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MALA DESDE LA CUNA Esta Señorita Te Sorprenderá

MALA DESDE LA CUNA Esta Señorita Te Sorprenderá

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lyanne Vesper siempre fue considerada la hija dócil de la poderosa Casa Vesper. Dulce, obediente y sin ambición. Una señorita incapaz de hacer daño. Pero todos estaban equivocados.

Lyanne no se volvió mala por culpa del mundo. Nació así. Desde niña aprendió a esconder sus colmillos detrás de una sonrisa inocente y a convertir las debilidades ajenas en armas.

Cuando el heredero Kaelen la toma como esposa mientras continúa obsesionado con Wynne, Lyanne comprende que el amor nunca será su moneda de cambio. Si no puede tener su corazón, tendrá algo mucho más valioso: el poder.

Entre intrigas, traiciones, venenos, guerras entre clanes y una lucha por el Trono de la Luna, Lyanne moverá cada pieza sin que nadie descubra quién está detrás.

Porque cuando todos creen estar jugando contra ella…

ya han perdido.

Y Lyanne solo sonríe.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

MI TURNO

Pasaron las semanas y la Ciudadela se envolvió en un silencio respetuoso, casi solemne, como si el aire mismo temiera romper el duelo. Wynne permanecía recluida en sus aposentos, rodeada de atenciones. Kaelen acudía a ella cada mañana, cada tarde, cada noche. La corte la compadecía, la trataba con piedad… y yo, la esposa legítima, pasaba casi invisible. Nadie me miraba a los ojos. Nadie me hablaba de igual a igual. Todos creían que yo era la culpable, la sombra que había arruinado su felicidad. Lo acepté sin queja. Sonreí en silencio. Bajé la cabeza cuando debía. Y esperé.

Hasta que una mañana, la sanadora jefe llegó a mi puerta con el rostro serio y una bandeja en las manos.

—Señora Lyanne —dijo, bajando la voz—. He venido a examinaros. Es tiempo. La esposa del heredero debe dar noticias pronto.

Me senté frente a ella, con las manos entrelazadas en el regazo, y dejé que tomara mi pulso. Su expresión, primero reservada, se transformó poco a poco. Los ojos se le abrieron ligeramente. Respiró hondo.

—Por la luna… —susurró, alzando la vista hacia mí, con asombro—. Estáis preñada. Lleváis dos meses. El heredero se formó antes de que la desgracia cayera sobre la otra.

No me sorprendí. Lo sabía. Lo sentía en mi cuerpo, en esa fatiga suave, en la sensibilidad extraña, en la certeza callada que crecía en mí como una semilla. Sonreí, no de alegría, sino de triunfo frío y calculado.

—¿Está seguro? —pregunté, aunque ya conocía la respuesta.

—Tan seguro como que brilla el sol —afirmó ella, con respeto renovado—. Es fuerte. Se aferra a la vida con fuerza de lobo. Sangre de Vesper y de la casa real. Será un gran guerrero.

—Entonces dilo —ordené suavemente—. Pero dilo bien. Que todos sepan. Que llegue a oídos de su padre. Que llegue a oídos de todos.

La noticia estalló en la Ciudadela como un trueno en cielo despejado. Apenas unas horas después, los murmullos corrían de boca en boca: La esposa legítima lleva el heredero. Sangre pura. El linaje está a salvo.

Kaelen vino a verme al atardecer. Entró sin llamar, con paso rápido, la mirada confundida, entre el asombro y la duda. Se detuvo a pocos pasos de mí, como si temiera acercarse demasiado.

—¿Es verdad? —preguntó, sin saludar—. ¿Llevas a mi hijo?

Me levanté despacio, con la mano sobre mi vientre todavía plano, y lo miré a los ojos sin bajar la vista.

—Es verdad, Alteza. Llevo dos meses. Fue concebido en nuestra noche de bodas. Antes de que todo se volviera oscuro. Su sangre es pura, de la Casa Vesper y del linaje de la Luna. Nadie podrá cuestionarlo jamás.

Él dio un paso hacia mí, con la mano extendida, pero sin llegar a tocarme. Vi en su mirada una lucha interna: la esperanza peleando contra el dolor, la obligación peleando contra el amor.

—¿Por qué no me lo dijiste antes? —susurró—. ¿Por qué esperaste tanto?

—Porque no era el momento —respondí con calma—. Mientras todos lloraban una pérdida, no era momento para anunciar una vida. No quería que pensaran que me alegraba de su desgracia. Pero ahora… ahora el clan necesita esperanza. Y yo se la doy.

—¿Tú? —murmuró él, con una mezcla de asombro y algo que casi parecía respeto—. Siempre tú, Lyanne. Siempre en el momento justo.

—Soy tu esposa —dije, acercándome un paso—. Y soy leal a este trono. A ti. A lo que nos pertenece. —Bajé la voz, cargándola de un peso que él no pudo ignorar—. Este niño no tiene manchas, Alteza. No hay dudas sobre su linaje. No hay rumores. No hay murmullos sobre su origen. Es el heredero perfecto. El que los ancianos esperan. El que el pueblo aclamará.

Kaelen cerró los ojos un instante, y cuando los abrió, vi que algo había cambiado. La culpa seguía ahí, el dolor por lo de Wynne seguía ahí… pero también el deber. Y el deber empezaba a pesar más que el capricho.

—Un heredero —dijo, como si estuviera empezando a comprender la magnitud de todo—. Sangre pura. Los ancianos estarán complacidos. El pueblo… el pueblo lo celebrará.

—Entonces celébralo, Alteza —respondí suavemente—. Pero no te confundas. No te doy este hijo para que me ames. Sé que tu corazón está en otro lugar. Te lo doy para que cumplas con tu deber. Para que este reino tenga un futuro fuerte y seguro. —Puse mi mano sobre la suya—. No pido tu corazón. Solo pido que cumplas con el tuyo.

Me miró, y por primera vez no vi rechazo en sus ojos. Vi respeto. Y un poco de miedo. Como si empezara a darse cuenta de que la mujer que tenía delante no era la esposa dócil y callada que creía conocer. Era algo mucho más grande. Mucho más peligroso.

—Lo haré —dijo, con voz firme—. Será reconocido como mi heredero desde antes de nacer. Se le dará el honor que merece. Y a ti… a ti también.

Se marchó. No se quedó. No me abrazó. No me dio las gracias. Pero no importaba. Lo había conseguido. Mientras Wynne se consumía en su habitación, llorando una pérdida que la debilitaba cada día más, yo estaba construyendo un futuro que nadie podría arrebatarme.

Elara entró, con los ojos brillantes de emoción contenida.

—Señorita… lo habéis logrado. Todo cambia ahora. Los ancianos ya hablan de vos con respeto. Dicen que sois la verdadera madre del futuro del clan.

—Cambian las reglas, sí —respondí, sentándome frente al espejo y mirando mi propio reflejo, con la mano en el vientre—. Pero no subestimes lo que esto significa. No es solo un hijo, Elara. Es mi escudo. Mi corona. Mi venganza. Mientras lleve dentro al heredero, nadie se atreverá a tocarme. Nadie podrá acusarme. Nadie podrá humillarme. Soy intocable ahora.

—¿Y ella? —preguntó la sirvienta en voz baja—. ¿Qué hará Wynne cuando lo sepa?

—Se enfurecerá —respondí con frialdad—. Gritará. Llorará. Acusará. Y en su furia, mostrará su verdadero rostro. La mujer que no puede soportar la felicidad de nadie. La que solo sabe tomar, pero nunca dar. Y mientras ella se destruye con su propia rabia… yo seguiré creciendo. Seguiré fortaleciéndome. Hasta que un día… no haya comparación posible.

Me incliné hacia el espejo, mirándome a los ojos, hablando no a mi reflejo, sino a la vida que crecía dentro de mí.

—Escúchame bien, pequeño —susurré—. No te pedí que vinieras. Pero ahora que estás aquí, serás mi fuerza y mi arma. Nadie te quitará lo que es tuyo. Nadie nos pisoteará jamás. Serás más fuerte que tu padre. Más sabio que tu abuela. Y nadie… nadie se atreverá a subestimarnos.

Esa noche, la noticia recorrió cada rincón de la Ciudadela. Las antorchas parecieron arder con más fuerza. Los guardias se miraban y asentían. El futuro ya no era incierto. Ya no era peligroso. Yo lo había dado. Y con ello, había reclamado mi lugar. No como la amante, no como la favorita… sino como la Alfa que todos necesitaban.

Y en la torre más lejana, donde la luna entraba por una ventana entreabierta, escribí en mi cuaderno, con mano firme y trazo seguro:

Mi turno ha llegado. Ella lloró su pérdida. Yo doy vida. Ella implora amor. Yo exijo respeto. El mundo se inclina ante quien da futuro, no ante quien llora el pasado. Que griten. Que maldigan. Que me odien. No importa. Porque el que sostiene al heredero… sostiene el mundo. Y yo… lo sostengo todo.

Cerré el cuaderno y lo guardé. Me acosté, y por primera vez en mucho tiempo, dormí tranquila. No porque estuviera a salvo… sino porque sabía que ahora, nadie se atrevería a atacarme. La loba no solo tenía colmillos. Tenía un cachorro en camino. Y eso… la hacía la más peligrosa de todas.

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Cecilia Rodriguez
bonita novela, gracias por escribirla y compartirla 🌷🌷🌷
EspirituCreativo: Gracias lectora me encanta que te guste...
total 1 replies
Vanessa Ibáñez Fernández
perdieron el primer que??
Vanessa Ibáñez Fernández
no entinedo porque hace un diario, eso no sería como dejar una evidente evidencia??
EspirituCreativo: Jeje lectora
total 3 replies
Ingrid Perez
Felicidades una historia muy bonita de enseñanza gracias te deseo muchísimas bendiciones 🤗😘
EspirituCreativo: Gracias lectora
total 1 replies
🥰Paty💕 💖
tengo una duda,si en la noche de bodas el no fue a verla como quedó embarazada porque claramente ella dijo que fue en su noche de bodas pero en el capítulo de la noche de bodas se dijo que el fue directo con la amante y no fue con ella ,podría ser tan amable de sacarme la duda ☺️
🥰Paty💕 💖: muchas gracias 🥰por aclarar mis dudas 🥰eres muy buena escritora 👏
total 2 replies
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