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Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Era Menor Que Yo Y Me Enseñó Tanto

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

romántica

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No quiero apresurar tu corazón

Fernanda miró el reloj y se dio cuenta de que las horas habían pasado demasiado rápido.

Ya casi era el momento en que Pedro regresaría del trabajo.

Una parte de ella quería quedarse allí, sentada junto a Andrés, hablando durante horas. Pero sabía que debía regresar a casa.

Si Pedro llegaba y no la encontraba, podía hacer que la situación fuera todavía más complicada.

—Tengo que irme —dijo finalmente.

Andrés asintió.

No quería que se fuera, pero entendía que Fernanda todavía tenía muchas cosas que resolver.

—Te llevo.

Fernanda aceptó.

Durante el camino ninguno habló demasiado.

Los dos tenían muchas cosas en la cabeza.

Cuando llegaron cerca de la casa de Fernanda, Andrés estacionó.

Ella se quedó unos segundos dentro del vehículo.

—Gracias por hoy —dijo.

—No tienes que agradecerme.

Fernanda abrió la puerta, pero antes de bajar, Andrés tomó suavemente su mano.

—Fernanda.

Ella lo miró.

—Piensa bien lo que quieres hacer.

—Lo intentaré.

—No quiero que tomes ninguna decisión por lo que pasó hoy. Estás herida y tienes derecho a estar confundida.

Fernanda asintió.

—Solo quiero que seas feliz —continuó Andrés—. Eso es lo que quiero para ti.

Ella lo miró con los ojos llenos de emoción.

—Gracias.

Andrés soltó lentamente su mano.

—Cuando sepas qué quieres, estaré aquí.

Fernanda bajó del vehículo.

Antes de cerrar la puerta, lo miró una última vez.

—Buenas tardes, Andrés.

—Buenas tardes, Fernanda.

Ella caminó rápidamente hacia su casa.

Entró y comenzó a hacer lo que normalmente hacía.

Primero preparó la comida.

Ordenó algunas cosas.

Intentó que todo pareciera normal.

Pero nada dentro de ella era normal.

Mientras cocinaba, pensaba en Andrés.

En sus palabras.

En el abrazo.

En la manera en que había secado sus lágrimas.

Y, sobre todo, en la forma en que la había mirado.

Cuando Pedro llegó a casa, su expresión era seria.

Estaba molesto.

Fernanda intentó hablarle, pero él apenas le respondió.

No quería conversar.

Ella tampoco quería comenzar otra discusión.

Su hijo todavía estaba con sus abuelos, así que Fernanda decidió que esa noche dormiría en la habitación de su hijo.

Necesitaba distancia.

Necesitaba tranquilidad.

Más tarde, cuando todo estuvo en silencio, Fernanda se acostó en la cama de su hijo.

Miró el techo.

Intentó dormir.

Pero no podía.

Tenía demasiados pensamientos.

Pensaba en lo ocurrido con Pedro.

Pensaba en su vida.

Pensaba en su hijo.

Y, inevitablemente, pensaba en Andrés.

Tomó el teléfono.

Abrió la conversación.

Durante unos segundos dudó.

Finalmente escribió:

“Hola.”

Andrés respondió poco después.

“Hola. ¿Qué haces?”

Fernanda sonrió.

“Acostada. ¿Y tú?”

La respuesta apareció rápidamente.

“Pensando en ti.”

Fernanda sintió que su corazón comenzaba a latir más rápido.

“¿De verdad?”

Andrés respondió:

“Sí.”

Después escribió:

“No puedo dejar de pensar en ti.”

Fernanda permaneció mirando la pantalla.

Entonces llegó otro mensaje.

“Siento que mi departamento todavía tiene tu aroma.”

Ella sonrió tímidamente.

“No sabes cuánto me gustas”, escribió Andrés.

Fernanda sintió una mezcla de emoción y miedo.

Pero antes de que pudiera responder, Andrés continuó:

“También entiendo que estás pasando por un momento muy difícil.”

“Y no quiero apresurar las cosas.”

“No quiero que pienses que tienes que sentir algo por mí solamente porque estás pasando por una mala situación con Pedro.”

Fernanda leyó lentamente cada palabra.

Andrés continuó:

“Quiero que tengas claro que lo que sientas por mí debe ser porque realmente lo sientes, no porque estés buscando refugio después de lo que pasó.”

Fernanda sintió un nudo en la garganta.

Aquello era diferente a lo que esperaba.

Andrés no estaba intentando aprovecharse de su dolor.

Al contrario.

Parecía estar preocupado por ella.

Entonces recibió otro mensaje:

“Voy a estar aquí para ti.”

“Si me necesitas, llámame.”

“A cualquier hora.”

“Si estás triste, me llamas.”

“Si necesitas hablar, me llamas.”

“Si necesitas ayuda, voy a ir.”

Fernanda se quedó mirando la pantalla.

Después apareció el último mensaje:

“Me gustas en serio, Fernanda.”

“Pero no me gusta solamente esa mujer que tú dices que eras antes.”

“Me gusta la Fernanda de ahora.”

“La mujer que, a pesar de estar herida, sigue luchando.”

Fernanda sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

Durante mucho tiempo había pensado que había dejado de ser la mujer que alguna vez fue.

Pero Andrés no estaba mirando solamente su pasado.

Estaba viendo a la mujer que era en ese momento.

Una mujer cansada.

Una mujer herida.

Una mujer que todavía tenía miedo.

Pero también una mujer que seguía luchando por su hijo, por sus estudios y por su propia vida.

Fernanda escribió:

“Gracias por decirme eso.”

Andrés respondió:

“No tienes que agradecerme.”

Después de unos segundos escribió:

“Ahora duerme.”

Fernanda sonrió.

“Lo intentaré.”

Andrés respondió:

“Buenas noches.”

Y después añadió:

“Que sueñes conmigo.”

Fernanda soltó una pequeña sonrisa.

Pero antes de que pudiera responder, llegó otro mensaje:

“Porque mis sueños ya te han hecho mía varias veces.”

Fernanda se quedó mirando el teléfono.

Su corazón estaba acelerado.

No sabía qué iba a pasar entre ellos.

No sabía qué decisión tomaría con Pedro.

No sabía qué consecuencias tendría aquella cercanía con Andrés.

Pero aquella noche, por primera vez en mucho tiempo, Fernanda se durmió sintiendo que alguien la veía como una mujer y no solamente como una esposa, una madre o alguien que tenía que cumplir con todo.

Y mientras cerraba los ojos, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Porque aunque su vida todavía estaba llena de preguntas, había algo que comenzaba a tener claro:

No quería volver a perderse a sí misma.

1
Lidia Morales
Me encantó tu novela
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