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MI EX ES MI SOBRINO

MI EX ES MI SOBRINO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Romance / Venganza / Completas
Popularitas:18.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Liam la cambió por dinero; ahora tendrá que inclinar la cabeza ante ella si quiere conservarlo. La venganza perfecta ha comenzado.

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capitulo 12

El silencio de la mansión tras el anuncio de mi boda con Alexander no era un silencio de paz; era la calma tensa que precede a una purga. Caminar por los pasillos de la residencia Blackwood ahora se sentía diferente. Los criados, que antes me miraban con una curiosidad teñida de lástima, ahora bajaban la vista y se pegaban a las paredes al verme pasar. No era respeto lo que sentía emanar de ellos, era miedo. Y me gustaba.

Me desperté antes del amanecer, una costumbre que el lujo no había logrado borrar. Me quedé inmóvil, sintiendo el calor de Alexander a mi espalda. Su mano descansaba sobre mi abdomen, una presencia pesada y firme que reclamaba posesión incluso en el sueño. El roce de su vello contra mi espalda me recordaba que ya no estaba sola en esta guerra. Él era mi general, mi amante y, sobre todo, el muro contra el que Liam se estrellaría una y otra vez.

Alexander se movió, su aliento cálido golpeando mi nuca antes de que sus labios buscaran la curva de mi hombro.

—Es el primer día de tu nueva jurisdicción, Luna —susurró, su voz cargada de una vibración que me hizo arquear la espalda instintivamente—. ¿Estás lista para auditar la vida de nuestro sobrino?

Me giré entre sus brazos, quedando frente a él. La luz azulada de la mañana entraba por los ventanales, delineando sus rasgos duros. Acerqué mi boca a la suya, saboreando el desafío.

—He esperado diez años para tener este bolígrafo en la mano, Alexander. No voy a temblar ahora.

Él me atrajo hacia sí con una urgencia que no tenía nada de protocolaria. Sus manos recorrieron mi cuerpo bajo las sábanas de seda, reconociendo cada centímetro de la mujer que él mismo había ayudado a reconstruir. En la penumbra de la habitación, la sensualidad se mezcló con la ambición. Cada caricia suya era un recordatorio de que mi cuerpo ya no pertenecía al pasado de miseria con Liam, sino al presente de poder con él. Nos fundimos en un abrazo que no necesitaba palabras, una unión donde el deseo era el sello final de nuestro contrato.

A las nueve en punto, estaba sentada en el despacho de la planta noble. El aroma a cera de abejas y libros antiguos me rodeaba. Frente a mí, una montaña de facturas, extractos bancarios y solicitudes de crédito. Y, por supuesto, Liam.

Entró sin llamar, pero se detuvo en seco al ver a dos guardias de seguridad en la puerta. Ya no podía entrar como Pedro por su casa.

—Siéntate, Liam —dije sin levantar la vista de un informe de gastos del club náutico—. Y la próxima vez, espera a que Sarah te anuncie.

—¿Guardias, Luna? ¿En serio? —Liam se dejó caer en la silla frente a mí, luciendo una camisa que, aunque cara, estaba mal planchada. Sus manos temblaban levemente.

—Seguridad institucional —respondí con una sonrisa gélida—. No queremos que ningún elemento externo interrumpa la auditoría de la familia. Veamos... ochenta mil dólares en una fiesta privada en los Hamptons. Denegado. Se cargará a tu cuenta personal, la cual, por cierto, tiene un descubierto que he decidido no cubrir.

—¡Esa fiesta era para los socios de mi suegro! —gritó, golpeando el escritorio.

—El señor Miller es un socio de Alexander, no tuyo, Liam. Si él quiere fiestas, que las pague él. Tú, mientras tanto, tienes una deuda pendiente con el fondo de emergencia de la empresa por los "adelantos" que pediste el mes pasado.

Me levanté y caminé hacia el ventanal, dándole la espalda. Sabía que me estaba mirando; sentía su mirada recorriendo la línea de mi vestido de lana virgen, un diseño que se ajustaba a mi cuerpo como una segunda piel.

—¿Sabes qué es lo que más me divierte de todo esto, Liam? —pregunté, girándome lentamente—. Que Elena me llamó esta mañana llorando. Parece que el diseñador de su vestido de novia ha cancelado el pedido porque el pago de la reserva fue rechazado.

Liam se puso pálido. La mención de Elena siempre era su punto débil, no por amor, sino por el estatus que ella representaba.

—No puedes hacer eso... es mi boda.

—Es una boda que se paga con el dinero de los Blackwood. Y yo soy la Blackwood a cargo del tesoro —me acerqué a él, rodeando la mesa hasta quedar a escasos centímetros. Me incliné hacia delante, permitiendo que el aroma de mi perfume, ese jazmín oscuro que Alexander tanto amaba, lo envolviera—. He decidido que la boda se posponga seis meses. Necesitamos sanear tus finanzas primero.

—¡Elena me va a dejar si hago eso! —susurró, con los ojos inyectados en sangre—. Su padre está buscando cualquier excusa para romper el compromiso ahora que sabe que tú tienes el control.

—Entonces quizás deberías haber pensado en eso antes de tratarme como una camarera a la que podías despedir con una propina —le puse una mano en el hombro, una caricia fingida que lo hizo estremecer—. Mañana tienes que estar en el puerto de nuevo. Pero esta vez no cargarás cajas. Estarás en la oficina de registros, bajo el mando del señor Chen. Es un hombre muy estricto con los horarios. Si llegas tarde un solo día, congelaré tu tarjeta de crédito personal.

Liam me tomó de la muñeca con una fuerza desesperada.

—Luna, para... —susurró, su voz quebrándose—. Sé que estás dolida. Sé que hice mal. Pero esto es una locura. Podemos llegar a un acuerdo. Tú y yo... todavía hay algo ahí, lo veo en cómo me miras.

Me solté de su agarre con un movimiento seco, como si me hubiera rozado un insecto asqueroso.

—Lo que ves en mis ojos, Liam, es el reflejo de tu propia decadencia. No hay nada entre nosotros excepto una relación de jerarquía. Tú eres el subordinado. Yo soy la autoridad. Y si vuelves a tocarme, le pediré a Alexander que te envíe a la sucursal de Singapur. No creo que a Elena le guste el clima de allí.

Liam se levantó, con los puños cerrados a los costados. Estaba al borde del colapso, y yo disfrutaba de cada segundo de su agonía. Salió del despacho dando un portazo que hizo vibrar los cuadros de la pared.

La tarde cayó sobre Manhattan con una lluvia fina y persistente. Alexander regresó de una reunión con los accionistas y me encontró en la biblioteca, tomando una copa de vino frente a la chimenea. Se quitó la chaqueta y la lanzó sobre un sofá, desabrochándose los primeros botones de la camisa con una parsimonia que me resultó increíblemente atractiva.

—He oído los gritos de Liam desde el vestíbulo —dijo Alexander, acercándose a mí—. Parece que tu primera auditoría ha sido un éxito.

—Solo le he recordado las reglas del juego —respondí, ofreciéndole mi copa. Él bebió un sorbo, manteniendo sus ojos fijos en los míos.

—Miller me ha llamado furioso —continuó Alexander, dejando la copa en la mesa y rodeándome con sus brazos—. Dice que estás interfiriendo en los preparativos de la boda. Le he dicho que mi esposa tiene carta blanca para proteger los intereses de la familia.

Se inclinó y me besó, un beso que sabía a vino y a poder. Sus manos bajaron por mi espalda, desabrochando con destreza el cierre de mi vestido. La frialdad del aire de la biblioteca contrastó con el calor de su piel cuando me atrajo hacia él.

—Me excita verte así, Luna —susurró contra mi cuello—. Tan implacable. Tan dueña de ti misma.

Me dejé llevar por su contacto, perdiéndome en la intensidad de un hombre que no me pedía perdón por su ambición, sino que me invitaba a compartirla. En la penumbra de la biblioteca, iluminada solo por el fuego de la chimenea, Alexander me recordó por qué él era el único capaz de estar a mi lado. No había sombras de Liam en esa habitación; solo la realidad de una mujer que había encontrado su trono y un hombre que estaba dispuesto a defenderlo a cualquier precio.

Mientras Alexander me recorría con una pasión que me dejaba sin aliento, solo pude pensar en una cosa: Liam estaría en su habitación, solo, rumiando su rabia y viendo cómo su mundo de privilegios se desmoronaba. Y esa, sin duda, era la mejor medicina para mi alma cicatrizada.

 el sonido de la lluvia contra los cristales, un murmullo constante que parecía aplaudir mi ascenso. La jerarquía estaba establecida. El tablero había cambiado para siempre. Y yo apenas estaba empezando a disfrutar del sabor de la victoria.

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Stella Maris Cutuli
Me resulta demasiada venganza y crueldad 😱
Gloria
Tampoco lo encuentro muy necesario, lo que pasa es que ella está dolida por que cuando el no era nadie, ella estuvo hay pasando las verdes y las maduras con el y ahora que el tiene dinero simplemente la desecha como trapo viejo, jajaja 🤣 nosotros no podemos obligar a una persona a quedarse a nuestro lado independientemente si hizo una promesa o no , hoy en día esas promesas son las que más fácil se rompen
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
EXCELENTE.
Stella Maris Cutuli
Cada capítulo más interesante y cuánto tardarán Luna y Alexander en prenderse fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Stella Maris Cutuli
muy buen comienzo👍👍
Mirla Loyo
me parece ésta venganza bastante absurda 🤷
Mirla Loyo
qué tíos tan fogosos ❤️‍🔥❤️‍🔥 🥵🫠🤣🤣🤣
Mirla Loyo
me parece absurdo ésta venganza...y como está éso de porqué yo?🤷...si ella fué quién lo buscó y le hizo la propuesta?🤦‍♀️
Crismely Vasquez
se enamoró del tío 🤣🤣🤣🤣🤣
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