verla, todo habrá terminado.”

El carruaje se detuvo.

Habían llegado.

Evelyn descendió sin esperar ayuda.

La mansión Bellamy estaba completamente oscura, salvo por dos ventanas del segundo piso.

Su madre todavía estaba despierta.

Evelyn lo supo inmediatamente.

—Quédese aquí —le dijo a Alistair.

—No.

—Es mi casa.

—Precisamente.

Evelyn lo miró con irritación.

—No necesito un guardaespaldas.

—No pretendo serlo.

—Entonces, ¿qué pretende?

Alistair sostuvo el diario.

—Encontrar la puerta.

Entraron por la puerta principal.

El mayordomo apareció en el vestíbulo y palideció al ver a Alistair.

No preguntó quién era.

Simplemente miró a Evelyn.

—¿Dónde está mi madre? —preguntó ella.

—En su habitación, señorita.

Evelyn comenzó a subir las escaleras.

Entonces el mayordomo habló.

—Señorita Bellamy...

Ella se volvió.

—¿Sí?

—Su madre ordenó esta mañana que nadie se acercara al ala oeste.

Evelyn miró a Alistair.

Aquello era exactamente donde estaba el jardín.

No subió.

Giró hacia el pasillo oeste.

El mayordomo intentó detenerla.

—Señorita, su madre fue muy clara.

—Entonces será mejor preguntarle por qué.

Alistair la siguió.

La puerta del ala oeste estaba cerrada.

No con llave.

Con un pesado cerrojo colocado desde el interior.

Evelyn tocó la madera.

—Nunca había visto esto.

—Porque probablemente no estaba aquí cuando era niña —dijo Alistair.

Ella lo miró.

—¿Cómo lo sabe?

—La fotografía.

Evelyn comprendió.

En la imagen, la puerta del jardín estaba abierta.

Ahora no.

Alistair retiró el cerrojo.

El pasillo estaba cubierto de polvo.

Las ventanas habían sido selladas.

No parecía una parte habitada de la casa.

Evelyn avanzó lentamente.

Entonces vio algo en la pared.

Una marca.

Pequeña.

A la altura de la mano de un niño.

Se acercó.

Era una estrella dibujada con carbón.

Evelyn la tocó.

Y recordó.

Una niña sentada en el suelo.

Un hombre arrodillado frente a ella.

Una voz masculina diciendo:

—Si alguien te pregunta, nunca estuviste aquí.

Evelyn retiró la mano.

—Lo recuerdo.

Alistair se volvió hacia ella.

—¿Qué?

—Alguien me dijo eso.

—¿Quién?

Evelyn cerró los ojos.

La memoria era incompleta.

Solo podía recordar una manga negra.

Un anillo.

Y una voz.

—No sé quién era.

Continuaron hasta el final del corredor.

Una puerta conducía al jardín.

Al abrirla, el aire frío entró en la casa.

El jardín estaba cubierto de maleza.

Al fondo estaba la pequeña puerta de hierro.

Exactamente como aparecía en la fotografía.

Evelyn caminó hacia ella.

Cada paso hacía regresar fragmentos de aquella noche.

Una lámpara.

Piedras mojadas.

Una mano pequeña dentro de la suya.

Y otra niña.

Evelyn se detuvo.

—Había alguien conmigo.

Alistair se acercó.

—¿Una niña?

Ella asintió.

—Creo que sí.

La puerta estaba cerrada.

Alistair examinó la cerradura.

—No está oxidada.

Evelyn lo miró.

—¿Qué significa?

—Que alguien la ha abierto recientemente.

Antes de que pudiera responder, escucharon un ruido detrás de ellos.

Una rama quebrándose.

Alistair se volvió rápidamente.

No había nadie.

Solo los árboles.

Evelyn miró hacia la casa.

Una figura apareció durante un instante detrás de una ventana.

Una mujer.

Su madre.

Y desapareció.

Evelyn corrió hacia la casa.

Al entrar, encontró a Lady Beatrice al final del corredor.

Su rostro estaba completamente pálido.

—¿Qué haces aquí? —preguntó su madre.

—Quiero saber quién era la niña.

Beatrice dejó de respirar.

Alistair permaneció detrás de Evelyn.

—¿Qué niña? —preguntó su madre.

Evelyn dio un paso hacia ella.

—La que estaba conmigo aquella noche.

El silencio fue suficiente.

Beatrice cerró los ojos.

—No debiste recordar.

Evelyn sintió que la sangre se le helaba.

—Entonces sí ocurrió.

Su madre no respondió.

—¿Quién era ella?

Beatrice miró a Alistair.

Y aquella mirada cambió algo.

No era miedo hacia él.

Era reconocimiento.

—Tu hermano vino aquí —dijo finalmente.

Alistair se quedó inmóvil.

—¿Cuándo?

—Hace nueve meses.

—¿Antes de morir?

Beatrice asintió.

—Me hizo la misma pregunta que tú.

—¿Y qué le respondió?

—Nada.

Alistair dio un paso adelante.

—¿Qué buscaba?

Beatrice lo miró directamente.

—A la otra niña.

Evelyn sintió que el mundo se detenía.

—¿Dónde está?

Su madre tardó en contestar.

—No lo sé.

—¿Está viva?

Beatrice bajó la mirada.

—Eso es lo que nadie ha podido descubrir.

Evelyn recordó entonces la fotografía.

La niña que aparecía a su lado no era un recuerdo inventado.

Había existido.

Y alguien había pasado trece años intentando borrar su existencia.

Pero todavía quedaba una pregunta.

¿Por qué?

Alistair cerró el diario de su hermano.

—Tenemos que abrir la puerta.

Beatrice reaccionó inmediatamente.

—No.

Evelyn la miró.

—¿Por qué?

Su madre avanzó hasta ella.

Por primera vez, parecía dispuesta a decirle algo que había guardado durante toda su vida.

—Porque detrás de esa puerta no encontrarás a la niña.

Evelyn esperó.

—Encontrarás el lugar donde murió.

La habitación quedó en silencio.

Y en ese instante, desde el jardín, llegó el sonido metálico de una cerradura.

La puerta de hierro acababa de abrirse.

Nadie estaba cerca de ella.

1
Guadalupe Flores
🤭Inguesuuu.... de terror
Guadalupe Flores
Se la robaron o adoptaron los Bellamy. Los nobles viven del que dirán capaz y tuvieron una hija especial y la ocultaron y cambiaron x esta. O es hija fuera de matrimonio co su concubina o amante.
Guadalupe Flores
Intetesante
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