Belleza fría y fuerza divina se entrelazan en una alianza que decidirá el equilibrio entre reinos que nunca dejaron de vigilarse.
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Capítulo 12: “Un contrato y dos anillos”
La tienda de Lyra estaba en silencio, salvo por el suave tintinear de frascos flotando sobre los estantes.
Victoria, ahora “Vira”, cruzó los brazos mientras observaba una bandeja llena de anillos encantados.
—Necesito unos anillos —dijo con total naturalidad.
Rafael, apoyado contra la pared, levantó una ceja.
—¿Y para qué?
Victoria lo miró como si la pregunta fuera absurda.
—¿No es obvio? Estamos comprometidos. Tú mismo hiciste ese contrato en mi reino. Si vamos a fingir ser comerciantes itinerantes, una pareja comprometida llama menos la atención que dos desconocidos viajando solos.
Rafael parpadeó.
—Estás bromeando. Usar anillos es una locura.
Lyra, que estaba clasificando joyas por nivel de energía mágica, intervino sin levantar la vista.
—Hazle caso. Las mujeres siempre tenemos la razón.
Rafael giró lentamente hacia ella.
—La última vez que dijiste eso terminamos en una emboscada.
Lyra sonrió inocentemente.
—Detalles técnicos.
Victoria se acercó a la mesa y tomó un anillo sencillo de plata con una runa casi invisible grabada en el interior.
—Además —añadió—, un compromiso falso crea una historia sólida. Si alguien pregunta, diremos que huimos para casarnos sin la aprobación de nuestras familias.
Rafael frunció el ceño.
—Eso implica que… —se detuvo.
—¿Qué? —Victoria inclinó la cabeza.
—Nada.
Lyra los miró con evidente diversión.
—Implicaría que él tendría que actuar como un prometido de verdad.
Rafael se tensó ligeramente.
—Puedo actuar.
Victoria sonrió.
—¿Ah sí? Entonces empieza por no parecer que te están llevando al cadalso.
Lyra dejó dos anillos sobre la mesa. Ambos eran simples, discretos. Pero al tocarlos, una leve vibración mágica recorrió el aire.
—Estos tienen un hechizo secundario —explicó—. Si uno de ustedes está en peligro inmediato, el otro sentirá un leve ardor en el anillo. No es muy potente, pero puede darles segundos valiosos.
Rafael observó la joya con atención.
—Eso sí es útil.
Victoria extendió la mano.
—Entonces no hay discusión.
Rafael suspiró. Tomó uno de los anillos y lo sostuvo entre sus dedos.
—Esto es solo estrategia.
—Por supuesto —respondió Victoria demasiado rápido.
Lyra carraspeó.
—Ajá.
Rafael, con expresión seria, tomó la mano de Victoria.
Por un segundo, el ambiente se volvió extrañamente quieto.
No era un gesto político.
No era una orden.
Era simplemente su mano sosteniendo la de ella.
Victoria notó que, a pesar de su calma habitual, los dedos de Rafael estaban ligeramente tensos.
—No tardes tanto —murmuró ella—. Es solo un anillo.
Rafael deslizó la joya en el dedo de Victoria.
El metal brilló un instante y luego se ajustó perfectamente.
Una sensación cálida recorrió la piel de ambos.
Victoria evitó mirarlo directamente.
—Ahora tú —dijo, tomando el otro anillo.
Rafael extendió la mano sin protestar.
Cuando ella colocó el anillo en su dedo, la runa interna emitió un brillo tenue y luego desapareció.
Lyra sonrió satisfecha.
—Perfecto. Ahora sí parecen una pareja.
Rafael retiró la mano lentamente.
—No exageres.
Victoria dio un paso atrás, observándolo con falsa evaluación crítica.
—Te falta práctica.
—¿En qué exactamente?
Ella se acercó de repente y tomó su brazo con naturalidad.
—En esto.
Rafael se quedó rígido.
Lyra soltó una pequeña risa.
—Si van a fingir, háganlo bien. La gente nota cuando hay distancia.
Victoria apoyó ligeramente la cabeza en el hombro de Rafael, solo por un instante.
—Relájate —susurró—. Es por supervivencia.
Rafael inhaló despacio.
—Claro. Supervivencia.
Pero su mirada bajó involuntariamente hacia las manos entrelazadas.
Y por primera vez desde que huyeron…
No parecía estar pensando en estrategia.
Victoria lo soltó antes de que el silencio se volviera incómodo.
—Bien, prometido. ¿Cuál es el siguiente paso?
Rafael recuperó su compostura habitual.
—Buscar información en el gremio de comerciantes. Si alguien movió piezas para incriminarte, necesitó apoyo financiero o político.
Lyra asintió.
—Cuidado. Aquí también hay ojos y oídos.
Victoria miró su reflejo en un pequeño espejo.
Cabello oscuro. Ojos verdes. Un anillo plateado brillando discretamente.
Ya no era la princesa acusada.
Era una mujer con una misión.
Giró hacia Rafael.
—Vamos, Rael.
Él asintió.
—Como ordenes… Vira.
Y mientras salían de la tienda, los anillos brillaron apenas bajo la luz del sol.
No eran símbolos reales.
No eran promesas eternas.
Pero, en medio de traiciones y exilios…
Eran el único vínculo visible que tenían el uno con el otro.
Capítulo 12 – Parte 2
“Demasiado convincente”
El mercado central del reino estaba lleno de voces, carretas y telas de colores ondeando con el viento.
Victoria caminaba tomada del brazo de Rafael con naturalidad casi impecable. Su expresión era tranquila, incluso ligeramente orgullosa.
Rafael, en cambio, parecía estar en medio de una batalla invisible.
—Estás demasiado tenso —murmuró ella sin mirarlo.
—Estoy evaluando el entorno.
—Estás caminando como si fueras a ejecutar a alguien.
Rafael relajó apenas los hombros.
—No es costumbre fingir compromisos.
Victoria sonrió apenas.
—Entonces aprende rápido.
Un grupo de comerciantes pasó junto a ellos. Uno de ellos miró el anillo en la mano de Victoria y sonrió.
—¿Recién comprometidos?
Victoria reaccionó antes que Rafael.
—Sí —respondió con una sonrisa suave—. Huimos para poder casarnos sin interferencias.
El hombre soltó una carcajada comprensiva.
—Ah, jóvenes valientes. Que la fortuna los acompañe.
Cuando se alejaron, Rafael habló en voz baja.
—Eso fue convincente.
—Gracias.
—Demasiado convincente.
Victoria lo miró de reojo.
—¿Celoso?
—No.
—Mentiroso.
Rafael no respondió.
Llegaron frente al edificio del gremio de comerciantes. Era grande, con columnas de piedra y el emblema del comercio tallado sobre la puerta.
Victoria disminuyó el paso.
—Recuerda —susurró—, pareja comprometida.
Rafael asintió.
Entraron.
El interior era amplio y lleno de mesas donde se firmaban contratos. Hombres y mujeres discutían precios, rutas y cargamentos.
Un funcionario se acercó.
—¿En qué puedo ayudarlos?
Rafael habló con tono firme pero medido.
—Buscamos información sobre movimientos recientes de armas y mercenarios. Estamos considerando invertir en rutas más seguras.
El hombre los evaluó.
—Eso es información delicada.
Victoria intervino, apoyando ligeramente la mano sobre el pecho de Rafael.
—Mi prometido es muy cuidadoso. Solo queremos evitar riesgos innecesarios.
El funcionario observó el gesto… y luego los anillos.
Su postura cambió levemente.
—Entiendo. Ha habido actividad inusual en la frontera oriental. Un noble extranjero financió varios movimientos discretos hace unas semanas.
El corazón de Victoria dio un vuelco.
—¿Nombre? —preguntó Rafael.
—No se registró oficialmente. Pero el intermediario provenía del reino vecino al suyo.
Silencio.
Rafael lo notó. Sintió un leve calor en su anillo.
Miró la mano de Victoria.
Ella mantenía la calma exterior… pero estaba conteniendo algo.
El funcionario continuó.
—Si buscan seguridad, eviten esa zona. Algo grande se está moviendo.
Rafael asintió.
—Agradecemos la advertencia.
Salieron del gremio sin apresurarse.
Solo cuando doblaron la esquina, Victoria soltó su brazo.
—Fue él —dijo en voz baja.
—No tenemos pruebas aún.
—Mi ex prometido tenía conexiones allí.
Rafael la observó con atención.
El anillo aún conservaba un leve calor.
—Estás enojada.
—Estoy cansada.
Por un segundo, la máscara segura se quebró.
—Me arrebataron a mi padre. Mi reino. Mi nombre.
Rafael dio un paso más cerca.
—Y vamos a recuperarlo.
Victoria lo miró fijamente.
—No porque sea tu deber.
—No.
—Entonces ¿por qué?
Rafael sostuvo su mirada.
—Porque elegí estar contigo. Lo dije antes.
El mercado seguía ruidoso alrededor, pero entre ellos el mundo parecía haberse reducido a un espacio pequeño y silencioso.
Victoria bajó la vista hacia sus manos.
—Esto empezó como un contrato.
—Lo sé.
—No olvides eso.
Rafael respondió con calma.
—No olvido nada.
Pero cuando ella volvió a tomar su brazo para seguir caminando…
Ya no parecía solo actuación.
Y esta vez, Rafael no se tensó.
Continuará…