Tras ser masacrada junto a su familia por orden de su ambiciosa prima Silvia y el frío magnate Patrick, Elena muere en la ruina. Habían arriesgado todo para rescatar a Silvia de la mafia, pero ella borró todo rastro de su deshonra asesinando a sus salvadores.
Milagrosamente, Elena despierta en el pasado, justo la noche del ataque. Con el odio ardiendo en sus venas y dispuesta a todo, simula un colapso para evitar que su hermano intervenga, dejando que Silvia sufra las desgarradoras consecuencias de su propia trampa.
Determinada a no repetir su trágico destino, Elena orquesta una fría y metódica venganza corporativa. Entre alianzas estratégicas, secretos oscuros y manipulación, destruirá paso a paso a Silvia y a Patrick, arrastrándolos al mismo infierno al que la condenaron. En esta vida, las lágrimas de Elena serán el veneno de sus enemigos.
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EL COSTO DE ELEGIR
No dormí esa noche.
Patrick se había ido bajo la lluvia, con la promesa de que hablaríamos al día siguiente. Pero en este juego, las promesas son la moneda de los débiles. Y yo llevaba dos vidas aprendiendo que los Sterling, cuando se sienten acorralados, no hablan.
Disparan.
El primer disparo llegó a las seis de la mañana, en forma de una notificación en mi teléfono.
*"Su cuenta ha sido bloqueada por orden judicial. Motivo: investigación federal por fraude corporativo."*
Parpadeé. Leí otra vez. Y otra.
—Lucas —dije, marcando su número con dedos temblorosos.
No contestó.
Llamé otra vez.
Tampoco.
Vestí a toda prisa, bajé las escaleras de mi edificio, y pedí un coche. En la pantalla del móvil, las noticias ya estaban ardiendo.
*"ESCÁNDALO EN STERLING HOLDINGS: PROMETIDA DEL CEO ACUSA A CONSULTORA DE ESPIONAJE INDUSTRIAL."*
Silvia.
Abrí el video.
Ahí estaba, de pie frente a una multitud de periodistas en la entrada de un edificio federal, con un traje color hueso y el cabello perfectamente peinado. Ojos llorosos. Labios temblorosos. La actuación de su vida.
*"Mi nombre es Silvia Castellanos. Durante meses, he sido víctima de una campaña de difamación orquestada por Elena Vasquez, una consultora externa que intentó sabotear mi compromiso con Patrick Sterling. La señorita Vasquez hackeó mis dispositivos, filtró información privada a la prensa y me amenazó de muerte en múltiples ocasiones. Tengo pruebas. Tengo testigos. Y hoy, he presentado una denuncia formal ante las autoridades."*
La cámara hizo zoom en su rostro. Y yo vi lo que los demás no.
Detrás de los ojos llorosos, había triunfo.
Silvia no estaba confesando.
Estaba atacando.
Victoria le había dado un guion. Y Silvia, la tonta, lo estaba ejecutando a la perfección.
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Llegué al loft de Tribeca con el corazón en la garganta.
La puerta estaba abierta.
No forzada. Abierta con llave. Con la llave que solo Lucas y yo teníamos.
—¡Lucas! —grité, entrando.
El loft estaba en silencio. La mesa del comedor volcada. El laptop de mi hermano abierto en el suelo, con la pantalla rota. Y en la pared, escrita con marcador rojo, una sola palabra.
*"BASTA."*
Mi teléfono vibró. Número desconocido.
Contesté.
—Señorita Vasquez —dijo la voz de Victoria Sterling, con esa calma glaciar que la caracterizaba—. Espero que haya visto las noticias.
—¿Dónde está mi hermano?
—Lucas está a salvo. —Una pausa—. Por ahora. Pero eso depende de usted.
—Victoria, si le toca un solo cabello...
—No lo tocaré. —La voz se afiló—. Pero Marcus sí podría. Y Marcus, como acaba de descubrir su querido Patrick, no es hombre de matices.
El aire se escapó de mis pulmones.
—¿Qué quiere?
—Quiero que se rinda. —Cada palabra fue un clavo en un ataúd—. Quiero que comparezca ante la prensa esta tarde. Quiero que confiese que usted orquestó las filtraciones. Que confiese que hackeó a mi futura nuera. Que confiese que mintió a mi hijo. Y quiero que se exile. Lejos de Nueva York. Lejos de Sterling Holdings. Lejos de Patrick.
—¿Y si me niego?
—Entonces Lucas morirá. —La voz no tembló. No hubo duda—. Y Patrick descubrirá, antes del mediodía, que usted lo sedujo para destruir a su familia. Que todo lo que hay entre ustedes fue una mentira calculada. Que usted nunca lo amó.
Cerré los ojos.
—Usted no sabe eso.
—Sé exactamente lo que sé, señorita Vasquez. —La voz de Victoria se volvió casi maternal. Casi—. Sé que mi hijo está enamorado de usted. Y sé que el amor, en las manos correctas, es el arma más letal que existe.
La línea se cortó.
Me quedé quieta en medio del loft destruido. Con el teléfono en la mano. Con el marcador rojo brillando en la pared como una herida abierta.
Y entonces, la puerta se abrió otra vez.
No era Lucas.
Era Patrick.
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Entró con el cabello revuelto, la camisa arrugada, los ojos grises oscuros como tormenta. Traía una carpeta bajo el brazo. Y en su rostro, una expresión que no había visto nunca.
Resolución.
—Elena.
—Patrick, no es buen momento...
—Es el único momento. —Cerró la puerta detrás de él. Dejó la carpeta sobre la mesa volcada—. He pasado las últimas seis horas hablando con abogados. Con inversores. Con miembros del consejo. He revisado cada documento que encontré sobre mi padre. Sobre Marcus. Sobre lo que le hicieron al tuyo.
—Patrick...
—Y he tomado una decisión. —Se acercó. Se detuvo a un metro de mí—. Esta tarde, a las tres, hay una rueda de prensa convocada en Sterling Holdings. Silvia iba a hablar. Mi madre iba a hablar. Iban a destruirte públicamente.
—Lo sé.
—Ya no lo harán. —Patrick sacó un documento de la carpeta. Lo deslizó hacia mí—. He renunciado.
El mundo se detuvo.
—¿Qué?
—He renunciado como CEO de Sterling Holdings. —Su voz era firme. Sin temblores—. He transferido mis acciones a un fideicomiso ciego. He nombrado a una junta directiva independiente. Y he presentado una denuncia federal contra Victoria Sterling y Marcus Kane por el asesinato de tu padre.
—Patrick, no puedes...
—Puedo. Y lo hice. —Se acercó más. Tomó mi rostro entre sus manos—. Esta tarde, a las tres, yo voy a dar la rueda de prensa. No Silvia. No mi madre. Yo. Y voy a decir la verdad. Toda la verdad. Sobre Marcus. Sobre Victoria. Sobre lo que le hicieron a tu familia. Sobre lo que siento por ti.
—Patrick, te destruirán.
—Ya estoy destruido, Elena. —Sus ojos grises se llenaron de algo que no era lágrimas, pero se parecía—. Desde que supe quién era mi verdadero padre, no he podido respirar. Desde que supe lo que mi madre hizo, no he podido dormir. Desde que te conocí, no he podido dejar de pensar en que te estaba fallando. Esto —hizo un gesto hacia la carpeta—, esto no es una renuncia. Es una liberación.
—¿Y Lucas?
—Marcus lo tiene. —Patrick apretó los dientes—. Pero mis abogados ya están en ello. En una hora, Lucas estará a salvo. Te lo prometo.
Cerré los ojos.
Y por primera vez en dos vidas, sentí algo que no había sentido nunca.
No era venganza.
No era alivio.
Era *amor*.
Puro. Devastador. Inevitable.
—Patrick —susurré—. Si haces esto, no hay vuelta atrás.
—Nunca la hubo, Elena. —Se inclinó. Su frente contra la mía—. Desde el primer momento en que te vi, supe que mi vida iba a cambiar. Solo no sabía que iba a ser así.
—¿Y si todo sale mal?
—Entonces saldremos mal juntos. —Sus labios rozaron los míos—. Pero no van a salir mal. Porque esta vez, no voy a dejar que nadie te haga daño. Ni mi madre. Ni mi padre. Ni nadie.
Lo besé.
No como la otra vez. No con desesperación. No con rabia.
Con certeza.
Con la certeza de una mujer que, después de dos vidas, finalmente había encontrado algo por lo que valía la pena luchar.
Algo por lo que valía la pena vivir.
Mi teléfono vibró otra vez.
Lo miré.
Un mensaje de Lucas.
*"Estoy bien. Patrick me sacó. Estamos en camino. Elena, hay algo que tienes que saber. Victoria no me secuestró. Fui yo quien se dejó llevar. Porque necesitaba encontrar algo. Y lo encontré."*
Levanté la vista. Patrick me observaba con una mezcla de amor y miedo.
—¿Qué encontró Lucas? —preguntó.
Sonreí.
Una sonrisa que no tenía nada de dulce.
—La pieza final, Patrick. —Guardé el teléfono—. La pieza que va a destruir a Victoria de una vez por todas.
—¿Y cuál es?
Me acerqué a su oído. Y susurré.
Lo que vi en sus ojos cuando terminé de hablar fue priceless.
Porque Patrick Sterling, por primera vez en su vida, tuvo miedo de su propia madre.
Y yo, por primera vez en dos vidas, tuve miedo de lo que estaba a punto de hacer.
Pero ya no había vuelta atrás.
Leee