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Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:20.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

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Capitulo 10

La mansión Volkov dormía bajo un silencio sepulcral, ese tipo de calma tensa que suele preceder a las tormentas. Tras la desastrosa cena, Elena se había refugiado en su habitación, pero no se había quitado la ropa de dormir. Se sentía inquieta, con los sentidos alerta. El aire acondicionado zumbaba con una monotonía metálica, pero por encima de ese ruido, un instinto desarrollado en años de guardias hospitalarias le gritó que algo andaba mal.

​De pronto, un grito desgarrador, pequeño pero cargado de terror, cortó la noche.

​Elena saltó de la cama antes de ser consciente de ello. Corrió por el pasillo en su pijama de algodón gris, descalza, con el corazón golpeándole las costillas. Al entrar en la habitación de Ian, lo encontró agitándose violentamente entre las sábanas de seda.

​—¡No! ¡Déjenme! ¡No quiero! —gritaba el niño, atrapado en una pesadilla vívida.

​Elena se lanzó a su lado. Al poner la mano sobre su pecho, sintió lo que más temía: el corazón de Ian no latía, galopaba. Era una arritmia severa, un ritmo caótico que amenazaba con detenerse en cualquier momento. El monitor cardíaco empezó a emitir un pitido agudo y constante, una alarma que rasgó la paz de la casa.

​—Ian, mírame. Soy Elena. Respira conmigo —le pidió, manteniendo la voz firme a pesar de la descarga de adrenalina.

​En ese momento, la puerta se abrió de golpe. Liam apareció en el umbral, con el cabello revuelto y vistiendo solo un pantalón de pijama negro. Su rostro estaba pálido, desencajado por el miedo primario de ver a su hijo al borde del abismo.

​—¡Ian! ¿Qué está pasando? —exclamó Liam, intentando acercarse, pero Elena lo detuvo con un gesto imperioso de la mano.

​—¡Quédate ahí! ¡Necesita aire! —ordenó ella sin mirarlo.

​Elena no perdió un segundo en buscar medicinas que tardarían minutos en hacer efecto. Sabía que esta crisis era emocional y física a la vez. Aplicó una maniobra de masaje carotídeo con una precisión quirúrgica, buscando estimular el nervio vago para frenar el corazón desbocado del niño.

​—Ian, escúchame bien. Estás a salvo. El monstruo ya se fue. Vamos a contar tus latidos, uno a uno —le susurró al oído.

​El niño tenía los ojos desorbitados, fijos en el techo, luchando por aire. Liam, desde la puerta, sentía que sus propios pulmones se cerraban. Ver a su hijo así, tan pequeño y tan cerca de la muerte, le hizo comprender la futilidad de sus millones, de su poder y de su orgullo. No era el CEO de un imperio; era un hombre impotente viendo cómo una mujer de pijama gris luchaba por la vida de lo que más amaba.

​Elena, al ver que la maniobra física no era suficiente para calmar la angustia del niño, hizo algo que Liam no esperaba. Lo tomó en sus brazos, acunándolo contra su pecho, ignorando los cables que los unían a las máquinas. Empezó a balancearse suavemente y, con una voz dulce y profunda que Liam nunca le había escuchado, comenzó a cantar una vieja canción de cuna en español.

​Era una melodía suave, llena de "oes" y "aes" que parecían envolver la habitación en una manta de calidez.

​“Duerme, duerme, pequeño guerrero… que la luna cuida tu sueño…”

​Poco a poco, los espasmos de Ian cesaron. Sus respiraciones, antes cortas y agónicas, empezaron a profundizarse. El monitor cardíaco, ese juez implacable de la noche, cambió su ritmo. El pitido errático se transformó en un bum-bum constante y rítmico.

​Liam observaba la escena desde la penumbra del marco de la puerta. Sus manos, que antes estaban apretadas en puños, se relajaron. Sintió una opresión en la garganta que no tenía nada que ver con la angustia y sí con algo mucho más peligroso: la admiración.

​Vio a Elena acariciar el cabello sudado de Ian, vio cómo el niño se aferraba a la camiseta de ella como si fuera su único ancla en el mundo. Por primera vez, Liam comprendió que el tratamiento de Elena no era solo ciencia; era una entrega absoluta. Ella estaba dándole a Ian la seguridad que él, en su rigidez y su miedo a perderlo, le había negado.

​Ian finalmente cerró los ojos, hundiéndose en un sueño tranquilo y real. Elena se quedó así, abrazándolo durante largos minutos, hasta estar segura de que la tormenta había pasado por completo. Cuando finalmente lo acomodó en la almohada, se levantó con cuidado y se giró hacia la puerta.

​Se encontró con la mirada de Liam. Ya no había hielo en esos ojos azules; solo una gratitud cruda y dolorosa.

​—Está estable —susurró Elena, secándose una gota de sudor de la frente—. Fue un terror nocturno que desencadenó la arritmia. Su corazón está muy sensible, Liam. No aguanta más tensiones.

​Liam entró en la habitación lentamente, como si temiera romper el frágil equilibrio de la paz recuperada. Se detuvo frente a Elena. Estaban tan cerca que ella podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo y ver el leve temblor en sus manos.

​—Gracias —dijo Liam. Su voz era apenas un hilo de sonido, despojada de toda autoridad—. Yo… no habría sabido qué hacer. Me quedé congelado.

​—Es tu hijo, Liam. Es normal tener miedo —respondió ella con una suavidad que lo desarmó.

​—No es solo eso —Liam bajó la vista hacia Ian y luego volvió a mirarla a ella—. Me di cuenta de que él te necesita. Mucho más de lo que necesita mis reglas o mis médicos de renombre. Te necesita para poder ser un niño otra vez.

​Liam hizo una pausa, y por un segundo, Elena creyó ver una chispa de algo más profundo en su mirada, algo que iba más allá del contrato y de la medicina.

​—Y creo que… —continuó él, dando un paso casi imperceptible hacia ella—… quizás yo también necesito que estés aquí. He estado viviendo en una casa vacía durante años, Elena.

Convenciéndome de que el silencio era orden. Pero esta noche, cuando te escuché cantar… sentí que este lugar volvía a tener alma.

​Elena sintió un vuelco en el estómago. La vulnerabilidad de Liam era más seductora que cualquier despliegue de poder. En esa habitación en penumbra, con el único sonido de la respiración rítmica del niño, la hostilidad entre ambos pareció disolverse en algo nuevo, algo que la asustaba tanto como a él.

​—Solo hago mi trabajo, Liam —dijo ella, intentando recuperar su defensa, aunque su voz la traicionó con un leve quiebre.

​—No —respondió él, extendiendo una mano y rozando con la punta de sus dedos el brazo de ella—. Esto no es un trabajo. Nadie canta así por un salario.

​El contacto eléctrico del jardín volvió a manifestarse, pero esta vez no había rabia para ocultarlo. Era un reconocimiento mutuo de dos almas que, a pesar de venir de mundos opuestos, habían encontrado un propósito común.

​Liam la miró intensamente, y por un momento, Elena pensó que él la besaría allí mismo, entre los monitores y las sombras. Pero Liam se contuvo. Simplemente suspiró, un suspiro que pareció soltar años de soledad

​—Ve a descansar, Elena —le dijo suavemente—. Yo me quedaré con él el resto de la noche. Te lo prometo… no me dormiré.

​Elena asintió, sintiendo que sus piernas flaqueaban un poco. Caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se giró.

—Mañana buscaremos qué causó esa pesadilla, Liam. No fue casualidad.

​Liam asintió, sentándose en la silla al lado de la cama de su hijo, la misma silla donde antes Elena le había enseñado a ser padre. Mientras ella se alejaba por el pasillo, Liam se quedó mirando la figura dormida de Ian. Se dio cuenta de que Sabrina, con toda su elegancia y sus planes de boda, nunca habría corrido descalza para salvar a nadie.

​Esa noche, Liam Volkov finalmente aceptó la verdad: la doctora sin filtros había entrado en su vida para salvar el corazón de su hijo, pero en el proceso, estaba derribando los muros del suyo. Y por primera vez en mucho tiempo, Liam no quería reconstruirlos.

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Melisuga
Es una linda historia.
😍😍😍
Melisuga
¿Está embarazada?
😃
Melisuga
¿El mayordomo también es de apellido Petrov?
😳😳😳
Melisuga
No sé de dónde saca Ian que el olor a limón es malo. 🤔
Melisuga
Espero que Ian esté mencionando a Petrov porque no sabe que fue despedido y no porque Liam lo dejó trabajando con él a pesar de su traición.
Melisuga
¡Bien por Elena!
👏🏼👏🏼👏🏼
Demuestra que es una persona fiel a sus principios y a sí misma.
Melisuga
¡Calladita te ves más bonita, Sabrina! Estás poniendo más clavos en el ataúd de tu familia con semejante confesión.
Melisuga
¡Qué horror!
😱😱😱
Maritza Suarez
👍
Melisuga
Ya me extrañaba que Liam fuera desfalcado por Sabrina de esa manera tan burda.
Melisuga
¿Liam no tiene también una empresa de ciberseguridad?
Melisuga
¿Pero a Sabrina no se la habían llevado presa del hospital?
Melisuga
O sea, ¿No usaron el quirófano con los monitores manipulados para el engaño? Espero que así haya sido.
Melisuga
Espero que también cambie el quirófano al que llevará a Ian.
Melisuga
Debió mandarle el audio a Liam sin decirle a Sabrina que lo había grabado. 🤷🏻‍♀️
Melisuga
Quiero creer que todo es un montaje de Liam para que Sabrina se confíe. Caso contrario, ¡Que se vaya al mismísimo infierno Liam por estúpido, imbécil, prepotente y soberbio!
🤬🤬🤬
Melisuga
Liam no es más tonto porque no practica. ¿Desde cuándo Elena conoce sus secretos industriales? Pero aún, ¿Cómo es capaz de equiparar la salud de su hijo a sus empresas? Realmente, Elena merece salvar a Ian y luego seguir su vida y encontrar un hombre que la valore y ame sin secretos ni desconfianza. Si al final de la novela se queda con Liam, me entristecerá muchísimo su perdida de dignidad y amor propio.
Melisuga
No pueden salirle mal las cosas a Elena. Es entendible que aparezcan imprevistos en el transoperatorio pero, por favor, estimada escritora, que no pase a mayores.
Melisuga
Espero que revise su maletín antes de salir. Es algo que hace cualquier profesional de la salud cuando va a enfrentarse a cualquier situación: verificar sus herramientas y suministros.
Melisuga
Espero que ocurra algún imprevisto de último minuto que impida que logren llevar a cabo tan maquiavélico plan.
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