Ella pasa una noche con un Ceo Y ese luego la secuestra al creer que ella esconde a su hijo
NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 9
El silencio aún pesaba en el aire.
Valentina no podía dejar de mirar a Mateo.
Algo en él…
había cambiado.
O quizás…
siempre fue así y recién ahora lo estaba viendo.
Sin pensarlo más—
dio un paso atrás.
Y luego otro.
Hasta que chocó contra Adrián.
Y lo abrazó.
Fuerte.
Como si fuera su única salida.
—No me quiero quedar aquí… —murmuró, con miedo real esta vez.
Adrián la rodeó de inmediato.
Protector.
—Tranquila… no te va a hacer nada.
Error.
Grave error.
Mateo los observó.
En silencio.
Pero sus ojos…
se oscurecieron.
—Suéltala.
Adrián no se movió.
—No.
Mateo no repitió la orden.
No hizo falta.
Solo levantó ligeramente la mano.
Un gesto.
Pequeño.
Suficiente.
En segundos, los guardias intervinieron.
Separándolos.
Valentina soltó un pequeño grito al sentir cómo la alejaban.
—¡No! ¡Adrián!
—¡Suéltenla! —exigió él, forcejeando.
Pero Mateo ya estaba caminando hacia ella.
Lento.
Decidido.
Como si nada más importara.
—Mateo, no— —empezó Adrián.
Demasiado tarde.
Mateo tomó a Valentina.
Y la levantó en sus brazos sin esfuerzo.
—¡Bájame! —protestó ella de inmediato, golpeándole la espalda—. ¡Suéltame!
Él no respondió.
Ni siquiera se inmutó.
—¡Mateo, te estoy hablando!
Nada.
Siguió caminando.
Como si sus golpes no existieran.
Como si su resistencia fuera… insignificante.
Valentina se agitó más.
—¡Suéltame! ¡No soy tuya!
Esa frase…
hizo que Mateo se detuviera un segundo.
Solo un segundo.
Pero no la soltó.
Al contrario.
La sostuvo más firme.
—Eso también lo veremos —murmuró.
Y siguió avanzando.
Valentina dejó de golpearlo poco a poco.
No porque quisiera.
Sino porque…
no servía de nada.
Apoyada contra su hombro, respirando agitada, miró hacia atrás.
Buscando a Adrián.
—¡Adrián!
Pero él no podía alcanzarla.
Los guardias lo retenían.
Y eso…
la hizo sentir completamente atrapada.
Mateo no miró atrás.
No dudó.
Nada.
Porque para él…
ya no había opción.
—Te lo advertí —dijo en voz baja mientras la cargaba—. No vas a irte.
Valentina cerró los ojos un segundo.
Frustrada.
Asustada.
Enojada.
Y por primera vez…
sin saber cómo salir de ahí.
Mateo no se detuvo hasta llegar a su habitación.
La puerta se cerró de un golpe seco detrás de ellos.
Click.
Ese sonido…
hizo que todo se sintiera más definitivo.
Más encerrado.
Valentina volvió a forcejear.
—¡Suéltame de una vez!
Mateo la bajó finalmente.
Pero no se alejó.
La sostuvo por los brazos un segundo más, asegurándose de que no corriera.
—Ya basta —dijo, serio.
Valentina se soltó con fuerza.
Retrocediendo.
—¿Basta? —repitió, incrédula—. ¡¿Tú hablas de basta?!
Se llevó una mano al pecho, respirando agitada.
—¡Esto no es normal, Mateo! ¡No puedes decidir sobre mi vida!
Él la observó en silencio.
Sin perder la calma.
Pero por dentro…
no estaba tranquilo.
—Tú tampoco puedes decidir irte con él —respondió finalmente.
—¡Claro que puedo!
—No.
Ese “no” fue firme.
Absoluto.
Valentina lo miró, furiosa.
—No eres nadie para decirme eso.
Silencio.
Mateo dio un paso hacia ella.
—Soy el único que no te va a dejar cometer el mismo error otra vez.
Eso la descolocó.
—¿De qué error hablas?
Pero él no respondió.
La miraba como si viera algo más allá de ella.
Algo del pasado.
—Siempre eliges huir —murmuró.
Valentina frunció el ceño.
—¡No estoy huyendo! ¡Estoy intentando salir de una situación absurda!
—Con él —añadió Mateo, más bajo.
Ahí estaba.
El verdadero problema.
Valentina lo entendió al instante.
—¿Esto es por Adrián?
Mateo no respondió.
Pero su mirada lo confirmó.
—Dios… —soltó ella, pasando una mano por su cabello—. ¿Estás celoso?
Mateo soltó una leve risa sin humor.
—No.
—Sí, lo estás.
—No lo estoy.
—Entonces deja que me vaya con él.
Silencio.
Mateo no respondió.
Valentina cruzó los brazos.
—Eso pensé.
La tensión volvió.
Más fuerte.
Más personal.
Mateo se acercó otro paso.
—No es por celos.
—Entonces, ¿qué es?
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces—
—Porque ya te perdí una vez.
Las palabras salieron sin filtro.
Crudas.
Reales.
Valentina se quedó quieta.
—Y no va a volver a pasar —añadió él, más bajo.
El aire cambió.
Ya no era solo control.
Ni obsesión.
Era algo más profundo.
Más peligroso.
Valentina lo miró.
Confundida.
Afectada.
—Pero yo no recuerdo haberte perdido… —susurró.
Eso lo golpeó.
Fuerte.
Mateo apretó la mandíbula.
—Ese es el problema.
Silencio.
Pesado.
Valentina bajó la mirada un segundo.
Procesando.
Y luego lo miró otra vez.
Más seria.
—Esto no es amor, Mateo —dijo—. Esto es control.
Él negó lentamente.
—No.
—Sí lo es.
—No entiendes nada.
—Entonces explícamelo —lo desafió.
Mateo la miró.
Intenso.
Como si quisiera decir algo…
pero no pudiera.
Como si no supiera por dónde empezar.
—No puedo —murmuró finalmente.
Valentina soltó una risa pequeña, triste.
—Exacto.
Silencio.
Pero esta vez…
no había gritos.
Solo distancia.
Una que ninguno de los dos sabía cómo cerrar.
—Quiero irme —dijo ella, más tranquila ahora.
Mateo cerró los ojos un segundo.
Respiró hondo.
Y cuando los abrió…
su decisión seguía ahí.
Intacta.
—No.
Valentina asintió lentamente.
Como si ya esperara esa respuesta.
—Entonces esto no ha terminado.
Mateo inclinó levemente la cabeza.
—Nunca empezó.
Y ahí quedó.
Dos personas.
Un pasado roto.
Y una verdad…
que aún no estaba lista para salir.