En el escenario de la alta tecnología, la ambición no tiene escrúpulos y el amor es la moneda más peligrosa.
Linda Lennox es la heredera indiscutible de un imperio multimillonario, pero también la víctima de una coreografía de expectativas ajenas. Mientras ella se pregunta si su destino le pertenece, su hermana adoptiva, Thais, ejecuta en la sombra una fría venganza para arrebatarle su lugar y a su prometido.
Un exclusivo baile de máscaras será el punto de no retorno. Oculta tras un disfraz, Linda conocerá a James Darcy, el frío rival de su padre que no cree en las promesas vacías. Esa noche, la traición más dolorosa saldrá a la luz, obligando a Linda a descubrir quién es realmente y hasta dónde está dispuesta a llegar para reescribir su propio guion.
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CAPITULO 11. EL CIRCULO SE CIERRA
El lunes avanzaba implacable y la tensión en los pasillos de Lennox Technologies se podía cortar con un cuchillo. Linda se había convertido en el ojo del huracán: empleados que temían perder sus puestos, directivos exigiendo explicaciones y periodistas agolpados en la entrada del edificio esperando una declaración fija. Sabía perfectamente que un solo paso en falso derribaría el imperio de su familia como un castillo de naipes.
James, siempre práctico y resolutivo, había diseñado una pantalla especial en el despacho para vigilar cada movimiento extraño que ocurriera en los ordenadores de la empresa. Mientras tanto, Thais coordinaba con el departamento de administración, revisando las cuentas bloqueadas. Los Lennox estaban acostumbrados a competir duro en los negocios, pero jamás habían enfrentado un golpe tan personal y dañino.
A media mañana, la puerta del despacho se abrió y entró Cristopher Lennox. El gran CEO lucía más envejecido y cansado de lo habitual; el peso de la traición le había robado la energía. Caminó lentamente hacia su hija y posó una mano cálida en su hombro.
—Hija, confío plenamente en tu criterio para liderar esto. Pero recuerda que no estás sola en este infierno —le dijo con la voz un poco apagada—. La familia es lo único que realmente importa al final del día.
Linda lo miró a los ojos y asintió, sintiendo que el apoyo de su padre le devolvía las fuerzas.
—Gracias, papá. No pienso rendirme ni un solo segundo. Vamos a encontrar al responsable, te lo prometo.
Apenas su padre salió de la habitación, James llamó la atención de Linda. Había descubierto una pista clave en su pantalla: una conexión remota realizada de madrugada desde una localización que coincidía con la casa de un empleado de máxima confianza de la compañía.
—Tenemos que interrogarlo de inmediato —sugirió James, enseñándole los datos a Linda—. Pero debemos hacerlo con extrema cautela. Si es inocente, no podemos destruir su reputación; si es el traidor, podría intentar escapar ahora mismo.
Linda mandó llamar al empleado a su oficina. La reunión fue incómoda y cargada de nerviosismo. El hombre, visiblemente asustado, juró por su familia no saber nada de esa conexión nocturna. Sin embargo, en medio del llanto, admitió un detalle: le había prestado el ordenador portátil de la empresa a su hija adolescente unos días atrás, y ella solía descargar juegos de internet sin supervisión.
—¿Crees que un virus informático haya abierto una puerta por accidente? —preguntó Linda a James cuando se quedaron solos.
—Es una posibilidad real, pero en este juego no podemos descartar una trampa —respondió James con la mirada seria—. Registraremos a fondo ese ordenador.
Mientras los técnicos revisaban el aparato, el teléfono móvil de Linda vibró sobre la mesa. Un nuevo mensaje anónimo apareció en la pantalla: «Estás cerca, pero no lo suficiente. Deja de buscar si aprecias tu vida».
Esta vez no era solo texto. El mensaje venía acompañado de una imagen idéntica a un fragmento de un diario personal de Linda que ya estaba circulando en los correos de la prensa.
El miedo inicial de Linda se transformó en una rabia ardiente. El ataque ya no era por dinero o por secretos de la empresa. Era un ataque directo a su persona.
—No solo quieren dañar a Lennox Technologies —dijo Linda, apretando los puños y con la voz temblando de indignación—. Quieren destruirme a mí, quieren verme suplicar.
James se acercó a ella, tomándola suavemente de las manos y mirándola con una determinación inquebrantable.
—No lo van a conseguir, Linda. No lo permitiré. Vamos a llegar hasta el fondo de esto juntos.
Linda respiró hondo, tragándose las lágrimas, y reunió a su hermana y a James.
—No vamos a agachar la cabeza ante unos chantajistas. Hoy más que nunca, demostraremos que somos un equipo invencible. Vamos a descubrir la verdad oculta tras las máscaras y a proteger lo que construimos.
Afuera, la tormenta de los medios arreciaba con fuerza, pero por primera vez, Linda sintió que tenía el control de su vida. El enemigo estaba muy cerca de ella, respirando su mismo aire, y la verdadera batalla por la supervivencia acababa de comenzar.