Guillermo Lombardi. Heredero único del consorcio naviero más grande de europa, una noche tras un accidente catastrófico fue salvado por alguien que no logro ver su rostro con claridad.
En su desesperación por encontrarla el destino le hizo una mala jugada que no fue capaz de reconocerla cuando la tuvo enfrente.
Acompañe en está nueva obra. Encontrará Guillermo a la chica que lo salvó esa noche, o terminará casándose con la equivocada.
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El momento a llegado
No había coincidido demasiado con ella en esas semanas.
Ella era casi invisible en la dinámica dominante de la casa.
No imponía.
No competía.
No intervenía.
Observaba.
Ahora estaba allí, apoyada contra una columna, mirando en dirección al patio.
Mirándolo.
Guillermo sintió esa mirada antes de confirmarla.
Levantó los ojos.
Y la vio.
Lucía no tenía la firmeza elegante de Isabella.
No tenía esa energía controlada que llenaba espacios sin esfuerzo.
Lucía era distinta.
Más callada.
Más profunda.
Había en su rostro una melancolía permanente, como si viviera medio paso detrás de todos los demás.
Pero su mirada era intensa.
Y en ese instante, estaba fija en él.
No como empleada.
No como alguien que simplemente reconoce a un trabajador.
Había algo más.
Curiosidad.
Duda.
O reconocimiento.
El tiempo pareció comprimirse en ese cruce silencioso.
Adrián sintió un escalofrío inesperado.
Lucía no apartó la vista de inmediato.
Y en sus ojos no había cálculo.
Había percepción.
Fue ella quien rompió el contacto primero, bajando la mirada con lentitud, como si no quisiera que otros notaran la conexión.
Guillermo volvió a mirar hacia el automóvil, pero su mente no estaba allí.
Porque en ese segundo comprendió algo inquietante:
Lucía lo estaba mirando no como Daniel.
Sino como si intentara descifrar algo más.
Esa noche, mientras el señor Montemayor hablaba por teléfono con tono cada vez más tenso, Lucía salió al jardín sin que nadie lo notara.
Guillermo estaba cerrando la puerta del garaje.
—¿Es cierto? —preguntó ella en voz baja.
Él se giró lentamente.
—¿Perdón?
Lucía dio un paso más cerca.
La luz exterior delineaba su perfil.
—Dicen que el señor Lombardi desapareció.
Guillermo mantuvo el gesto neutral.
—Eso escuché.
Lucía lo observó con detenimiento.
Demasiado detenimiento.
—Usted no parece sorprendido.
El corazón le golpeó el pecho.
—No lo conocía personalmente.
Ella inclinó ligeramente la cabeza.
—A veces no hace falta conocer a alguien para saber cuando algo no encaja.
Sus palabras eran suaves, pero cargadas de intención.
Guillermo sintió por primera vez una grieta en su disfraz.
Lucía no era Isabella.
No era estratégica ni frontal.
Era intuitiva.
Y su intuición era peligrosa.
—¿Por qué me mira así? —preguntó ella de pronto.
Guillermo parpadeó.
—¿Así cómo?
—Como si estuviera esperando algo.
El silencio entre ambos se volvió denso.
Desde el interior de la casa, voces elevadas rompían la quietud.
El caos continuaba.
Pero en ese rincón del jardín, el mundo parecía concentrado en una sola tensión.
Lucía dio un paso atrás, como si decidiera no presionar más.
—Perdón —murmuró—. Supongo que todos estamos alterados.
Guillermo asintió.
Pero cuando ella comenzó a alejarse, algo lo impulsó a hablar.
—Señorita.
Lucía se detuvo.
—A veces… las personas necesitan desaparecer para entender quiénes son.
Ella giró lentamente.
Sus ojos brillaron con algo indefinible.
—¿Y siempre regresan?
La pregunta lo atravesó.
Guillermo sostuvo su mirada.
—Si encuentran lo que buscan.
Lucía lo observó unos segundos más.
Luego asintió suavemente y volvió a entrar a la casa.
Guillermo quedó solo en el jardín, con el eco de esa conversación resonando en su mente.
El caos dentro de la mansión seguía creciendo.
Pero ahora había algo más.
Una nueva variable.
Lucía.
Muy distinta a Isabella.
Sin la determinación estratégica.
Sin la seguridad dominante.
Pero con una capacidad de observar que podía desmantelar cualquier máscara.
Mientras el nombre de Guillermo Lombardi era repetido con preocupación en cada sala de la casa, el hombre en cuestión permanecía en la sombra, descubierto por unos ojos que no buscaban poder ni alianzas.
Y por primera vez desde que comenzó su plan, Guillermo sintió que el verdadero peligro no era ser reconocido por quienes temían su ausencia.
Era ser descubierto por alguien que veía más allá de las apariencias.
Y Lucía lo estaba lo estaba haciendo.
Lucía llevaba años acumulando silencios como otros acumulan deudas: uno sobre otro, firmes, pesados, invisibles para quienes no querían mirar. Silencios durante las cenas donde su nombre era mencionado solo cuando convenía. Silencios cuando su madrastra hablaba de estrategias familiares como si ella fuera un mueble más del salón. Silencios cada vez que su padre evitaba su mirada al hablar del pasado.
Pero la desaparición de Guillermo cambió algo en la atmósfera de la mansión Montemayor. No solo por el caos visible. Sino porque el equilibrio de poder comenzó a temblar.
Y cuando el poder tiembla, las grietas aparecen.
Lucía no anunció sus ausencias. Simplemente comenzó a salir más seguido. Decía que necesitaba aire. Que visitaría una amiga. Que tenía diligencias pendientes.
Nadie le prestó demasiada atención.
Ese fue su primer descubrimiento doloroso: su invisibilidad era su ventaja.
La oficina del abogado de su madre estaba en una calle discreta del centro histórico. No era un edificio ostentoso, pero sí respetable. Una placa dorada en la entrada indicaba: “Lic. Ernesto Salvatierra – Derecho Civil y Patrimonial”.
El nombre resonaba con ecos de su infancia.
Ernesto Salvatierra había sido amigo cercano de su madre. Había asistido a su funeral. Había prometido velar por los intereses de Lucía cuando fuera el momento.
Durante años, ese momento pareció lejano.
Hasta ahora.
La primera vez que cruzó esa puerta, sus manos sudaban ligeramente.
No por miedo.
Por determinación.
—Lucía… —dijo el abogado al verla, levantándose lentamente de su escritorio—. Sabía que algún día vendrías.
Ella no sonrió.
—Creo que ese día a llegado.
Se sentaron frente a frente. Entre ellos no había formalidad fría, sino una historia compartida.
—Tu madre dejó instrucciones claras —comenzó él con voz pausada—. Pero tu padre nunca permitió que se ejecutaran en su totalidad.
Lucia Montemayor
Que pensará y hará Isabella porque sus planes se le están escapando de sus manos 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Guillermo termina de una vez en decirle a Lucia que le gustas que estás babeando 🤤🤤🤤 por ella.
Lucia a medida que vas leyendo cada documento te das cuenta que la fortuna que dejo tu madre es mayor de lo que tu imaginabas.
Que paso Isabella tu orgullo está herido porque Guillermo Lombardi termino lo que nunca empezó bien y ahora lo quieres comprometer sutilmente ojalá que se de cuenta y no te siga el juego.
Claudine zorra vieja le estás preparando según tu idea el vestido, las joyas y que es lo que tiene que hacer Isabella para que quede Guillermo comprometido socialmente y no pueda salirse sin armar un escándalo.
Que mentira le dirán a Armand Valois 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓
Todos los planes que tenían las víboras se les fue por el caño de casar a sus hijas con magnates para seguir aparentando en sociedad.
Guillermo que harás con esa verdad de que fue Lucia quien te salvó esa noche y no Isabella 🤔🤔🤔❓❓❓❓