El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.
¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?
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¿anhelo?
Sinahi le dio a la niña el té que le preparé. Recostó el cuerpo dormido de la pequeña y la hizo beber poco a poco.
—Coff... Coff—La niña tosió suavemente. Pude sentir lo débil que estaba realmente. Escuché decir a uno de los subordinados que era una sirena. Las sirenas pueden tener piernas humanas estando en tierra y aletas cuando están en el agua. Un ser que puede respirar oxígeno y agua. Realmente debería ser algo genial. Aunque, ¿cómo es posible que capturaran a alguien así? Mis ojos se fueron una vez hacia la niña con orejas de pez.
Sinahi le cambió la ropa a la niña y sus heridas fueron tratadas. Dijo que no era nada grave, pero aun así estaba un poco preocupado. Su piel era demasiado clara. Además, se veía muy frágil; sus labios eran de un rojo intenso. Sus cejas eran finas y sus pestañas largas. Es una niña muy bonita; cuando sea mayor será una celebridad.
Los demás hicieron un campamento para pasar la noche. Por supuesto, yo no ayudé porque realmente no sé cómo se hace. Aún nadie quiere hablar conmigo. Estoy acostumbrado, pero eso no significa que no me sienta incómodo por ellos.
Sinahi estaba con la niña. Los demás hicieron estofado de cordero. No quise comer porque no tenía apetito. Me subí arriba del carruaje, mirando el cielo estrellado.
Alcé mi mano e hice un gesto como si intentara coger una estrella. —Me siento como un completo estúpido—dije en un susurro para mí mismo.
El tiempo avanzó; podía calcular que eran las dos de la mañana. Volteé mi cuerpo mirando hacia un lado y sujeté fuertemente mi espada, temblando. Estoy cansado, pero no puedo dormir.
Enrollé mis piernas en mi espada. Me he convertido en un monstruo. Aunque eran malas personas, eso no significa que yo tenga el derecho de acabar con la vida de los demás. No es como si yo fuera una buena persona.
Apreté mi estómago con mi mano izquierda; un dolor se hizo dentro de mi pequeño cuerpo. De mis ojos salieron varias lágrimas. Cerré los ojos. Aunque mi conciencia se desvanecía, podía escuchar a los grillos. Aunque tenía frío, no quise arropármela.
La noche pasó.
Fui a un arroyo que estaba cerca por la mañana. Los demás aún estaban durmiendo. Miré el reflejo de mi rostro en el agua. Sé que este no soy yo. Me pregunto por qué me aferré a una vida que no era mía.
Mis ojos se veían más negros que de costumbre; las orejas que tenía me hicieron recordar a un mapache. Mi estómago rugió un poco, pero yo no quería comer.
Con mis dos pequeñas manos, junté agua y fregué mi rostro lentamente. Si estoy bien, ¿por qué me siento así?
—Joven maestro Joshua, ¿se encuentra bien?—Sinahi llegó a donde yo estaba con pasos bruscos. Volteé mi mirada hacia ella y le sonreí. —Estoy bien—respondí.
Ella llevaba algo detrás de su mano. Observé con más cuidado: la mitad del rostro de la niña sirena se asomó. —Joven amo, la joven Theresia le quiere agradecer—La niña de orejas de pez dio un paso al frente y puso sus manos hacia atrás.
—Mu... Muchísimas gracias por salvarme. Yo... yo soy Theresia, hija de la reina sirena. Estaré a su cuidado—dijo, y volvió a ponerse detrás de Sinahi.
Ya veo, es alguien tímida. Espera un momento, ¿hija de la reina? Eso quiere decir que es una princesa. Me llevé una mano a la barbilla, pensativo.
Existe la posibilidad de una recompensa... es decir, dinero. Solo pensar en el dinero me hizo sentir en las nubes. Una sonrisa torcida se dibujó en mis labios. A Sinahi y a la princesa Theresia se les pusieron los pelos de punta.
Todos comieron. Yo decidí comer, pero poco. Los alistamos y seguimos nuestro camino. La princesa estaba apegada a Sinahi. Yo simplemente iba viendo el paisaje a través de la ventana, sujetando mi espada e ignorando a los demás.
Llegamos a un lugar con agua y un ambiente bastante caluroso; este lugar me hacía recordar a una playa. Aunque no solía ir mucho a la playa en mi vida pasada.
Me bajé del carruaje y vi a los demás estando allí conmigo. ¿Cómo se supone que pasemos el mar? Simplemente no puedo comprender la razón. Mis ojos se abrieron de par en par al ver esto.
El mar se abrió, formando grandes olas en ambas direcciones. Recordé que en mi mundo existía un libro llamado Biblia; recuerdo bien un versículo. También que había un personaje llamado Moisés, que fue el primer y único humano en abrir el mar.
Una figura salió del mar. La cola de sirena se convirtió en un vestido mientras salía del agua. Mi cuerpo tembló suavemente. Frente a nosotros estaba una chica con orejas de pez, labios rosas, cabello azul oscuro, pestañas largas y negras, y unos ojos azul marino. Theresia salió corriendo hacia su dirección. —Hermana—dijo mientras corría.
Sus pequeños pies acelerados hicieron que se tropezara. Al llegar, brincó y cayó abrazada a la princesa sirena. Los demás se arrodillaron. Mis piernas también cedieron. Puse una rodilla en el suelo, inclinando mi cabeza hacia el suelo.
A pesar de estar en esta posición, sentí la mirada de la reina sirena hacia mí. Varias gotas de sudor cayeron de mi rostro. Podía ver mi sombra en el suelo. Empecé a escuchar pasos acercándose a mí.
—Tú debes de ser Joshua, ¿verdad? He escuchado varios rumores sobre ti: cabello negro con un mechón blanco en forma de X, ojos completamente negros y un aura un poco densa—Mis ojos se abrieron como platos al ver a la cara de la reina sirena.
¿Cómo es posible que sepa sobre mí en cuanto me vio? Realmente no tiene sentido tal cosa. Qué extraño. Me siento como un completo idiota. Ella solo sonrió mientras me observaba. Sus ojos azules se cruzaron con los míos. Sentí que a ambos nos recorrió una sensación de electrocución y una sensación de... ¿anhelo?
—De alguna manera siento que te conozco—dijimos los dos al mismo tiempo.