Él la desea por su pasado. Ella lo busca por su futuro. ¿Podrán escapar de las sombras del pasado? 🖤
Dorian Collins es "El Magnate de los Diamantes" 💸, un CEO millonario, frío y destrozado por la muerte de su amada esposa Anna 🕊️. Para el mundo es indestructible, pero por dentro se consume en la soledad y en un deseo reprimido que no lo deja en paz.
Charlotte Mousier es una valiente obrera del sur de Francia ⚒️. Sin dinero y agobiada por las deudas, lucha por salvar la vida de sus padres enfermos 🏚️. Cuando el corrupto encargado de la mina intenta abusar de ella y la deja en la miseria, Charlotte emprende un viaje desesperado a París para plantarle cara al mismísimo dueño del imperio 🏢.
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Capítulo 12: La Trampa Perfecta
A la mañana siguiente, Charlotte se despertó sintiendo el cuerpo extrañamente descansado. Había caído como piedra sobre el colchón de plumas; el cansancio acumulado del viaje y el estrés de la jornada anterior la habían dejado completamente noqueada durante toda la noche.
Se levantó de la cama y, por pura fuerza de la costumbre y su naturaleza ordenada, acomodó las cobijas y estiró las sábanas con esmero. Luego se dirigió al baño y abrió la ducha.
Eran casi las siete de la mañana. Se bañó rápidamente con el agua tibia y, al salir, empezó a vestirse con su ropa sencilla. Apenas estaba terminando de arreglarse cuando un par de golpes suaves resonaron en la puerta de la suite.
Un brinco de entusiasmo le dio en el pecho. Pensó que eran enviados de parte de Dorian Collins, que seguramente ya venían por ella para llevarla al aeropuerto. Así que se apresuró, tomó las pocas cosas que había sacado de su maleta y las guardó rápidamente en su bolso de tela.
Al abrir la puerta, no encontró a ningún escolta, sino a una de las empleadas del servicio del hotel que empujaba un carrito de plata.
—Buenos días, señorita Mousier —saludó la mujer con amabilidad—. Le traigo el desayuno.
—Oh, no era necesario, de verdad —respondió Charlotte, algo apurada—. Seguramente ya no tardan en venir por mí para llevarme de regreso a casa.
—No se preocupe, señorita. Aún no han llegado por usted, así que tiene tiempo de sobra para desayunar tranquila —aseguró la empleada con una sonrisa serena.
Charlotte lo pensó un segundo y terminó cediendo. La mujer entró a la suite y acomodó sobre la mesa un plato con frutas frescas, pan recién horneado, mermeladas y una jarra de café humeante. Antes de que la empleada saliera, Charlotte echó una mirada discreta hacia el pasillo; no vio a nadie merodeando, todo estaba en absoluto silencio.
La mujer se despidió con una reverencia y Charlotte le agradeció el gesto antes de cerrar la puerta.
Sin embargo, antes de probar bocado, la inquietud la hizo caminar directo hacia el teléfono de la suite. Marcó el número de la Corporación Collins que recordaba de memoria, pero del otro lado solo escuchó el tono sonar una y otra vez sin que nadie contestara. Asumió que era demasiado temprano y que los empleados aún no habían llegado a la oficina, y como no tenía el teléfono personal del magnate, colgó.
Se dijo a sí misma que si en una hora nadie aparecía para llevarla al aeropuerto, ella misma tomaría sus cosas e iría a la estación a comprar un billete de tren. Necesitaba regresar a su pueblo lo antes posible.
Se sirvió un poco de café y un par de trozos de fruta, mirando su reloj de pulsera con impaciencia entre cada bocado. Sentía que se había despertado tardísimo y el apuro por irse la consumía por dentro.
Apenas terminó de comer algo ligero, volvieron a tocar a la puerta.
Pensando que ahora sí se trataba del chofer o de algún asistente de Dorian, Charlotte caminó a paso rápido y abrió la puerta de par en par.
Pero no era ningún enviado. Era el mismísimo Dorian Collins en persona.
Lucía impecable, vistiendo un traje a medida gris oscuro que resaltaba su figura imponente, perfectamente peinado y desprendiendo un aroma a loción cara y madera fina. Se veía devastadoramente elegante y atractivo.
—Buenos días, señorita Mousier —saludó él con una voz grave, pausada y perfectamente modulada—. ¿Puedo pasar?
—Claro... adelante —respondió Charlotte, haciéndose a un lado, sorprendida por su presencia—. No me imaginé que usted mismo viniera por mí.
—Así es —asintió Dorian, dando un par de pasos elegantes hacia el interior de la habitación mientras la recorría a ella con una mirada rápida y hambrienta que intentó disimular—. ¿Está lista?
—Sí, claro, ya estoy totalmente lista —dijo ella, tomando su bolso—. De hecho, estaba llamando a su oficina hace un momento, pero nadie contestó.
—Ah, sí, es que mi secretaria no llega sino hasta las ocho de la mañana —explicó Dorian con total naturalidad.
—Sí, eso me imaginé.
—Bien. Si ya está lista, podemos irnos —sentenció el magnate.
Dorian se giró, abrió la puerta de la suite y le cedió el paso con caballerosidad.
Al salir al pasillo, Charlotte se frenó en seco. Esperando a ambos lados de la puerta había cuatro hombres de estatura enorme, vestidos con trajes negros impecables, postura rígida y auriculares en las orejas.
Charlotte miró la escena y luego observó a Dorian con evidente inquietud.
Dorian notó su tensión y le sonrió con una calma estudiada.
—No se preocupe —la tranquilizó en tono bajo, colocándole una mano suave pero firme en la parte baja de la espalda para guiarla—. Son mi seguridad personal. Un hombre en mi posición no puede andar por ahí solo.
—Sí... claro —murmuró Charlotte, intentando convencerse de que todo era normal en el extravagante y peligroso mundo del Magnate de los Diamantes.
Excelentes capítulos, quede sorprendida de como una madre sea capaz de tanto 😲