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El Heredero Del Abismo

El Heredero Del Abismo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Viaje a un mundo de fantasía / Apocalipsis
Popularitas:263
Nilai: 5
nombre de autor: El Grillo

¿Crees en un mundo perfecto?
Mateo con su consola sin portada... SI aunque tenga que ser por encima quien sea... Asi sea su familia... Culpable ¿SI o NO?

NovelToon tiene autorización de El Grillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

BASE EL DIAMANTE.

Héctor no le había dicho a Valeria a dónde iba. Solo le dejó un mensaje: si no vuelvo en 6 horas, abre el cajón de mi escritorio, el del fondo.

Zero tampoco le dijo a nadie. Él no dejaba mensajes.

Se encontraron a las 5 de la mañana en la salida de Ibagué, en la vía que va hacia los Llanos. Héctor llevaba una camioneta vieja de la Sijin que no tenía GPS, Zero llevaba una mochila negra con dos linternas, un disco duro y una pistola que no era de dotación.

—¿Seguro que es aquí? —preguntó Héctor mientras manejaban por una trocha que no aparecía en Google Maps.

—La base El Diamante no aparece en ningún mapa —dijo Zero—. La enterraron en el 2009 cuando el Proyecto Umbral se quemó. Oficialmente fue un incendio por un corto circuito. Extraoficialmente metieron a todo el personal en camiones y los hicieron desaparecer.

—¿Cómo sabes dónde queda?

—Porque yo estuve en el equipo que la quemó.

La trocha se acabó en un portón oxidado con un letrero que decía PROPIEDAD PRIVADA PELIGRO MINAS. Detrás había una planicie llena de pasto alto y en el centro una estructura de concreto que parecía un búnker hundido. Tenía una puerta de metal de esas de submarino.

Héctor se bajó y tocó la puerta. Estaba caliente, aunque no le daba el sol.

—Lleva 15 años cerrada y está caliente —dijo.

—Porque abajo sigue prendido algo —respondió Zero.

Forzaron la puerta con una barra. No fue fácil, el metal estaba inflado por dentro, como si algo hubiera empujado desde adentro durante años.

Cuando la abrieron salió un olor a humedad, a óxido y a algo más, algo dulce, como a carne vieja guardada en nevera.

Bajaron por unas escaleras de cemento. Cada 10 escalones había una luz de emergencia que todavía parpadeaba, después de 15 años. Eso no tenía sentido.

Abajo había un pasillo larguísimo con puertas de vidrio a los lados. Cada puerta era una sala de observación. Héctor alumbró la primera con la linterna.

Era una sala blanca, vacía, con una silla de metal en el centro. En la pared había marcas de manos pequeñas, como si un niño hubiera tratado de salir rascando.

En la segunda sala había una mesa con juguetes quemados.

En la tercera, algo que hizo que Héctor se detuviera.

Era la sala de monitoreo. Había una consola gigante, igual a la HEX pero de dos metros de ancho, blanca, llena de botones, toda apagada menos una pantalla pequeña que seguía prendida, con estática.

Y al frente, detrás de un vidrio blindado, estaba la sala circular de piedra negra. El primer Trono.

Zero entró directo a la sala de monitoreo y conectó el disco duro.

—Aquí guardaban todo —dijo—. Si no borraron los discos, tenemos que ver qué era Jonás.

Héctor mientras tanto revisaba unos archivadores metálicos. Encontró una carpeta con el sello PROYECTO UMBRAL - SUJETO J-01. La abrió.

La primera foto era de un bebé en una incubadora, conectado a cables que no eran médicos, eran negros, como raíces. El bebé tenía los ojos abiertos pero completamente blancos. Debajo decía: JONÁS MARÍN, NACIDO DÍA 0, VIABLE.

Pasó la página. Un niño de 3 años sentado en la misma silla de la sala blanca, mirando a la cámara, con una máscara blanca al lado. El informe decía: EL SUJETO DIBUJA ROSTROS QUE NO HA VISTO. DICE QUE HAY HOMBRES SIN CARA PARADOS DETRÁS DEL PERSONAL.

—Zero, mira esto.

Zero ya había logrado prender el sistema. Las pantallas empezaron a encenderse una por una. Seis pantallas, seis ángulos de la misma sala circular.

Le dio play al archivo más viejo: 2005-06-14_J-01_PRIMERA_EXPOSICIÓN.

En el video, un niño de unos 6 años, Jonás, estaba sentado en el Trono de piedra. Estaba flaquito, con una bata blanca que le quedaba grande. Su papá, Elías Marín, se veía joven, con pelo negro, no como lo recordaba Jonás, parado detrás del vidrio con un micrófono.

—Jonás, ¿qué ves?

El niño no respondía. Miraba fijo hacia la esquina de la sala donde no había nada.

—Ahí hay un señor sin cara —dijo bajito—. Dice que quiere mi nombre.

Elías anotó algo.

—Dile que no.

—Ya se lo di.

En ese momento, en el video, la cámara que grababa desde arriba captó algo que en ese momento nadie vio. Detrás del niño, en la pared de piedra negra, se formó una sombra con forma de hombre alto, sin rostro, que puso una mano sobre el hombro de Jonás. La sombra duró solo dos segundos y desapareció.

Héctor retrocedió un paso.

—Esa sombra...

—Es uno de ellos —dijo Zero—. Desde el principio lo estaban marcando.

Puso el segundo video: 2010-11-02_J-01_INTENTO_DE_CORONACIÓN.

Jonás ya tenía 12 años. Lo metieron a la sala con una corona de cables. Elías estaba más viejo, más cansado.

—Esta es la última, hijo. Si aguantas, nos vamos a casa.

Jonás lloraba.

—No quiero, papá. Ellos dicen que si me siento me quitan la cara.

—Son mentiras, Jonás.

Lo sentaron. En el momento en que su espalda tocó la piedra, todas las luces de la base se apagaron. En el video se escuchó un grito que no era de Jonás, era de muchas voces al mismo tiempo. Cuando las luces volvieron, Jonás no estaba en el trono, estaba en el piso, convulsionando, y el trono estaba vacío pero tenía marcas de manos quemadas en los apoyabrazos.

Y detrás del vidrio, Elías ya no estaba solo. Había tres hombres sin rostro parados detrás de él, mirando a la cámara.

Elías los miró, los vio, y se desmayó.

Zero pausó el video.

—Aquí fue donde Elías entendió. No estaban creando un arma, estaban abriendo una guardería para ellos. Jonás era el primer niño que podía vivir en los dos lados. Por eso lo rechazó el Trono, porque no era suficientemente humano para ser juez, ni suficientemente hueco para ser de ellos. Se quedó en la mitad.

Héctor encontró otro archivador, más escondido, con candado. Lo reventó.

Adentro no había papeles, había una USB y una foto. La foto era de Elías Marín abrazando a Jonás de 8 años, los dos sonriendo. Detrás, escrito a mano: SI ALGO ME PASA, BUSCA EN EL DIAMANTE, ELLOS NUNCA SE FUERON.

Pusieron la USB.

Era un video grabado por el mismo Elías, escondido, con la cámara temblando.

—Si están viendo esto es porque yo ya no estoy. El Proyecto Umbral no se cerró. Lo movieron. Los Sin Rostro necesitan un Heredero Negro y un Heredero Blanco. El Negro juzga, el Blanco borra. Jonás es el blanco. Pero Jonás no es malo, es mi hijo. Yo lo hice con la esperanza de traer de vuelta a mi esposa. Lo que traje fue otra cosa. Si mi hijo encuentra al Heredero Negro, no lo dejen pelear. Si pelean, la puerta se abre del todo. Y cuando se abra, van a entrar todos.

El video se cortó.

En ese momento, todas las luces de la base se apagaron de golpe. La pantalla de estática que había estado prendida todo el tiempo se puso en negro y apareció un texto blanco:

"BIENVENIDOS A CASA."

Héctor sacó el arma.

—Nos vieron venir.

Zero no se asustó. Alumbró hacia la sala circular con la linterna.

El Trono ya no estaba vacío. Había alguien sentado. Era un hombre con bata blanca, sin rostro, pero con la forma de Elías Marín, con la foto que Héctor tenía en la mano colgando del cuello.

Y detrás del Trono, parados en fila, había 7 niños sin rostro, todos del tamaño de Jonás cuando tenía 6 años, todos mirando hacia la cámara.

—Son los otros intentos —susurró Zero—. Antes de Jonás.

El ser sentado levantó una mano y señaló a Héctor.

Y en la pared, con sangre seca que llevaba 15 años ahí pero que ahora se veía fresca, apareció escrito: MATEO RIVAS ES EL NEGRO. JONÁS MARÍN ES EL BLANCO. PROTEJAN AL NEGRO.

Héctor entendió. Elías, aunque estuviera convertido, todavía estaba tratando de proteger al hijo de Héctor.

Zero agarró a Héctor del brazo.

—Nos vamos. Ya tenemos lo que necesitamos. Jonás no es el que vende las HEX. Es el primer hueco que logró conservar la cara. Y ahora lo están usando de líder.

Subieron corriendo las escaleras mientras detrás de ellos se escuchaban pasos de muchos pies pequeños corriendo por el pasillo.

Cuando salieron a la superficie y cerraron la puerta del búnker, el sol ya estaba saliendo. Héctor se sentó en el pasto, temblando, con la foto de Jonás de niño en la mano.

—Mi hijo está jugando con el hijo de ese señor —dijo—. Y ninguno de los dos sabe que son hermanos de proyecto.

Zero lo miró.

—Mateo no es hijo del proyecto. Mateo fue elegido. Jonás fue fabricado. Por eso la consola negra aceptó a Mateo y la blanca rechazó a Jonás. Y por eso ahora Jonás tiene que liderar a los que sobraron.

Guardó el disco duro en la mochila.

—Tenemos que decirle a Mateo que si mata a Jonás, él mismo se queda sin rostro.

Héctor se paró.

—No. Tenemos que decirle a Mateo que si no mata a Jonás, Jonás va a tener que matarlo a él. Pense todo menos que uno de los asesinos juez era mi hijo.

CONTINUARA...

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