⚠️➕21 no denunciar ⚠️, ZAIRO y RUBÍ, una pareja de sicarios independientes, que cobran millones por cada trabajo bien realizado...
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18: la katana vale una fortuna
Los días en la casa de Kendall habían transcurrido con una calma tensa pero necesaria. Rubí mejoraba cada vez más. Ya podía moverse con mayor libertad, aunque todavía sentía un tirón agudo cuando se giraba demasiado rápido. Zairo, por su parte, no dejaba de vigilar las ventanas y revisar los alrededores cada pocas horas.
Esa mañana del sexto día, mientras Rubí preparaba café en la cocina, Zairo decidió revisar la katana con más detalle. Sacó la pieza del estuche protector que habían improvisado y la colocó con cuidado sobre la mesa de la sala. La hoja curvada brillaba con una belleza casi hipnótica bajo la luz que entraba por la ventana. La vaina de laca negra estaba adornada con delicados grabados en oro y jade que parecían contar una historia antigua.
Era una obra de arte única: ligera, perfectamente balanceada y con un filo que aún conservaba su legendaria capacidad de corte después de siglos. Zairo pasó los dedos por la empuñadura, admirando la artesanía impecable. No había daños visibles. La recuperación en La Calera había sido limpia.
—Es hermosa… —murmuró para sí mismo—. Una pieza única.
Estaba a punto de guardarla de nuevo en el estuche cuando escuchó el ruido inconfundible de la cerradura principal siendo forzada. Cuatro hombres entraron rápidamente, armados con pistolas y cuchillos. Vestían ropa oscura y pasamontañas. No eran aficionados. Alguien les había pagado bien para recuperar la katana.
Zairo reaccionó en una fracción de segundo. Agarró la katana con la mano izquierda y sacó su pistola con la derecha.
—¡Que carajos!—gritó.
Disparó dos veces antes de que los intrusos pudieran responder. Uno cayó con un impacto en el pecho. Rubí salió de la cocina empuñando dos cuchillos de cocina. Con precisión letal, lanzó el primero que se clavó en el hombro de otro atacante. El segundo cuchillo voló y se hundió en el muslo del tercero.
La casa se convirtió en un caos absoluto. Muebles volcados, disparos silenciados que perforaban las paredes, gritos ahogados. Zairo se lanzó en combate cuerpo a cuerpo contra el hombre más cercano, golpeándolo con la empuñadura de la katana mientras intentaba disparar. Rubí saltó sobre la mesa y derribó a otro con una patada giratoria, aunque la herida en su cintura protestó con un dolor agudo.
En medio de la pelea, la katana cayó al suelo con un sonido metálico. Tres de los sicarios se abalanzaron sobre ella. Uno logró tomarla y los tres supervivientes corrieron hacia la puerta trasera. Zairo alcanzó a disparar una última vez. La bala impactó en la cabeza del que iba atrás. El hombre cayó de bruces. Cuando Zairo le quitó la capucha, reveló un rostro pálido, cabello rubio corto y rasgos claramente rusos.
—Malditos mercenarios… —gruñó Zairo.
Rubí y él no perdieron tiempo. Recogieron rápidamente la mochila con el dinero, los pasaportes falsos, las armas restantes y algo de ropa. La sangre de Rubí había empezado a filtrarse por el vendaje debido al esfuerzo de la pelea.
—Tenemos que irnos ya —dijo Zairo, la voz cargada de furia—. La policía llegará en minutos.
Salieron y caminaron rápido por el callejón hasta tomar un taxi varias cuadras más adelante. Eran las ocho de la noche. Las luces de Miami brillaban con indiferencia mientras ellos se alejaban de la escena.
Se hospedaron en un hotel elegante del centro, el JW Marriott Marquis, usando una nueva identidad. La suite en el piso alto ofrecía vistas a la bahía, pero ninguno de los dos estaba de humor para disfrutarlas. Rubí se quitó la ropa con cuidado y revisó su herida en el baño. Había sangrado un poco más, pero no era grave. Se limpió, cambió el vendaje y se puso una bata cómoda.
Mientras tanto, Zairo caminaba de un lado a otro de la habitación como un animal enjaulado. La sangre le hervía. Habían arriesgado la vida para robar esa katana y ahora la habían perdido en su propio refugio. Marcó el número encriptado de Hiroshi con rabia contenida.
El japonés contestó al tercer timbre.
—Señor Zairo, ¿algún problema?
—Problema grande —respondió Zairo con voz fría—. Cuatro mercenarios rusos entraron a nuestra casa. Se llevaron la katana. Casi nos matan. Quiero una explicación ahora mismo. ¿Por qué esa espada es tan codiciada? ¿Cuánto vale realmente y por qué tantos están dispuestos a matar por ella?
Tanaka guardó silencio unos segundos. Cuando habló, su tono era más serio.
—La katana no es solo una antigüedad japonesa. Pertenece a la leyenda del primer emperador de China, Qin Shi Huang. Fue forjada con técnicas secretas y se dice que contiene un fragmento de jade imperial que la hace única. En el mercado negro su valor ronda los ochocientos millones de dólares. Muchos coleccionistas, gobiernos y organizaciones criminales la buscan porque representa poder simbólico y un tesoro histórico incalculable.
Zairo soltó una risa amarga.
—¿Ochocientos millones? Y usted nos ofreció cincuenta… luego ochenta. Ahora entiendo por qué nos persiguieron como perros.
—Las circunstancias han cambiado —admitió Tanaka—. Si desean continuar, estoy dispuesto a subir la recompensa. Ciento cincuenta millones de dólares, aparte de lo ya entregado. cuando entreguen la katana intacta en Tokio. El dinero se transferirá una vez que todo esté terminado.
Zairo miró hacia el baño, donde Rubí terminaba de curarse la herida. Pensó en la promesa que le había hecho, en la vida tranquila que deseaban. Pero también pensó en lo cerca que habían estado de morir por esa pieza.
—Está bien —dijo finalmente—. Aceptamos. Ciento cincuenta millones. Pero esta vez jugamos con nuestras reglas. Le avisaremos cuando la recuperemos.
Colgó la llamada y se dejó caer en el sofá, pasándose las manos por el cabello corto. Rubí salió del baño y se sentó a su lado, apoyando la cabeza en su hombro.
—¿Ochocientos millones? —preguntó ella en voz baja.
—Así es. Y ahora tenemos que enfrentarnos a mercenarios rusos y quién sabe qué más. Pero vamos a recuperarla.
Rubí tomó su mano y la apretó.
—Entonces empecemos a planear. Mañana mismo. No podemos quedarnos quietos.
Zairo asintió, aunque la rabia todavía le quemaba por dentro. Habían perdido la katana, pero no la voluntad de terminar el trabajo. La noche en Miami se extendía frente a ellos, llena de luces brillantes y nuevos peligros. Mañana comenzarían la caza de nuevo.
me gusta la forma que describe cada personaje, la forma qué hace, qué el lector se imaginé esas escenas dónde él personaje vive ese momento de placer,angustia, desesperación y miedo todo eso me gusta sentir en las historias y si una historia no me atrapa con el título o la sinopsis, no la leo no es que sea exigente, pero creó que como lector quiero disfrutar de esa adrenalina o sentimiento que como escritores quieren transmitir le felicito por otra, historia y espero que puedan llegar a mas lectoras 👏👏💐💐
pero me quedo una duda 🤔🤔 que pasó con la traidora de Mariana, no me diga que piensa hacer una 2da historia 🤣🤣🤣 no creó pero si quiero saber si Mariana se fue a dormir con los peces 🤣🤣