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PESADOS POR EL DESTINO

PESADOS POR EL DESTINO

Status: Terminada
Genre:CEO / Posesivo / Grandes Curvas / Completas
Popularitas:436.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Ella tiene curvas que esconde y un promedio impecable. Él es el hombre perfecto que la observa en secreto. Una noche, un plan macabro los une. ¿El resultado? Una mentira, un bebé y un amor que lo arriesgará todo.

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 14

Romina

El camarero trajo el segundo plato, rompiendo el hechizo. Pero la conversación ya había cambiado. Ya no éramos dos profesionales en un viaje de negocios. Éramos dos personas. Dos personas que, de alguna manera, se estaban conociendo de verdad.

—Y tú

dijo él, retomando.

— ¿Siempre tan reservada? En la universidad, quiero decir. Te veía... bueno, siempre tan concentrada, tan en tu mundo.

Me sobresalté. ¿La universidad, Él me había visto en la universidad?

—¿Me veías?

pregunté, confundida.

Geovanny dudó. Solo un segundo, pero lo suficiente para que algo en mi interior se encendiera.

—A veces

dijo, con cautela.

— Iba a buscar a León, a asegurarme de que no hiciera tonterías. Y te veía. Era difícil no verte.

Mi corazón se aceleró.

—¿Por qué?

—Porque destacabas. No por lo que tú crees

 añadió rápidamente, como si pudiera leer mi mente.

— Por tu forma de moverte, de concentrarte, de ignorar todo lo que pasaba a tu alrededor. Como si tuvieras un mundo interior tan vasto que no necesitaras nada más.

No supe qué decir. Nadie me había hablado así nunca.

—León...

empecé, pero él me interrumpió.

—Sé lo que te hizo. Lo que te hizo durante años. Y no tengo palabras para decirte cuánto lo siento. No puedo excusarlo. Es un imbécil consentido.

—No es tu culpa

dije.

—Tú no eres responsable de lo que hace tu hermano.

—Lo sé. Pero a veces siento que sí. Porque yo estaba ahí. Y no hice nada.

—Verlo lo que hacía no te hace cómplice, Geovanny.

Me miró de nuevo, y en sus ojos grises vi algo que no supe nombrar. Algo profundo, antiguo, doloroso.

—Gracias

dijo.

—Por decir eso.

La cena continuó entre confidencias y risas. Me habló de su pasión por la lectura, de los viajes que había hecho, de cómo había aprendido a cocinar siendo un niño para no depender de nadie. Yo le hablé de mi pueblo, de mis hermanos, de Laura, de lo mucho que extrañaba a mis padres.

Cuando el camarero trajo la cuenta, ya era tarde. El restaurante estaba casi vacío. La luna se reflejaba en el mar, creando un camino de plata sobre las olas.

—Ha sido una noche maravillosa

dije, sincera.

—Para mí también

respondió él, y su voz sonó casi como un susurro.

Pagó, me ofreció el brazo para caminar, y subimos juntos en el ascensor. El espacio reducido, su cercanía, su olor a hombre y a vino... todo conspiraba para que mi corazón latiera desbocado.

Llegamos a la planta. El pasillo estaba en penumbra, iluminado solo por tenues luces indirectas. Caminamos hasta nuestras puertas, una al lado de la otra. Nos detuvimos frente a ellas.

—Buenas noches, Romina

 dijo él, con esa voz que me desarmaba.

—Buenas noches, Geovanny.

M ientras abría mi puerta, sentí su mirada en mi espalda. Quise girarme, quise decir algo, quise... no sé qué quise.

Pero no lo hice. Entré, cerré la puerta, y me quedé apoyada contra ella, temblando, con el corazón a mil.

Del otro lado, escuché su puerta abrirse y cerrarse.

Y entonces, en el silencio de mi habitación, me permití pensar. En sus ojos. En su voz. En la forma en que me había mirado durante la cena, como si yo fuera la única persona en el mundo.

Pero también pensé en Camila. En su prometida perfecta. En la modelo de revista que lo esperaba.

Y supe, con una certeza absoluta, que nada podía pasar. Que nada debía pasar.

Pero mi cuerpo, mi estúpido cuerpo, no estaba de acuerdo.

Pasé la noche en vela, escuchando cada ruido del otro lado de la pared. Sus pasos. El agua de su ducha. El roce de las sábanas. Imaginando. Soñando. Deseando.

Y preguntándome, una y otra vez, qué estaría pensando él.

––––

A la mañana siguiente, la reunión fue un éxito rotundo.

Los inversionistas, el señor Méndez y su socio, quedaron impresionados con nuestra presentación. Geovanny estuvo brillante, dominando cada detalle, cada cifra, cada estrategia. Y yo a su lado, complementándolo, sintiendo que éramos un equipo perfecto.

Cuando firmaron el contrato, cuando sellamos el acuerdo millonario, Geovanny me miró y sonrió. Una sonrisa radiante, de triunfo compartido.

—Lo logramos

 dijo.

—Lo logramos

repetí.

Pero entonces, el señor Méndez, un hombre de unos cincuenta años, atractivo, con canas distinguidas y una sonrisa amable, se acercó a mí.

—Señorita Valera, ha sido un placer conocerla. Su inteligencia y su belleza son un combo difícil de encontrar. ¿Me permitiría invitarla a una copa para celebrar?

Me quedé paralizada. Miré a Geovanny instintivamente. Su mandíbula se tensó. Sus ojos grises se oscurecieron.

—Nos encantaría

dijo Geovanny, con una voz que no admitía réplica

— Pero la celebración la haremos todos juntos. ¿No le parece, Méndez?

Hubo un destello de algo en la mirada del inversionista. Diversión, quizás. O reconocimiento.

—Por supuesto, por supuesto. Vamos entonces.

––––

El bar al que nos llevaron era elegante, con música suave y una terraza con vistas a la ciudad. Pedimos champán para celebrar. Yo, que ya había aprendido mi lección con el vino de la graduación, decidí beber con moderación. Pero el señor Méndez insistía en llenar mi copa, y Geovanny, a mi lado, parecía cada vez más tenso.

—Es una mujer extraordinaria, Geovanny

dijo Méndez, mirándome con admiración.

— Si yo fuera veinte años más joven...

—Pero no lo es

 cortó Geovanny, con una sonrisa forzada.

— Y Romina es mi asistente. Y mi amiga.

La palabra amiga me golpeó como un puñetazo. Pero también vi algo en sus ojos. Algo que no supe interpretar. ¿Celos, Eran celos?

Las copas se sucedieron. Yo, tonta de mí, seguí bebiendo. El alcohol me desinhibía, me hacía olvidar que debía mantener las distancias. Me hacía reír más fuerte, tocar más a menudo, mirar más descaradamente.

En un momento dado, mientras Méndez contaba una anécdota, sentí la mano de Geovanny en mi pierna, bajo la mesa. Un roce ligero, apenas un segundo. Pero suficiente para que todo mi cuerpo ardiera.

Lo miré. Él no me miraba. Bebía su champán como si nada. Pero su mano... su mano había estado ahí.

El resto de la celebración fue un borrón. Recuerdo reír, recuerdo brindar, recuerdo la mirada de Geovanny clavada en mí cada vez que Méndez decía algo amable. Recuerdo la tensión creciendo, haciéndose insoportable.

Cuando por fin terminó, cuando nos despedimos de los inversionistas, Geovanny me sujetó del brazo para caminar hacia el coche. Su agarre era firme, posesivo.

En el trayecto al hotel, apenas hablamos. Pero el silencio estaba cargado de electricidad. De preguntas. De deseos.

Llegamos al hotel. El ascensor. El pasillo en penumbra. Otra vez.

Nos detuvimos frente a las puertas. Otra vez.

—Buenas noches, Romina

dijo él, con la voz ronca.

—Buenas noches, Geovanny

respondí, como pude.

M e quedé quieta, mirándolo. Sus ojos grises recorrían mi rostro, mis labios, mi cuello. Podía sentir su deseo. Podía sentir el mío.

Pero ninguno se movió.

Finalmente, respiré hondo y metí la tarjeta en la cerradura. La puerta se abrió. Entré.

Y entonces, sin pensar, sin querer, sin darme cuenta por el mareo de las copas, cerré.

comencé a desvestirme. La chaqueta cayó al suelo. Los zapatos, también. La blusa de seda, despacio, deslizándose por mis hombros, por mis brazos, revelando mi piel, mis curvas, mis pechos aprisionados en el sostén.

Me quedé en ropa interior, con la luz tenue de la habitación bañando mi cuerpo. El cuerpo que siempre había odiado. El cuerpo que esa noche, borracha y deseante, casi podía aceptar.

Me tumbé en la cama, boca arriba, mirando al techo. Sentía el mareo de las copas, el calor en la piel, el recuerdo de su mano en mi pierna.

Al otro lado de la puerta, a solo unos metros, él estaba.

Continuara...

1
Maru
Al contrario 🤔💭el silencio 🤫 te hace cómplice
Maru
Geovanny me parece un hombre apocado a su edad y con su preparación académica debería estar blindado sobre el minúsculo afecto de su padre buscar la aprobación paterna a esas alturas es un absurdo; en otro orden de ideas, nadar entre dos aguas me parece mal si tanto ama y desea a Romina que luche por ella y no le de esperanzas a la otra
Maru
Romina muchacha tienes el suficiente potencial para gustarle a tu jefe a tu suegro y todos los que te conocen pero... debes empezar gustando de ti misma 🤩
Maru
🤔💭Las piezas del rompecabezas 🧩 empiezan a encajar
Francisca Letycia MirandaGarcia
para mí estuvo perfecta su historia, es muy raro que un ceo renuncie a todo lo que tiene, por lo regular siempre tratan de salvar su éxito que han logrado, gracias por su tiempo
Francisca Letycia MirandaGarcia
aquí lo triste es que el padre de Giovanni no lo fue a buscar, prefirió su orgullo
Francisca Letycia MirandaGarcia
y su otro abuelo lo irá a conocer, Giovanni ya no lo hace presente en su vida, será pq en realidad nunca estuvo
Francisca Letycia MirandaGarcia
quer hermoso con los ojos grises
Edith Villamizar
me gustó mucho la historia
El final estuvo bueno, no siempre tiene que ser final de ricos y herederos
fué diferente ellos construyeron una familia humilde pero llena de amor
No me gustó que el papá no se le ocurrió visitar a su hijo y pedir una oportunidad para ser abuelo ya que no fué buen padre
Edith Villamizar
Ni porque se fueron lejos, los dejan ser felices juntos
Son malos, inventan que el papá está grave y llevárselo quien sabe que pensaban hacer con Giovanni
Francisca Letycia MirandaGarcia
hasta que tomó esa determinación, darle una lección a su padre y probar que él no lo necesita para salir adelante
Francisca Letycia MirandaGarcia
no es posible que el padre haya pedido eso, por eso los hijos son asi
Francisca Letycia MirandaGarcia
lo importante que tiene unos padres comprensivos
Francisca Letycia MirandaGarcia
pues haber si no se la pone difícil Camila
Francisca Letycia MirandaGarcia
debería estar feliz pq la ama y a su bebé también
Maria Gudiño
que paso con el papá de Geovanny,por lo demás una excelente novela, felicitaciones para la escritora 👍👌👏👏
Francisca Letycia MirandaGarcia
por muy dormida que este como no darse cuenta que nos están dando duro contra el colchón jajajaja
Liliana Flores
me gusta la trama, pero la estás haciendo demasiado inocente a está chica no puede pensar que es un sueño 🤭🤭
Liliana Flores
hasta ahora me está pareciendo muy interesante y me intriga lo que seguirá sucediendo
Francisca Letycia MirandaGarcia
el padre no puede quedar sin interarse de la fichita que es su hijo leon
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