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Prohibido Llamarte Amor

Prohibido Llamarte Amor

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Dejar escapar al amor / Diferencia de edad / CEO
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Enn Gómez

Hay amores que llegan demasiado tarde.
Y otros que nunca debieron llamarse amor.

***
Cinco años atrás, Lizzie cometió un error con James.

Una noche.
Un secreto.
Y una despedida antes de que él pudiera decirle que, para él, nunca había sido un error.

Ahora Lizzie tiene veinticinco años, un prometido perfecto y una boda esperándola. James debería ser solamente un recuerdo… hasta que la enfermedad de su padre lo convierte en el único hombre capaz de salvar el legado de su familia.

Trabajar juntos no estaba en sus planes.
Volver a desearse, mucho menos.

Porque James sigue siendo el hombre que no debería tocar.
Y Lizzie sigue perteneciendo a un futuro en el que él no tiene lugar.

NovelToon tiene autorización de Enn Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22. Amanecer contigo

Desperté con una pierna enredada entre las sábanas y el brazo de James sobre mi cintura.

Durante unos segundos no recordé dónde estaba.

Después sentí su respiración contra mi cabello.

Y sonreí.

Seguía dormido.

Me giré con cuidado para quedar frente a él, esperando despertarlo, pero James apenas se movió. Hundió un poco más la cabeza en la almohada y continuó durmiendo.

Nunca lo había visto así.

James siempre parecía demasiado consciente de todo. De quién entraba en una habitación. De lo que ocurría a su alrededor. Incluso de aquello que los demás intentaban ocultarle.

Dormido era diferente.

Tenía el cabello rubio completamente desordenado, cayéndole sobre la frente. La barba corta marcaba su mandíbula y, sin aquella expresión seria que llevaba casi siempre, parecía más joven.

Más cercano.

Mi mirada descendió.

Mala idea.

Las sábanas apenas le cubrían la cintura y dejaban al descubierto el pecho, el abdomen firme y los hombros anchos que tantas veces había intentado no mirar.

Intentado.

Porque evidentemente los había mirado.

Sonreí para mí.

Acerqué la mano y recorrí con la punta de los dedos una línea sobre su pecho.

Nada.

James ni siquiera se movió.

Eso me dio valor para seguir.

Mis dedos descendieron lentamente por su abdomen.

—¿Terminaste?

Retiré la mano de inmediato.

Levanté la mirada.

Seguía con los ojos cerrados.

—Estabas despierto.

Una sonrisa apareció en sus labios.

—Desde que empezaste a tocarme.

Intenté girarme, pero su brazo rodeó mi cintura antes de que pudiera escapar y me arrastró contra él.

Solté una risa.

—James.

Abrió finalmente los ojos.

Y por un instante olvidé lo que iba a decir.

Había algo peligrosamente íntimo en despertar junto a él.

—Buenos días —murmuró.

—Buenos días.

Me besó.

Fue un beso pequeño. Perezoso.

Uno de esos besos que parecían pertenecer a personas que llevaban años despertando juntas.

Cuando se apartó, apenas dejó unos centímetros entre nosotros.

—¿Dormiste bien?

Asentí.

—Mucho.

—Bien.

Volvió a besarme.

Esta vez duró un poco más.

Mi mano terminó sobre su pecho y la suya recorrió lentamente mi espalda bajo la sábana.

Sonreí contra su boca.

—Pensé que tenías sueño.

—Tenía.

—¿Y ahora?

James abrió los ojos.

La forma en que me miró respondió antes que él.

—Ahora tengo otros problemas.

Me reí y él volvió a besarme.

Pero ya no hubo nada perezoso en ese beso.

Sus labios encontraron mi mandíbula, después mi cuello.

Cerré los ojos.

—James...

Sentí su sonrisa contra mi piel.

Continuó bajando.

Un beso sobre mi clavícula.

Otro un poco más abajo.

Mis dedos se hundieron entre su cabello cuando comprendí que no tenía ninguna intención de detenerse.

Levanté ligeramente la cabeza.

—¿Adónde vas?

James me miró desde algún punto de mi cuerpo y arqueó una ceja.

—¿Quieres que vuelva?

Abrí la boca.

La cerré.

Su sonrisa se hizo más evidente.

—Eso pensé.

—Eres insoportable.

—Y tú hablas demasiado por las mañanas.

—Ja...

No terminé.

James continuó descendiendo lentamente, dejando besos sobre mi piel hasta desaparecer bajo las sábanas.

Contuve la respiración.

—James...

Esta vez su nombre salió completamente distinto.

Me dejé caer otra vez sobre la almohada.

La mañana dejó de ser tranquila.

Mis dedos se cerraron alrededor de las sábanas y tuve que morderme el labio para contener una risa que terminó convirtiéndose en otra cosa cuando él consiguió que dejara de pensar por completo.

Después de aquello, no tuve demasiada dignidad para reclamarle nada.

James apareció de nuevo junto a mí con una satisfacción irritante en el rostro.

Lo miré.

—No digas nada.

—No iba a decir nada.

—Estás sonriendo.

—Tú también.

Intenté esconderme bajo la sábana.

James soltó una carcajada y me atrapó antes de conseguirlo.

—Ven aquí.

Me acomodó sobre su pecho.

Todavía podía sentir su risa mientras me abrazaba.

—Te odio.

—No parece.

James atrapó mi mano y besó mis dedos.

Después todo volvió a quedarse en silencio.

Pero era un silencio distinto.

Cálido.

Cómodo.

Me quedé escuchando los latidos de su corazón mientras sus dedos recorrían distraídamente mi espalda.

Afuera ya no llovía.

La luz de la mañana entraba entre las cortinas y por primera vez en mucho tiempo no sentí ninguna necesidad de saber qué hora era.

Cerré los ojos.

Podía quedarme cinco minutos más.

Solo cinco.

Aunque los dos sabíamos que probablemente serían muchos más

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