En toda historia existe un héroe, una heroína, un villano y luego estaban ellas.
Dos mujeres que competían incluso por quién era capaz de arruinar con mayor elegancia el día de la otra, toda la nobleza estaba convencida de que, tarde o temprano, una terminaría asesinando a la otra.
El destino también lo creyó, lo que jamás imaginó...era que, la noche de sus bodas, ambas morirían y despertarían dos almas completamente diferentes.
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ÚLTIMO SERVICIO 2
Gabriela: Esta lista la hiciste cuando teníamos veinte años
Valeria: Y sigue funcionando
Gabriela: También funcionan los teléfonos de teclas, pero nadie los usa
Valeria: No critiques mis clásicos
Gabriela: Tus clásicos tienen más años que algunos de nuestros meseros
Mesero: ¡Confirmo!
Valeria: Traidores
Gabriela: Realistas
—Chef...
Valeria: ¿Sí, Sofi?
Sofia: Quería agradecerles
Gabriela: ¿Por qué esa cara? Pareces que vienes a renunciar
Sofia: No, hoy me llamaron del hotel en España, me aceptaron
Gabriela: ¡¡¿QUÉ?!!
Valeria: ¿En serio?
Sofia: Empiezo dentro de dos meses
Gabriela: ¡Eso es increíble!
Sofia: Pero me da tristeza irme
Valeria: ¿Recuerdas el primer día que llegaste?
Sofia: Quemé unas galletas...
Valeria: No
Sofia: También se me cayó un pastel
Valeria: Tampoco
Gabriela: Intentó cortar un mango con un pelador de papas
Sofia: No sabía...
Gabriela: Lo sabemos
Valeria: Cuando abrimos este restaurante prometimos algo, que nadie que trabajara aquí se quedaría estancado
Gabriela: Si algún día ustedes nos superan, habremos hecho bien nuestro trabajo
Sofia: Las voy a extrañar
Gabriela: Cuando seas famosa en Europa, no olvides decir que aprendiste con nosotras
Valeria: Gabriela...
Gabriela: ¿Qué?
Valeria: No la presiones
Gabriela: No la presiono, solo le estoy recordando quiénes somos
Valeria: Ve a empacar tus cosas
Sofia: Gracias, chef
Valeria: Y deja de decirnos chef
Sofia: Gracias...
Gabriela: Ya se nos están yendo los pollitos
Valeria: Eso significa que crecieron
Gabriela: Sí, pero me pone sentimental
Valeria: Tú lloras hasta con los comerciales de comida para perros
Gabriela: ¡Porque se reencuentran al final!
Valeria: Era un comercial de concentrado
Gabriela: El perro estaba feliz (Una hora después el restaurante quedó completamente vacío, solo quedaban ellas dos, como siempre) No siento las piernas
Valeria: Eso dices todos los sábados
Gabriela: Porque todos los sábados no siento las piernas
Valeria: Qué coincidencia
Gabriela: No te burles de mi sufrimiento
Valeria: ¿Cuál sufrimiento?
Gabriela: El de una artista incomprendida
Valeria: Eres chef
Gabriela: Chef artista
Valeria: Chef dramática
Gabriela: Acepto ese título
Valeria: Todo cuadró, las cuentas están claras, solo nos falta adelantar el inventario del lunes
Gabriela: Odio los inventarios ¿Podemos fingir que ya los hicimos?
Valeria: No
Gabriela: ¿Podemos contratar duendes?
Valeria: Llevas demasiado tiempo leyendo novelas de fantasía
Gabriela: Las novelas de fantasía son cultura
Valeria: Las novelas de reencarnación son tu adicción
Gabriela: corrección, es nuestra adicción, además no me mires así
Valeria: ¿Así cómo?
Gabriela: Como si tú no hubieras trasnochado anoche leyendo
Valeria: Solo leí tres capítulos
Gabriela: Hasta las tres de la mañana
Valeria: Detalles
Gabriela: Pero tú terminaste toda la novela
Valeria: No, me puse al día, hay diferencia, lo que aun todavía no entiendo cómo esa novela tiene tantos lectores
Gabriela: ¿Vas a empezar?
Valeria: Voy a empezar, la heroína me cae mal
Gabriela: ¡A MÍ TAMBIÉN! es demasiado perfecta, siempre sonríe, nunca se equivoca, todos la aman, todos la defienden, siempre tiene razón y lo que más me incomoda es que siempre llora en el momento exacto
Valeria: No me la creo
Gabriela: Yo tampoco, y esas dos la emperatriz y la archiduquesa, para mí son ¡las verdaderas protagonistas!
Valeria: coincido, peleaban mucho, pero son entretenidas, y con algo de personalidad, muy contrario a la protagonista que me parece aburridísima
Gabriela: ¿Sabes qué hubiera hecho yo? si yo fuera la emperatriz la primera noche de bodas, renuncio
Valeria: ¿Renuncias?, ¿Y luego?
Gabriela: Le dejo una carta al emperador
Valeria: ¿Qué diría?
Gabriela: Estimado señor emperador, muchas gracias por recibirme, pero esto de gobernar no es lo mío, me retiro cordialmente, atentamente, una mujer que quiere dormir ocho horas
Valeria: eres imposible, como vas a salir con esas, el imperio colapsaría con una emperatriz como tu
Gabriela: Bueno, ya no sería mi problema, ¿Alguna vez pensaste que llegaríamos hasta aquí?
Valeria: La verdad, no
Gabriela: ¿Ni un poquito?
Valeria: Cuando éramos niñas pensaba que nuestro restaurante iba a ser una casita con cuatro mesas y que cocinaríamos solo los fines de semana y que cerraríamos a las seis de la tarde, porque a las siete empezaban las novelas
Gabriela: ¡Es cierto! ¿Te acuerdas del primer cliente?
Valeria: El señor Ernesto, pidió sopa y dijo que estaba muy salada, nos dio cinco estrellas igual
Gabriela: Porque le recordaba a la sopa de su esposa
Valeria: Volvió todos los jueves durante cinco años, hasta que falleció
Gabriela: ¿Sabes qué fue lo mejor de todo? que nunca trabajamos para ser famosas, solo queríamos cocinar y abrir nuestro restaurante (Las dos miraron alrededor, pequeño ya no era precisamente la palabra adecuada, el lugar podía recibir a más de cien personas cada noche, había aparecido en revistas internacionales, programas de televisión, guías gastronómicas, incluso habían rechazado abrir franquicias, porque ambas estaban de acuerdo en una cosa, Raíces solo podía existir en un lugar) ¿Nunca te dio miedo?
Valeria: ¿Abrir el restaurante?
Gabriela: No
Valeria: ¿entonces?
Gabriela: a fracasar