Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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10- tocando fondo
Valentina no recordaba cómo había llegado a su apartamento.
Solo recordaba haber conducido.
Llorando. Con las manos temblando sobre el volante. Cuando cerró la puerta detrás de ella...
El silencio terminó de derrumbarla.
Dejó el bolso sobre el piso.
Se quitó los zapatos sin siquiera mirarlos.
Y se dejó caer de rodillas.
Las lágrimas que había contenido durante todo el camino salieron de golpe.
Cinco años.
Cinco años entregándole el corazón a una persona.
Cinco años imaginando una casa.
Una familia, Un futuro.
Todo había desaparecido en unos cuantos segundos.
Su teléfono comenzó a vibrar.
Daniel
Lo observó unos segundos.
La llamada terminó.
Volvió a sonar.
Y otra vez.
Y otra.
Valentina apagó el teléfono.
No quería escuchar una sola explicación.
Porque no existía ninguna capaz de borrar aquella imagen.
Daniel besando a Lucía.
A la mañana siguiente...
Valentina despertó en el sofá.
Todavía llevaba la misma ropa del día anterior.
Los ojos le ardían. La cabeza le dolía. Y el corazón... Mucho más.
El timbre sonó.
No respondió.
Volvió a sonar.
Y otra vez.
Hasta que escuchó una voz al otro lado de la puerta.
—¡Vale!
¡Sé que estás ahí!
Era Camila.
Valentina respiró hondo.
Caminó lentamente hasta la puerta. La abrió.
Camila quedó inmóvil.
Nunca la había visto así.
Los ojos hinchados.
El rostro completamente pálido.
Y una tristeza que parecía pesar toneladas.
Sin hacer preguntas... La abrazó.
Valentina rompió a llorar otra vez.
—Me engañó...
Murmuró entre sollozos.
—Camí... Me engañó.
Camila sintió que el cuerpo se le tensaba.
La abrazó con más fuerza.
—¿Qué pasó?
Valentina tardó varios minutos en poder hablar.
Cuando por fin lo hizo...
Le contó absolutamente todo.
El mensaje.
La sorpresa.
El apartamento.
El beso.
Lucía.
Cada palabra hacía que Camila sintiera más rabia.
Cuando Valentina terminó... El apartamento quedó en silencio.
Camila respiró profundamente.
—Lo voy a matar.
Valentina negó con una débil sonrisa.
—Haz fila.
Porque yo quiero matar primero a Lucifer.
Camila parpadeó.
Después soltó una carcajada.
—¿Lucifer?
Valentina se limpió las lágrimas.
—Ya no pienso llamarla Lucía.
Para mí será Lucifer.
Camila terminó riéndose con ella.
—Me gusta.
Le queda perfecto.
Las dos permanecieron unos segundos en silencio.
Era la primera vez desde la noche anterior...
Que Valentina conseguía sonreír.
Aunque solo hubiera sido por un instante.
Al otro lado de la ciudad...
Daniel no había dormido.
Miraba por décima vez el teléfono.
Más de treinta llamadas.
Ninguna respuesta.
Más de cincuenta mensajes.
Todos sin leer.
Se pasó una mano por el rostro.
En ese momento llamaron a la puerta.
Al abrir... Encontró a Lucía.
Ella llevaba dos cafés.
—Pensé que...
Quizá necesitabas hablar con alguien.
Daniel la miró durante unos segundos.
No dijo nada.
Simplemente cerró la puerta.
Lucía quedó inmóvil en el pasillo.
Con los cafés todavía en las manos.
Por primera vez...
Comprendió que conseguir a Daniel...
No sería tan sencillo como había imaginado.
Porque el hombre que había traicionado a Valentina... Seguía profundamente enamorado de ella.
Los días siguientes fueron difíciles.
Demasiado, Valentina se refugiaba en el hospital.
Llegaba antes que todos.
Y era la última en marcharse.
Cuanto más trabajaba...
Menos tiempo tenía para pensar.
Camila la conocía demasiado bien.
Sabía que aquello no era fortaleza.
Era una forma de escapar.
Daniel, en cambio...
No dejaba de buscarla.
Flores.
Cartas.
Mensajes.
Llamadas.
Nada obtenía respuesta.
La recepción del hospital ya conocía la instrucción.
—Lo sentimos, doctor.
La doctora Valentina no puede recibir visitas.
Daniel suspiró por décima vez aquella semana.
—Solo quiero hablar cinco minutos.
La recepcionista negó con amabilidad.
—Son órdenes de la doctora.
No puedo hacer nada.
Daniel abandonó el hospital con la sensación de que cada puerta se cerraba un poco más.
Lucía observaba la escena desde el final del pasillo.
Una enfermera sonrió al verla.
—¿Esperabas al doctor Daniel?
Lucía respondió con una sonrisa dulce.
—No...
Solo venía por unas historias clínicas.
Pero, en cuanto la enfermera se marchó...
Su expresión cambió.
Apretó los labios con frustración.
"¿Por qué sigue buscándola?"
"Ya terminó con ella..."
No entendía a Daniel.
Había conseguido lo que quería.
Y, aun así... Parecía más infeliz que nunca.
Aquella noche...
Camila apareció en el apartamento de Valentina cargando dos bolsas enormes.
—¿Qué es todo eso?
Preguntó Valentina.
—Nuestra terapia.
Sacó una pizza. Dos refrescos.
Un helado gigante. Y varias películas.
Valentina no pudo evitar sonreír.
—Estás loca.
—Correcto.
Y tú llevas una semana encerrada.
Así que obedecerás a tu mejor amiga.
Las dos se acomodaron en el sofá.
Durante un buen rato hablaron de cualquier cosa.
Menos de Daniel.
Hasta que Camila rompió el silencio.
—¿Lo extrañas?
Valentina dejó de comer.
Pensó la respuesta durante varios segundos.
—Extraño al hombre que creía que era.
No al que conocí ese día.
Camila asintió lentamente.
Aquella frase resumía perfectamente todo lo ocurrido.
Después de unos minutos...
Camila tomó el teléfono de Valentina.
—¿Qué haces?
—Limpieza.
Entró a los contactos.
Buscó uno.
** Daniel**
Valentina observó la pantalla en silencio.
Camila levantó una ceja.
—¿Lo borro?
Valentina respiró hondo.
Tomó el teléfono. Durante varios segundos observó aquel nombre.
Después abrió el contacto.
Y escribió
Doctor Alvarez.
Guardó el cambio.
—Todavía no puedo borrarlo.
Susurró.
—Pero ya no merece ser guardado así.
Camila sonrió con ternura.
—Paso a paso.
Vale.
Paso a paso.
Valentina apoyó la cabeza sobre el respaldo del sofá.
Quizá parecía un cambio insignificante.
Solo un nombre. Pero, para ella...
Era el primer paso para empezar a dejar atrás cinco años de su vida.
Al mismo tiempo...
En el apartamento de Alessandro...
Matteo terminaba de servirse un café.
Miró a su amigo, que seguía trabajando frente al computador.
—¿Sabes qué necesitas?
—Silencio.
Respondió Alessandro sin levantar la vista.
—No. Necesitas una novia.
Alessandro soltó una risa.
—Otra vez con eso.
—Escúchame. Una novia falsa.
La presentas ante Don Vittorio.
Él deja de buscarte candidatas.
Todos felices.
Alessandro levantó lentamente la vista.
—Esa es, sin duda... La idea más absurda que has tenido en tu vida, no sé cómo se te pido ocurrir, y no se porque no se te olvida.
Matteo comenzó a reír.
—¡por qué Funcionaría!
—Jamás.
¿Me escuchaste?
Jamás voy a fingir una relación con alguien.
Eso es ridículo.
Matteo levantó ambas manos.
—Está bien.
Solo era una idea.
Alessandro volvió a concentrarse en el computador e ignoro por completo a su amigo.
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.