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Una Flor Nueva Y Un Nuevo Comienzo

Una Flor Nueva Y Un Nuevo Comienzo

Status: Terminada
Genre:Reencarnación / Matrimonio arreglado / Edad media / Completas
Popularitas:365.9k
Nilai: 4.8
nombre de autor: karolina oquendo

reencarne en una Duquesa maltrata por el amor y antes era una agricultura 🚜 de vegetales y mas.

como voy a sobrevivir siendo tan salvaje como un hombre 🫪

NovelToon tiene autorización de karolina oquendo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Interludio: El futuro que no debo permitir( capitulo especial)

Lucía no recordó en qué momento cerró los ojos, solo supo que dejó de sentir el peso de su cuerpo, ese cansancio constante que le recorría la espalda, la incomodidad de su vientre creciendo, y por un instante todo quedó en silencio, un silencio extraño, demasiado limpio, como si el mundo se hubiera detenido solo para mostrarle algo que no quería ver.

Al principio no entendía qué estaba pasando, no sentía el latido de su propio cuerpo, no sentía al bebé, no sentía nada, y eso fue lo que la inquietó, porque estaba ahí… pero no estaba viva dentro de ese momento, y poco a poco lo comprendió sin que nadie se lo dijera, como si ese conocimiento simplemente se instalara en su mente.

Era la otra Lucía.

La que murió.

La que perdió todo.

Y lo que más le dolió no fue verla… fue sentirla.

Porque no había odio en ella.

No había rabia.

No había deseos de venganza.

Solo una necesidad tan simple que dolía más que cualquier otra cosa: ver a su hijo.

El tiempo empezó a avanzar sin pedir permiso, no como en un sueño confuso, sino claro, directo, cruel, y entonces lo vio, lo vio por primera vez, pequeño, frágil, envuelto en telas suaves que no podían ocultar lo diminuto que era, sus manos apenas moviéndose, su respiración tranquila, ajeno a todo lo que lo rodeaba, y su rostro… su rostro hizo que algo dentro de Lucía se apretara con fuerza.

Cabello blanco.

Blanco puro.

No gris, no claro, blanco como si no perteneciera a ese mundo.

Y sus ojos, grises, profundos, demasiado serios para alguien que acababa de llegar a la vida.

Era hermoso.

Demasiado hermoso.

—…mi hijo…

Quiso decirlo, quiso acercarse, quiso tocarlo, cargarlo, protegerlo como nunca pudo hacerlo, pero su mano simplemente atravesó el aire, no había contacto, no había calor, no había nada, solo distancia.

Escuchó voces entonces, como ecos lejanos que poco a poco tomaban forma, hablando de su cabello, de su condición, albinismo, algo hereditario, algo que venía de una rama antigua de la familia, y por un instante Lucía recordó esa historia lejana de una mujer con ese mismo cabello, una patriarca fuerte, respetada… pero nada de eso importaba realmente.

Porque lo que importaba… era lo que estaba pasando frente a ella.

Kilian apareció.

Miró al niño.

Solo una vez.

Y en esa mirada no había odio.

Pero tampoco amor.

No había nada.

Y eso fue peor.

Porque no lo rechazó, no lo apartó… pero tampoco lo quiso, no lo tomó en brazos, no lo sostuvo, no lo miró como se mira a un hijo.

Simplemente lo dejó.

En manos de otros.

En manos de una nodriza.

De sirvientas.

De personas que cumplían su trabajo, pero que no podían llenar ese vacío.

Lucía intentó otra vez acercarse, se inclinó, trató de cubrirlo, de abrazarlo, de decirle que estaba ahí, que no estaba solo, que lo había esperado, que lo había amado incluso antes de conocer su rostro… pero no había forma, no existía para él.

El tiempo siguió avanzando, sin piedad, sin pausa, y el niño creció, poco a poco, empezó a reaccionar, a mirar más, a buscar con esos ojos grises que parecían entender más de lo que deberían, y siempre buscaba lo mismo, aunque no supiera cómo nombrarlo.

Amor.

Lucía lo veía en cada gesto, en cada intento, en cada vez que levantaba sus brazos esperando que alguien lo cargara, en cada pequeña sonrisa que se formaba con esperanza… y que se apagaba cuando nadie respondía.

—…estoy aquí…

Quiso decirle.

—…mírame…

Pero no había voz que pudiera llegar hasta él.

Y entonces pasó lo inevitable, lo que cualquier niño haría, lo que cualquier corazón inocente necesita hacer para no sentirse solo.

—Mamá…

La palabra salió de los labios de Ángel, pequeña, suave, dirigida hacia la persona equivocada.

Nieves.

Lucía sintió cómo algo dentro de ella se rompía, no de golpe, no con violencia, sino lento, como si se desgarrara desde adentro sin posibilidad de detenerlo, porque entendía, entendía por qué lo hacía, entendía que no tenía otra opción, que no conocía otra verdad… pero aun así dolía.

Dolía demasiado.

—¿Eres mi mamá…?

Preguntó el niño, con esa mezcla de duda y esperanza que solo tienen los niños que aún creen que todo puede estar bien.

Nieves sonrió.

Pero no era una sonrisa cálida.

Era fría.

Calculada.

—Sí.

Respondió con suavidad.

—Soy tu madre.

Lucía quiso gritar, quiso negarlo, quiso romper ese momento, decirle que no, que esa mujer no tenía derecho, que su madre lo amaba, que lo había esperado con el corazón lleno… pero no había nada, solo ese silencio que la condenaba a mirar.

—¿Y papá… me quiere…?

La pregunta fue aún más pequeña.

Más frágil.

Nieves inclinó ligeramente la cabeza, como si pensara la respuesta.

—Claro…

Dijo, y luego añadió con una dulzura venenosa.

—Pero no tanto como a lo que vendrá después.

El niño no entendió del todo, pero algo en su expresión cambió, una pequeña duda, una sombra que no debería existir en alguien tan pequeño.

—No… él me quiere…

Dijo, más para convencerse a sí mismo que a ella.

Y corrió.

Corrió buscando a Kilian, con pasos torpes, con el corazón lleno de esa esperanza que todavía no sabía que iba a ser destruida.

Lucía intentó seguirlo, pero no podía alcanzarlo, siempre estaba un paso atrás, siempre demasiado lejos.

—Papá…

La voz del niño fue suave.

La puerta se cerró frente a él.

Sin siquiera abrirse.

Sin siquiera mirarlo.

El sonido fue seco.

Definitivo.

El niño se quedó quieto.

No lloró de inmediato.

Solo se quedó ahí, mirando la puerta, como si no entendiera qué había pasado, como si estuviera esperando que se abriera, que alguien saliera, que todo se corrigiera.

Pero no pasó nada.

Y entonces… sus ojos se llenaron de lágrimas.

Esa noche lloró, no con gritos, no con rabia, sino en silencio, acurrucado, como si incluso su dolor tuviera que ser discreto, como si ya supiera que nadie iba a responder.

Lucía se arrodilló a su lado, intentó abrazarlo, cubrirlo, darle ese calor que no tenía, pero sus brazos no eran nada, no existían para él, y eso la destruyó más que cualquier otra cosa.

Al día siguiente, la nodriza se acercó con cuidado, lo observó un momento antes de hablar.

—Mi joven amo… ella no es su madre.

El niño levantó la mirada, confundido, con los ojos aún hinchados.

—Entonces… ¿quién es…?

La mujer dudó, pero sacó una imagen.

Lucía.

—Ella es su madre.

Ángel tomó la imagen con manos pequeñas, la observó con una atención que no tenía para nada más.

—…es bonita…

Murmuró.

Y Lucía sintió que su pecho se quebraba otra vez.

—Cuando usted estaba en su vientre… ella lo amaba mucho.

El niño apretó la imagen contra su pecho.

—¿Entonces por qué no está conmigo…?

La nodriza bajó la mirada.

—Porque hubo personas malas… que le hicieron daño.

El silencio que siguió fue pesado, demasiado grande para alguien tan pequeño.

—…¿me dejó…?

—No.

Respondió la mujer con firmeza.

—Nunca lo haría.

El niño no dijo nada más, solo abrazó la imagen con más fuerza.

Ese día dejó de llamar mamá a Nieves.

Pero no dejó de necesitarlo.

Lo intentó con Kilian, una y otra vez, acercándose, hablando, buscando cualquier tipo de respuesta.

—Papá…

—Mira…

—¿Jugamos…?

Pero nunca hubo respuesta.

Nunca.

El tiempo siguió avanzando, implacable, y entonces nació otro niño, el hijo de Nieves.

Lucía lo vio, y en ese instante entendió todo.

Todo lo que Ángel no tuvo… ese niño lo tendría.

Kilian sonreía.

Lo cargaba.

Le hablaba con una voz que Ángel nunca había escuchado dirigida hacia él.

Y Ángel miraba desde lejos.

En silencio.

Sin entender completamente, pero sintiendo lo suficiente.

Dolía.

Eso sí lo entendía.

Esa noche volvió a llorar, frente a la imagen.

—Mami…

Susurró.

—¿por qué no estás conmigo…?

Lucía cayó de rodillas, desesperada, intentando tocarlo, sostenerlo, decirle que estaba ahí, que nunca lo dejó, que nunca lo dejaría… pero no había forma.

Nunca la hubo.

El tiempo siguió pasando.

Y poco a poco…

Ángel dejó de buscar.

Dejó de preguntar.

Dejó de esperar.

Hasta que un día…

Simplemente entendió.

El amor…

No era para él.

.

,

.

Lucía despertó de golpe.

Pero no fue un despertar limpio.

No fue simplemente abrir los ojos.

Fue como salir de algo que aún la estaba sujetando.

Su respiración estaba desordenada, corta, como si hubiera estado llorando incluso antes de ser consciente de ello, y durante unos segundos no entendió dónde estaba, porque la sensación seguía ahí, pesada, aplastándole el pecho, como si ese dolor no perteneciera solo al sueño.

Y entonces lo sintió.

Las lágrimas.

Ya estaban ahí.

Habían salido sin que ella lo notara.

Resbalaban lentas por sus sienes hasta perderse en la almohada, mojando la tela, silenciosas, constantes, como si su cuerpo hubiera reaccionado antes que su mente.

—…no…

Su voz salió rota.

Apenas un hilo.

Intentó moverse, pero su cuerpo no respondió como quería, se sentía débil, pesado, como si cada músculo estuviera agotado, como si hubiera vivido todo eso de verdad, como si ese dolor no hubiera sido un sueño sino un recuerdo que no le pertenecía… todavía.

Su mano fue directamente a su vientre.

Con urgencia.

Con miedo.

Lo sostuvo.

Lo protegió.

Y en ese instante el bebé se movió.

Fuerte.

Presente.

Vivo.

Eso fue lo que la terminó de quebrar.

Otra lágrima cayó.

Y otra.

Y otra.

Su cuerpo se encorvó ligeramente, como si intentara proteger lo poco que aún tenía, como si quisiera hacerse más pequeña, como si así pudiera evitar que ese futuro la alcanzara.

—No…

Esta vez sonó más bajo.

Más profundo.

Como si viniera desde algo que dolía demasiado.

Su pecho subía y bajaba con dificultad, no por falta de aire, sino por esa presión que no se iba, ese nudo que no se rompía, ese dolor que no encontraba salida completa.

—No voy a permitirlo…

Susurró entre respiraciones irregulares.

Sus dedos se aferraron a la tela de su vestido.

A su vientre.

A su realidad.

—No voy a dejarte solo…

Cerró los ojos con fuerza, pero más lágrimas escaparon, inevitables, cálidas, sinceras, no de debilidad… sino de algo mucho más profundo.

Dolor.

Miedo.

Amor.

Todo junto.

—No voy a dejar que te quiten de mí…

Su voz tembló.

Pero no se rompió.

Respiró.

Lento.

Forzándose.

Una vez.

Otra.

Hasta que el aire dejó de doler tanto.

Hasta que su cuerpo dejó de temblar.

Pero sus ojos… no perdieron esa humedad.

No del todo.

Porque algo dentro de ella había cambiado.

Su mano se mantuvo firme sobre su vientre.

Protegiendo.

Prometiendo.

Y cuando abrió los ojos otra vez…

Ya no eran los mismos.

—Ni voy a dejar que crezcas así…

Murmuró.

Esta vez más estable.

Más firme.

Más peligrosa.

—Aunque tenga que destruir todo este maldito lugar.

Y en ese momento…

entre lágrimas que aún no se secaban del todo…

Lucía dejó de ser solo una mujer que planeaba.

Se convirtió en una madre que no iba a perder.

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

1
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
Bien pensado Lucia 😸😹☺️
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
Ya no es camión kun, ahora es el tractor asesino jijijiji, buen inicio
veronica pinto
todo lo que uno siembra eso cosecha en esta vida sea bueno o malo 🤔
veronica pinto
pobre ilusa la zorra ésa pensaba que con un embarazo lo hiba a retener 🤭🤭 Mujeres cuando un hombre no es honesto ningún embarazo lo detiene 🤔🤔
Luisa Esperanza Bautista Angarita
felicitaciones
Luisa Esperanza Bautista Angarita
hermoso capitulo
veronica pinto
en la vida real todo ser humano necesita de otro ser humano en la vida 🥰 y Dios siempre pone Angeles a nuestro alrededor cuando más necesitamos 🥰
veronica pinto
😢😢 lamentable aún existe este tipo de maltrato hacia las mujeres y sus propias familias no hacen nada 😡
Violet Bonilla
y angel no le dieron una oportunidad para renacer y que lo amaran
veronica pinto
🫣🫣 hay cuanto más falta para que se escape 🫢🫢
veronica pinto
🤭🤭 pobre Lucia no puedo llegar antes 😂😂
Perla Muñoz
k protagonista tan estúpida
Luisa Esperanza Bautista Angarita
que hermosura
MA. DE JESUS SANCHEZ
Excelente historia, muchas gracias por compartirla, la disfrute de principio a fin, seguiré disfrutando de tus historias, te deseo éxitos y bendiciones en todo lo que te propongas.
Olga Perez
que buen capítulo muy atrapante
Joy Pérez
me gusto mucho, pero me encantaria un segundo libro
Joy Pérez
espero de todo corazon que tenga un segundo libro
Joy Pérez
esta historia parece muy lejos de la realidad pero si nos ponemos a investigar hay muchos casos parecidos en la actualidad que se deja para 500 años atras lo que llamamos feminicidio ahora casos que salen en las noticias que son para no creer, hace 500 años el veneno, el maltrato era muy comun!!
Dragóndela tormentaBerudora: tu eres alguien que si entendio la historia, mas de lo que creia eso me alegra mucho☺️
total 1 replies
Joy Pérez
lo mejor es que los bebes se parecen a ellas 😅
Joy Pérez
hacen una hermosa pareja
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