Alex siempre creyó que obedecer a su Alfa era su deber. Entregado al Clan Sabio para pagar una deuda, soportó humillaciones, desprecios y castigos, convencido de que algún día Fernando comprendería su valor. Pero después de recibir un golpe injusto, algo cambia.
Una voz aparece en su mente.
La Diosa Lectora conoce sus secretos, revela las mentiras del clan y le muestra futuros que podrían convertirse en realidad. Por primera vez, Alex descubre que su sufrimiento no fue casualidad y que su origen guarda un secreto capaz de cambiarlo todo.
Con cada verdad, el Omega deja atrás al joven sumiso que todos podían pisotear. Ya no obedecerá ciegamente, ni permitirá que otros decidan su destino.
Mientras Fernando descubre demasiado tarde lo que perdió y Alejandro le ofrece un camino diferente, Alex deberá elegir entre la venganza, el amor y la libertad.
Porque esta vez, el Omega elegirá su propio futuro.
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La red de noticias de la Capital
El éxito comercial de la Casa de Jade no tardó en alterar el delicado equilibrio social de la aristocracia imperial. Mientras los tónicos purificados de la botica de Alex sanaban a las familias de los soldados y a la burguesía comerciante, en el interior del tercer piso de la residencia se tejía una estructura mucho más peligrosa para los viejos clanes: una red de inteligencia y noticias operada íntegramente por los omegas de la ciudad.
A través de las consultas médicas, el suministro de medicinas a los pabellones nobles y las entregas a domicilio, los jóvenes capacitados por Alex recopilaban diariamente fragmentos de información contable, secretos familiares, alianzas secretas y planes de evasión de impuestos. Nada de lo que ocurría en las mansiones de la Capital escapaba al registro del Sistema.
En su despacho privado, Alex revisaba una pila de pergaminos sellados con cera de diferentes colores. A sus espaldas, la gran ventana ofrecía una vista panorámica de la avenida central, donde varios carruajes con los blasones de casas feudales secundarias hacían fila frente a la entrada principal de la botica.
«Analizando la red de datos del distrito central», resonó la voz clara del Sistema en la mente de Alex, desplegando un mapa tridimensional de la Capital iluminado con cientos de puntos dorados. «Nivel de cobertura de inteligencia: 68%. Se han identificado tres maniobras de desestabilización financiera organizadas por las familias aliadas del antiguo Clan Alba. Recompensa por consolidación del gremio: Acceso a los registros fiscales del Consejo de Nobles.»
Un golpe suave en la puerta anunció la entrada de Mateo, uno de los primeros omegas que Alex había rescatado de la servidumbre abusiva y que ahora se desempeñaba como su asistente principal de finanzas.
—Señor Alex —dijo Mateo con una inclinación de cabeza impregnada de un profundo respeto—, la distribución de tónicos para las familias de los guardias de la frontera se ha completado al cien por cien. Además, traemos el informe diario del pabellón de nobleza. La marquesa de la Casa Valdés y dos condesas del distrito sur han solicitado una reunión privada para esta tarde.
Alex alzó la mirada de sus balances con una leve sonrisa calculadora.
—¿La marquesa Valdés? —preguntó Alex serenamente—. Su familia controla los astilleros del río este. Durante tres años le compraron el tónico de juventud al Clan Silva a precios exorbitantes. ¿Qué es lo que busca en la Casa de Jade?
—Busca auditoría financiera, Señor —respondió Mateo, dejando un libro de notas sobre la mesa—. Descubrió que los administradores de su casa, en complicidad con los médicos del Clan Silva, le cobraban el triple por medicinas adulteradas con agua de cal. Quiere que nosotros revisemos los libros de su pabellón antes de que su esposo firme la renovación de los contratos comerciales.
—Acepta la reunión —ordenó Alex, ajustando los puños de su túnica verde bosque—. Pero deja claro que la Casa de Jade no hace favores a ciegas. A cambio de la auditoría, exigiremos que el transporte de nuestros cargamentos por el río este quede libre de peajes feudales.
—Entendido, Señor —asintió el joven antes de hacer una reverencia y retirarse de la estancia.
Mientras tanto, en las afueras de la Capital, la comitiva militar de la Casa González terminaba de instalar su campamento de paso antes de emprender la marcha definitiva hacia las fronteras del norte. En la tienda del mando general, el ambiente era desolador. Fernando González permanecía sentado frente a una mesa repleta de informes militares y cartas no enviadas.
Su capitán de confianza ingresó en la tienda, dejando sobre la mesa una bandeja de madera con una carta sellada con la insignia del Consejo de Clanes.
—Señor —dijo el capitán con voz cautelosa—, ha llegado el informe oficial sobre la reestructuración de la dote del joven Alex. El Consejo ha transferido los últimos activos del Clan Alba a sus cuentas en la Capital. Además... la Casa de Jade ha tomado el control exclusivo de las rutas comerciales del distrito este.
Fernando tomó la carta con manos temblorosas. Al leer la firma clara e impecable de Alex al pie del documento de ratificación, sintió una opresión profunda en el pecho. La cicatriz en el cuello de Alex ya no dolía por el rechazo de la marca; era la conciencia de Fernando la que sangraba día y noche por el arrepentimiento.
—¿Ha habido algún intento de agresión por parte de las familias leales a mi abuela o al Clan Alba en la Capital? —preguntó Fernando con voz ronca y cansada.
—Ninguno, Señor —respondió el oficial—. El joven Alex neutralizó a los aliados del Clan Silva antes de que pudieran mover una sola pieza. La nobleza de la Capital ya no lo ve como a un omega necesitado de protección; lo tratan como a un líder de clan independiente. De hecho... la nobleza joven lo llama el 'Omega de Jade'.
Fernando dejó caer la carta sobre la mesa y cerró los ojos con pesadumbre. Los recuerdos de Alex en el ala oeste, vistiendo túnicas desgastadas y aceptando la comida rancia que la servidumbre le entregaba bajo las órdenes de Doña Matilde, lo perseguían sin tregua. El hombre que ahora gobernaba los mercados de la Capital era la prueba viviente de su propio fracaso como alfa y como protector.
—Envíen una orden a la guarnición del norte —mando Fernando poniéndose de pie con esfuerzo—. Si alguna de las familias vasculares vinculadas a Doña Matilde intenta enviar espías o saboteadores hacia los almacenes de Alex en la Capital, las tropas de la frontera intervendrán inmediatamente bajo mi mando. Él no me quiere cerca, pero mi deber es asegurar que nadie vuelva a lastimarlo.
En la Casa de Jade, la tarde avanzaba con una actividad febril. La marquesa Valdés salía de la sala de reuniones con una expresión de absoluto alivio y gratitud, tras haber firmado el acuerdo que liberaba a su familia de las extorsiones del Clan Silva y otorgaba a Alex el control del transporte fluvial.
Alex caminó hacia el balcón del recinto, observando cómo los carruajes de la Casa de Jade partían hacia los cuatro puntos cardinales de la ciudad.
«Misión Secundaria completada», anunció el Sistema con tono festivo en su visión. «Control del transporte fluvial alcanzado. Red de influencia política expandida al 75%. El anfitrión ha superado el nivel de poder de los clanes feudales tradicionales.»
Alex contempló la puesta de sol sobre las torres de la Capital con el rostro sereno y la mirada firme. La venganza contra sus antiguos opresores se había completado, pero el imperio de independencia y dignidad que estaba construyendo apenas comenzaba a florecer.