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GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

GRABADA EN TU PIEL. LA AMNESIA DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Amor a primera vista / Pérdida de memoria / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Sofía Miller, la brillante directora creativa de Big Eye Creative, y Sebastián Lombardi, el reservado CEO que lucha por salvar la empresa de su padre, se ven obligados a trabajar juntos. En el proceso, la tensión laboral se transforma en un amor apasionado. Sin embargo, la misma noche en que él le propone matrimonio, un rival provoca un trágico accidente de coche.Al despertar, Sofía recibe un doble impacto: Sebastián está en coma y ella espera un hijo suyo. Un año después, el CEO abre los ojos, pero una amnesia severa ha borrado su último año de recuerdos. Sebastián no reconoce a Sofía y cae en las redes de Daphne, su calculadora exprometida que vuelve para quedarse con su fortuna.Protegida en secreto por el abuelo de su bebé, Sofía regresa a la oficina y a la clínica para dar una batalla silenciosa. ¿Podrá el recuerdo de su amor y el latido de su hija Lucía romper el hielo de su memoria, o se perderá para siempre? Una historia de traición, intriga y reconquista.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 24. EL INSPECTOR DESARMADO

El lunes a las ocho en punto de la mañana, las puertas del ascensor principal de Big Eye Creative se abrieron para dar paso a la tormenta burocrática que Alan Vance nos había enviado. El inspector principal, el señor Arthur Sterling, cruzó el vestíbulo con un paso rígido y una expresión tan severa que parecía que venía a clausurar el edificio entero. Vestía un traje gris marengo impecable, cargaba un maletín de cuero rígido y sus ojos escudriñaban cada cubículo con una sospecha descarada. Detrás de él, Gladis caminaba a paso apurado, visiblemente intimidada por su presencia.

—Buenos días. Soy el auditor Sterling, enviado por la junta directiva de Sailing Dreams —anunció con una voz monótona y cortante al entrar al departamento creativo—. Exijo revisar los desgloses físicos de facturación y entrevistar a la jefatura provisional del área antes de pasar al despacho del director general. No toleraré retrasos ni pérdidas de tiempo.

Carla, que estaba organizando los bocetos semanales en la mesa central junto a los diseñadores, se enderezó de inmediato. Al ver el rostro rudo del inspector, tragó saliva, pero recordó el voto de confianza que le habían dado el viernes. Enderezó la espalda, se acomodó la tableta bajo el brazo y caminó hacia él con una sonrisa brillante y una soltura envidiable.

—¡Muy buenos días, señor Sterling! Sea usted bienvenido a nuestro rincón creativo —saludó Carla con entusiasmo, extendiéndole la mano—. Soy Carla, la coordinadora provisional del departamento. Estábamos esperándolo con muchísima ilusión. Por favor, acompáñeme a la sala de juntas, le tenemos preparado un café recién hecho y un espacio perfecto para que trabaje cómodo.

El auditor parpadeó un par de veces, notablemente descolocado por el desborde de amabilidad de la chica. Esperaba encontrar tensión, miedo o desorganización tras el despido de Tom, pero la frescura de Carla fue el primer golpe a su armadura de hielo.

—El café no alterará el rigor de mi inspección, señorita —masculló Sterling, aunque la siguió hacia la sala de juntas mientras el resto de los diseñadores lo miraban de reojo disimulando las risas.

Una vez instalados, el inspector abrió su maletín con parsimonia y sacó un fajo de carpetas. Comenzó a lanzar preguntas difíciles, casi con la intención de hacer tropezar a Carla: exigió los contratos de los proveedores de la imprenta digital, los reportes de caché de las pantallas de la estación central y las justificaciones de los céntimos en las variaciones de las paletas de colores. Sin embargo, Carla no titubeó ni una sola vez. Con una agilidad mental brillante, respondía a cada cuestionamiento técnico mostrando las gráficas en su tableta, explicando los procesos con palabras sencillas y demostrando un dominio absoluto del área.

—Como puede ver, señor Sterling, cada render está respaldado por una copia de seguridad encriptada —explicó Carla de forma jovial, guiñándole un ojo de forma sutil—. Aquí no se pierde ni un solo bit de información, y mucho menos un centavo del presupuesto de la corporación.

Mientras Carla desarmaba la primera línea de ataque del inspector en la sala de juntas, Sebastián y yo observábamos la escena a través del panel de cristal del pasillo. Mi jefe me tenía tomada de la mano por detrás de su espalda, dándome ligeros apretones que me recordaban el calor de nuestra noche en el sofá y me hacían sonreír en medio de la auditoría.

—Carla lo está haciendo de maravilla, preciosa —me susurró Sebastián al oído con esa voz ronca que me erizaba la piel—. Es hora de que entremos nosotros a dar el golpe de gracia con los balances contables que ordenamos el fin de semana.

Abrimos la puerta de la sala de juntas y entramos con una actitud tranquila y segura. El señor Sterling levantó la vista de sus papeles, con una expresión que ya no era tan ruda; de hecho, parecía un poco abrumado por la impecable elocuencia de Carla.

—Señor Lombardi, señorita Miller —pronunció el auditor, aclarándose la garganta—. Debo admitir que la gestión técnica de su coordinadora es notablemente eficiente. Sin embargo, la parte más crítica de mi auditoría radica en los balances financieros tras la salida de su anterior director de contabilidad. Alan Vance me informó que sus cuentas podrían estar comprometidas.

Sebastián soltó una pequeña carcajada, una risa jovial que terminó por relajar el ambiente por completo. Caminó hacia la mesa y colocó frente al inspector la carpeta azul que habíamos blindado durante el fin de semana.

—El señor Vance parece estar muy mal informado, señor Sterling —declaró Sebastián con total soltura, sentándose frente a él con elegancia—. Aquí tiene el desglose financiero completo, auditado y certificado por una firma externa independiente que contraté el sábado. Cada factura de Sailing Dreams está cruzada con los balances de entrega. No solo no falta un centavo, sino que gracias a la optimización de recursos que implementó la señorita Sofía, le hemos ahorrado a su corporación un ocho por ciento en los costos de impresión de la segunda fase.

El inspector Sterling abrió la carpeta con manos curiosas. A medida que sus ojos repasaban los gráficos perfectos, las cuentas claras al céntimo y el ahorro millonario que le estábamos regalando a su empresa, su rostro rígido se transformó por completo. Las comisuras de sus labios se elevaron en una sonrisa de pura satisfacción. Cerró el documento, se reclinó en su silla y dejó escapar un suspiro de alivio que sonó casi como un ronroneo de pura complacencia.

—Esto es... sencillamente impecable, señor Lombardi —admitió el auditor, con un tono de voz que había perdido toda la ruda rigidez con la que había entrado. Parecía un lindo gatito complacido tras recibir su porción de crema—. En mis veinte años de carrera, jamás había visto una agencia tan transparente y eficiente. El reporte que enviaré a la junta directiva de Sailing Dreams será extraordinario. Los felicito. Alan Vance no tendrá un solo argumento legal para objetar su trabajo.

—Es un placer trabajar con profesionales exigentes como usted, señor Sterling —le respondió Sebastián con una sonrisa de triunfo, estrechándole la mano formalmente.

Carla y yo compartimos una mirada de absoluta felicidad. El temible inspector rudo salía de la oficina completamente fascinado y tarareando una melodía alegre, con su maletín bajo el brazo. Habíamos desarmado la trampa contable de Alan sin perder nuestra frescura ni nuestra sonrisa.

Al quedarnos solos en el pasillo tras despedir al auditor, Sebastián me rodeó la cintura con sus brazos musculosos de forma rápida, aprovechando que los diseñadores estaban celebrando con Carla dentro de la sala. Me pegó a su pecho firme y me plantó un beso apasionado y rápido en los labios que me dejó temblando.

—Te lo dije, mi directora creativa estrella —me susurró contra los labios, con sus ojos brillando de puro amor y adrenalina—. Juntos somos invencibles. Alan Vance se acaba de quedar sin dientes otra vez.

Le sonreí, descansando mi cabeza en su hombro, sabiendo que habíamos ganado otra batalla. Sin embargo, sabíamos que el villano, al ver su auditoría fracasar de forma tan ridícula, se desesperaría aún más, acercándose poco a poco al abismo de su propio final.

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