Él juró destruir a su familia. Nunca imaginó que ella sería lo único que desearía salvar.
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Capítulo 11
La tarde transcurría con normalidad en ArqNova Studio.
Sia estaba sentada frente a su computadora, concentrada en unos planos que debía terminar antes de finalizar la jornada. A su lado, Emma revisaba unos documentos mientras hacía algunas anotaciones.
—Creo que deberíamos cambiar la distribución de esta zona —comentó Emma, señalando uno de los planos.
Sia levantó la mirada.
—Sí, también lo estaba pensando. Si movemos esa pared, tendremos más espacio para la entrada.
Antes de que Emma pudiera responder, alguien llamó a la puerta de la oficina.
Ambas levantaron la mirada.
Un hombre alto, elegante y de presencia imponente apareció en la entrada.
Sia lo reconoció inmediatamente.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
Era el hombre del accidente.
El mismo que había golpeado su auto el día anterior.
—Buenas tardes —saludó él.
Sia se quedó mirándolo durante unos segundos.
—¿Usted?
Renán sostuvo su mirada con una pequeña sonrisa.
—Parece que no tenías razón.
—¿Sobre qué?
—Sobre que no volveríamos a vernos.
Sia frunció el ceño.
—¿Qué hace aquí?
Renán estaba a punto de responder cuando Emma se quedó observándolo con atención.
Había algo familiar en aquel rostro.
Ella lo había visto antes.
No en persona, sino en una revista empresarial que había leído semanas atrás. Recordaba perfectamente aquella fotografía: un hombre joven, elegante y serio, presentado como el heredero y presidente de Prescott Energy.
Emma volvió a mirarlo.
—Usted eres...
Renán dirigió su atención hacia ella.
—Renán Prescott.
Emma abrió ligeramente los ojos.
Ahora estaba segura.
Pero antes de que pudiera decir algo, Sia volvió a preguntar:
—¿Qué hace aquí?
Renán dio un paso hacia el interior de la oficina.
—Ayer no me diste tu nombre.
Sia permaneció en silencio.
—Así que tuve que averiguarlo —continuó él.
Sia entrecerró los ojos.
—¿Qué?
Renán sostuvo su mirada.
—Sia Whitmore.
Emma se quedó completamente inmóvil.
Miró a Sia y después a Renán.
De repente, todo encajó.
—Espera... —murmuró Emma—. ¿Tú eres el hombre que chocó el auto de Sia ayer?
Sia giró la cabeza hacia su amiga.
—¿Lo conoces?
Emma soltó una pequeña risa de incredulidad.
—Lo he visto en una revista empresarial.
Renán permaneció tranquilo.
—Entonces ya sabes quién soy.
Emma lo observó con curiosidad.
—Renán Prescott...
Sia volvió a mirarlo.
Ahora el apellido tenía sentido.
Prescott.
Había escuchado ese apellido muchas veces en su casa, aunque nunca había prestado demasiada atención a los asuntos empresariales de su familia.
—¿De Prescott Energy? —preguntó ella.
—Sí.
Sia lo observó con más atención.
El hombre que había conocido el día anterior no parecía tan sencillo ahora.
No era simplemente un desconocido que había golpeado su automóvil.
Era Renán Prescott, presidente de una de las empresas más importantes del país.
—¿Y viniste hasta aquí solamente para decirme tu nombre? —preguntó Sia.
Renán negó con la cabeza.
—No.
—Entonces, ¿qué quieres?
—Vine a presentarme personalmente.
Emma levantó las cejas.
Sia, en cambio, cruzó los brazos.
—Ya lo hizo.
—Y también vine a invitarte a cenar.
Sia respondió de inmediato:
—No.
Emma se mordió el labio para evitar reír.
Renán no pareció sorprendido.
—Ni siquiera lo pensaste.
—No tengo que pensarlo.
—¿Por qué?
—Porque no voy a cenar con usted.
—¿Es por lo de ayer?
—No.
—Entonces, ¿por qué?
Sia lo miró fijamente.
—Porque no quiero.
Renán permaneció unos segundos en silencio.
No estaba acostumbrado a que alguien rechazara una invitación suya con tanta facilidad.
Mucho menos una mujer que, después de conocer su apellido, no parecía impresionada.
Y eso volvió a recordarle a la mujer que había conocido el día anterior.
No había intentado llamar su atención.
No había tratado de agradarle.
No había mostrado interés por quién era.
Simplemente lo había enfrentado, le había dicho lo que pensaba y se había marchado.
Victoria había sido completamente diferente.
Había buscado acercarse a él, tocarlo, coquetear y dejar claro que quería captar su atención.
Sia, en cambio, parecía hacer todo lo contrario.
Y eso era precisamente lo que más le llamaba la atención.
—Solo será una cena —insistió Renán.
—No.
Emma finalmente intervino.
—Ella acepta.
Sia la miró con incredulidad.
—Emma.
—¿Qué? —respondió ella, encogiéndose de hombros—. Él está invitandote a cenar. No te está proponiendo matrimonio.
Renán tuvo que contener una sonrisa.
—Ya tomé mi decisión —replicó Sia.
—Tú siempre dices que no antes de decir que sí.
—Eso no es cierto.
—Lo es.
Sia negó con la cabeza.
—No voy a ir.
Renán observó a Emma y después volvió a mirar a Sia.
—No voy a insistir si realmente no quieres.
Sia no respondió.
—Pero me gustaría que aceptaras —añadió él.
Ella bajó la mirada por un instante.
—No.
Renán asintió.
—Está bien.
Se dirigió hacia la puerta.
—Entonces será otro día.
Sia levantó la mirada.
—No habrá otro día.
Renán se detuvo.
Giró ligeramente la cabeza y la miró.
—Eso dijiste ayer.
Sia se quedó sin respuesta.
Renán sonrió apenas.
—Buenas tardes, Sia.
Y salió de la oficina.
Durante unos segundos ninguna de las dos dijo una palabra.
Emma fue la primera en romper el silencio.
—Bueno...
Sia la miró.
—¿Qué?
—Ese hombre vino hasta aquí a buscarte.
—Vino porque no le di mi nombre.
—Exactamente. Y después de averiguarlo, vino personalmente a presentarse y a invitarte a cenar.
—Emma...
—¿Qué?
—No empieces.
Emma sonrió.
—Solo digo que ayer me dijiste que estaba estaba muy guapo.
Sia abrió los ojos.
—¡Yo no dije eso!
—Sí lo dijiste.
—Estaba confundida.
—Claro.
—Además, no sabía quién era.
Emma se acercó a ella con una sonrisa divertida.
—¿Y ahora que sabes quién es?
Sia guardó silencio.
—Sia.
—¿Qué?
—Te gusta.
—No me gusta.
—Entonces, ¿por qué estás tan nerviosa?
Sia miró hacia la puerta por donde Renán acababa de salir.
—No estoy nerviosa.
Emma soltó una carcajada.
—Como tú digas.
Sia volvió a mirar sus planos, intentando concentrarse.
Pero las líneas frente a ella habían dejado de tener sentido.
Porque, aunque había rechazado la invitación de Renán una y otra vez, una parte de ella no podía dejar de pensar en sus ojos, en su voz y en la seguridad con la que había aparecido en su oficina.
Sia se preguntó si realmente quería que aquel hombre cumpliera su palabra y no volviera a buscarla.
La respuesta que apareció en su mente la inquietó.
Tal vez no.
🥰👏 las e leída todas las que se han publicado
Mucho éxito y siga escribiendo