Evolett aprendió demasiado pronto que el mundo podía ser un lugar cruel. Durante dos años, sobrevivió en silencio, escondiendo sus heridas detrás de una mirada tímida y un corazón que ya no confiaba en nadie.
Hasta que apareció Will Cleim.
Él no la mira con lástima. No intenta salvarla. Simplemente decide quedarse.
NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 16
El desfile se celebraba en un edificio histórico en el centro de Lyon, una antigua fábrica de seda reconvertida en espacio cultural. La entrada estaba decorada con flores blancas y luces tenues que creaban una atmósfera de elegancia íntima. Los invitados llegaban en coches de lujo, vestidos con trajes de diseñador y joyas que brillaban bajo las luces de los fotógrafos.
Will tomó a Evolett del brazo mientras caminaban hacia la entrada, y ella sintió que su corazón latía con fuerza. No era miedo. Era otra cosa. Algo que no sabía nombrar.
—Sonríe
susurró Will, mientras los fotógrafos disparaban sus cámaras.
—La prensa estará encantada de ver a Will Cleim con una acompañante tan hermosa.
Evolett sonrió, aunque más por el cumplido que por la prensa.
El interior del edificio era impresionante. Una pasarela de cristal se extendía a lo largo del salón, flanqueada por filas de sillas blancas con fundas de satén. Las paredes de piedra originales estaban iluminadas con focos que creaban un contraste dramático entre lo antiguo y lo moderno.
Will la guió hacia la segunda fila, donde dos asientos con sus nombres los esperaban.
—Esta es una de las mejores posiciones
explicó, mientras se sentaban.
—No demasiado cerca como para que los modelos te pisen, pero lo suficiente para ver todos los detalles.
Evolett asintió, observando el espacio con atención. Los invitados comenzaban a llenar las sillas, y pronto reconoció algunos rostros familiares, diseñadores famosos, editores de revistas, celebridades que había visto en revistas.
—¿Ves a esa mujer de la izquierda?
susurró Will, señalando con un gesto sutil.
—Es la directora de Vogue Francia. Y el hombre que está hablando con ella es el dueño de una de las cadenas de tiendas más importantes de Europa.
—Impresionante
murmuró Evolett.
—Tú también puedes llegar ahí
dijo Will, con un tono que no admitía dudas.
—Si sigues trabajando como lo has hecho, en unos años estarás en su lugar.
Evolett sintió que las palabras se le atascaban en la garganta. No sabía si Will estaba siendo amable o si realmente creía en ella. Pero decidió aferrarse a esa posibilidad.
Las luces se atenuaron y la música comenzó a sonar, una melodía suave, casi etérea, que llenó el espacio con una sensación de ensueño. El primer modelo apareció al final de la pasarela, y Evolett sintió que el tiempo se detenía.
La colección era una obra de arte. Vestidos fluidos que parecían pintados sobre los cuerpos de las modelos, tejidos que capturaban la luz y la transformaban, colores que iban desde el blanco puro hasta el negro profundo, pasando por todos los tonos del atardecer. Cada prenda contaba una historia, la de una mujer que despertaba, que descubría su fuerza, que se atrevía a ser vista.
Will se inclinó hacia Evolett en un momento dado, con la voz baja.
—¿Qué opinas?
—Es hermoso
respondió ella, sin apartar la mirada de la pasarela.
—Pero siento que falta algo. Como si las prendas fueran perfectas pero no tuvieran alma.
Will la miró con sorpresa.
—¿Alma?
—Sí
dijo Evolett, girándose hacia él.
—La moda no es solo estética. Es emoción. Aquí veo belleza, pero no veo la historia de la persona que lleva la prenda. No veo su dolor, su alegría, sus sueños. Solo veo tela bien cortada.
Will guardó silencio por un momento, y Evolett temió haber dicho algo inapropiado. Pero luego él sonrió, y su sonrisa era tan genuina que sintió que el mundo se detenía.
—Eso es exactamente lo que quiero para nuestra colección
dijo.
—Historias. Emociones. Y tú vas a ayudarme a contarlas.
Evolett sintió que el corazón le latía con fuerza. No era solo un cumplido, era un reconocimiento. Will veía algo en ella que ni siquiera ella misma había visto.
Entonces, sin previo aviso, su mano se deslizó sobre la de ella. No fue un gesto brusco ni posesivo. Fue suave, casi tímido, como si estuviera pidiendo permiso. Evolett sintió el calor de sus dedos entrelazándose con los suyos, y por un momento, el mundo exterior desapareció.
No retiró la mano y es que no quería retirarla.
El resto del desfile transcurrió en una neblina de colores y emociones. Will no soltó su mano en ningún momento, y ella no buscó liberarse. Era un gesto pequeño, pero significaba más de lo que podía expresar con palabras.
Cuando el desfile terminó y los aplausos llenaron el salón, Will se volvió hacia ella y le sonrió.
—¿Te gustó?
—Mucho
respondió ella, con una sonrisa que iluminó su rostro.
—Gracias por traerme.
—Gracias a ti por venir.
Salieron del edificio entre el bullicio de los invitados, y Will la guió hacia el coche que los esperaba.
—Ahora, la cena
dijo, con un tono que mezclaba emoción y anticipación.
—Prepara tus comentarios sobre la colección. Te prometo que la conversación será interesante.
Evolett no sabía qué esperar, pero por primera vez, no tenía miedo. Estaba emocionada.