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Salvando Al Heredero

Salvando Al Heredero

Status: Terminada
Genre:Romance / Padre soltero / Hijo/a genio / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:260.9k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Lobelia

​Liam Volkov es un CEO implacable que cree que el dinero puede comprarlo todo, excepto la salud de su único heredero, el pequeño Ian, quien padece una enfermedad cardíaca degenerativa. Desesperado y tras haber despedido a diez especialistas, se cruza con la Dra. Elena Ríos, una cardióloga brillante, extrovertida y sin filtros que no le teme a sus gritos ni a su fortuna.
​Mientras la villana, Sabrina Valois (la ambiciosa prometida de Liam), planea la "muerte accidental" del niño para heredar la fortuna Volkov, Elena se convierte en el escudo de Ian. Pero en el proceso de salvar la vida del pequeño, Elena terminará operando el órgano más difícil de tratar: el corazón de piedra de su padre.

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Capitulo 10

La mansión Volkov dormía bajo un silencio sepulcral, ese tipo de calma tensa que suele preceder a las tormentas. Tras la desastrosa cena, Elena se había refugiado en su habitación, pero no se había quitado la ropa de dormir. Se sentía inquieta, con los sentidos alerta. El aire acondicionado zumbaba con una monotonía metálica, pero por encima de ese ruido, un instinto desarrollado en años de guardias hospitalarias le gritó que algo andaba mal.

​De pronto, un grito desgarrador, pequeño pero cargado de terror, cortó la noche.

​Elena saltó de la cama antes de ser consciente de ello. Corrió por el pasillo en su pijama de algodón gris, descalza, con el corazón golpeándole las costillas. Al entrar en la habitación de Ian, lo encontró agitándose violentamente entre las sábanas de seda.

​—¡No! ¡Déjenme! ¡No quiero! —gritaba el niño, atrapado en una pesadilla vívida.

​Elena se lanzó a su lado. Al poner la mano sobre su pecho, sintió lo que más temía: el corazón de Ian no latía, galopaba. Era una arritmia severa, un ritmo caótico que amenazaba con detenerse en cualquier momento. El monitor cardíaco empezó a emitir un pitido agudo y constante, una alarma que rasgó la paz de la casa.

​—Ian, mírame. Soy Elena. Respira conmigo —le pidió, manteniendo la voz firme a pesar de la descarga de adrenalina.

​En ese momento, la puerta se abrió de golpe. Liam apareció en el umbral, con el cabello revuelto y vistiendo solo un pantalón de pijama negro. Su rostro estaba pálido, desencajado por el miedo primario de ver a su hijo al borde del abismo.

​—¡Ian! ¿Qué está pasando? —exclamó Liam, intentando acercarse, pero Elena lo detuvo con un gesto imperioso de la mano.

​—¡Quédate ahí! ¡Necesita aire! —ordenó ella sin mirarlo.

​Elena no perdió un segundo en buscar medicinas que tardarían minutos en hacer efecto. Sabía que esta crisis era emocional y física a la vez. Aplicó una maniobra de masaje carotídeo con una precisión quirúrgica, buscando estimular el nervio vago para frenar el corazón desbocado del niño.

​—Ian, escúchame bien. Estás a salvo. El monstruo ya se fue. Vamos a contar tus latidos, uno a uno —le susurró al oído.

​El niño tenía los ojos desorbitados, fijos en el techo, luchando por aire. Liam, desde la puerta, sentía que sus propios pulmones se cerraban. Ver a su hijo así, tan pequeño y tan cerca de la muerte, le hizo comprender la futilidad de sus millones, de su poder y de su orgullo. No era el CEO de un imperio; era un hombre impotente viendo cómo una mujer de pijama gris luchaba por la vida de lo que más amaba.

​Elena, al ver que la maniobra física no era suficiente para calmar la angustia del niño, hizo algo que Liam no esperaba. Lo tomó en sus brazos, acunándolo contra su pecho, ignorando los cables que los unían a las máquinas. Empezó a balancearse suavemente y, con una voz dulce y profunda que Liam nunca le había escuchado, comenzó a cantar una vieja canción de cuna en español.

​Era una melodía suave, llena de "oes" y "aes" que parecían envolver la habitación en una manta de calidez.

​“Duerme, duerme, pequeño guerrero… que la luna cuida tu sueño…”

​Poco a poco, los espasmos de Ian cesaron. Sus respiraciones, antes cortas y agónicas, empezaron a profundizarse. El monitor cardíaco, ese juez implacable de la noche, cambió su ritmo. El pitido errático se transformó en un bum-bum constante y rítmico.

​Liam observaba la escena desde la penumbra del marco de la puerta. Sus manos, que antes estaban apretadas en puños, se relajaron. Sintió una opresión en la garganta que no tenía nada que ver con la angustia y sí con algo mucho más peligroso: la admiración.

​Vio a Elena acariciar el cabello sudado de Ian, vio cómo el niño se aferraba a la camiseta de ella como si fuera su único ancla en el mundo. Por primera vez, Liam comprendió que el tratamiento de Elena no era solo ciencia; era una entrega absoluta. Ella estaba dándole a Ian la seguridad que él, en su rigidez y su miedo a perderlo, le había negado.

​Ian finalmente cerró los ojos, hundiéndose en un sueño tranquilo y real. Elena se quedó así, abrazándolo durante largos minutos, hasta estar segura de que la tormenta había pasado por completo. Cuando finalmente lo acomodó en la almohada, se levantó con cuidado y se giró hacia la puerta.

​Se encontró con la mirada de Liam. Ya no había hielo en esos ojos azules; solo una gratitud cruda y dolorosa.

​—Está estable —susurró Elena, secándose una gota de sudor de la frente—. Fue un terror nocturno que desencadenó la arritmia. Su corazón está muy sensible, Liam. No aguanta más tensiones.

​Liam entró en la habitación lentamente, como si temiera romper el frágil equilibrio de la paz recuperada. Se detuvo frente a Elena. Estaban tan cerca que ella podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo y ver el leve temblor en sus manos.

​—Gracias —dijo Liam. Su voz era apenas un hilo de sonido, despojada de toda autoridad—. Yo… no habría sabido qué hacer. Me quedé congelado.

​—Es tu hijo, Liam. Es normal tener miedo —respondió ella con una suavidad que lo desarmó.

​—No es solo eso —Liam bajó la vista hacia Ian y luego volvió a mirarla a ella—. Me di cuenta de que él te necesita. Mucho más de lo que necesita mis reglas o mis médicos de renombre. Te necesita para poder ser un niño otra vez.

​Liam hizo una pausa, y por un segundo, Elena creyó ver una chispa de algo más profundo en su mirada, algo que iba más allá del contrato y de la medicina.

​—Y creo que… —continuó él, dando un paso casi imperceptible hacia ella—… quizás yo también necesito que estés aquí. He estado viviendo en una casa vacía durante años, Elena.

Convenciéndome de que el silencio era orden. Pero esta noche, cuando te escuché cantar… sentí que este lugar volvía a tener alma.

​Elena sintió un vuelco en el estómago. La vulnerabilidad de Liam era más seductora que cualquier despliegue de poder. En esa habitación en penumbra, con el único sonido de la respiración rítmica del niño, la hostilidad entre ambos pareció disolverse en algo nuevo, algo que la asustaba tanto como a él.

​—Solo hago mi trabajo, Liam —dijo ella, intentando recuperar su defensa, aunque su voz la traicionó con un leve quiebre.

​—No —respondió él, extendiendo una mano y rozando con la punta de sus dedos el brazo de ella—. Esto no es un trabajo. Nadie canta así por un salario.

​El contacto eléctrico del jardín volvió a manifestarse, pero esta vez no había rabia para ocultarlo. Era un reconocimiento mutuo de dos almas que, a pesar de venir de mundos opuestos, habían encontrado un propósito común.

​Liam la miró intensamente, y por un momento, Elena pensó que él la besaría allí mismo, entre los monitores y las sombras. Pero Liam se contuvo. Simplemente suspiró, un suspiro que pareció soltar años de soledad

​—Ve a descansar, Elena —le dijo suavemente—. Yo me quedaré con él el resto de la noche. Te lo prometo… no me dormiré.

​Elena asintió, sintiendo que sus piernas flaqueaban un poco. Caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se giró.

—Mañana buscaremos qué causó esa pesadilla, Liam. No fue casualidad.

​Liam asintió, sentándose en la silla al lado de la cama de su hijo, la misma silla donde antes Elena le había enseñado a ser padre. Mientras ella se alejaba por el pasillo, Liam se quedó mirando la figura dormida de Ian. Se dio cuenta de que Sabrina, con toda su elegancia y sus planes de boda, nunca habría corrido descalza para salvar a nadie.

​Esa noche, Liam Volkov finalmente aceptó la verdad: la doctora sin filtros había entrado en su vida para salvar el corazón de su hijo, pero en el proceso, estaba derribando los muros del suyo. Y por primera vez en mucho tiempo, Liam no quería reconstruirlos.

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Ivania Flores
seguro gue sa ri a y su a ido don cómplice de gue muera el 👦 para guitarle ka esencia es un comploc3
Ivania Flores
🤭🤭🤭🤭z no decir gue que casa ebtro la orma de su zapato 🤣🤣🤣🤣 selo merece gue le aya dicho gue la aviación ueke adibero acumulado xgue los juguetes caros ni siguiera se qn utilizando 🐵🐵🐵🐵👀👀👀🤭🤭🤭🤭🤭
Ivania Flores
bueno su carácter 🐵🐵🐵🐵🐵🐵 gue no es avariodosa al dinero y demostrar gue el dinero no es todo en la vida 👧👧👧👧👧 el dinero no lo es todo en la vida y aunque tenga wl dinero el sumo de lo arrogante se los viajaron asta wl suelo x no decir aúna silla de plástico 🤣🤣🤣🤣🤣🤣 ql mejo mono se le cae el zapote🤭🤭🤭🤭🤭👀👀👀👀👀
Adriana Alvarez
felicidades escritora bonita historia
Elvia Crespo
Bien por Elena que sude el. amino a la redencion👏👏👏👏
Daiana Martínez
hermosa novela
Elvia Crespo
No puede ser más idiota ese Volkot después de.ver los resultados de que Sabrina estaba envenenando a Ian, todavía confía en ella, yo no le perdono nada. Espero que mañana salve a Ian
Norma Beatriz Oviedo
no era que la habían atrapado saliendo de la mansión? buena HISTORIA MUY mal desarrollada, sinceramente tendrían que prohibirle escribir incoherencias en las historias
Norma Beatriz Oviedo
anteriormente Sabría esta retenida por Petrov, luego llego la policía y la saco esposada. Como cuernos llego a la mansión, muchas incoherencias
Adriana Elizabeth Nieva
Muy linda tu historia. Felicidades!! 🌹🌹🌹🌹🌹👏👏👏👏👏
Iraida Rangel
no hay consistencia, dónde el dinero y apariencia importan más que la vida de su hijo
Iraida Rangel
De verdad que esta novela es contradictoria y el no quiere a su hijo, creo que le importa más las apariencias que la familia, de verdad que no tiene consistencia
Andrea Barrientos
la verdad no me gusta criticar ninguna de las obras que he leído, pero esta me confunde, en un capítulo se van para analizar el frasco y al capítulo siguiente el se va a una fiesta con su prometida. cuando la doctora salva al hijo, el padre dice que tienen a la enfermera y que confesó que fue su prometida la culpable y pidió a sus guardias que la lleven con sus padres y que les digan que no habría más cooperación y que eran enemigos y ahora sigue ella en la casa como si nada. la verdad x más que quiera saber como se desarrolla la novela, con estas confusiones no dan ganas d seguir leyendo. Autora la trama es buena pero esta confuso en cada capítulo.
Elinol Duerto
muy buena historia. con algunas perdidas de hilo narrativo pero nada que no pueda ser corregido. me encantó tu novela
Sergio Fernandez Diaz
mu bonita historia 👏
Maria Gudiño
se pasó de ingenua como le va ha mostrar la grabación 😱😱🤔🤔
Maria Gudiño
no entiendo tiene cámaras y no tienen audios,y como es que que si la habitación de Elena está monitoreada el ni puede ver lo que la maldita bruja esa 😡🤬🤬🤬🤬
Maria Luisa Cornara de Bodart
si está te linda. .. ojalá que descubra quien es la maldita que está envenenando al pobre niño ..😭😭😭
Carolina Paredes
recien lo dices 🤡 tal palo niño tenias q hablar mmm
Carolina Paredes
otra vez 🤡
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