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Te amé, pero ya no te amo

Te amé, pero ya no te amo

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:133.2k
Nilai: 5
nombre de autor: MeriGrei

Natalia Serrano ha estado casada con Damián Santillán durante tres años. Un matrimonio construido por medio de un contrato con su familia y aunque durante ese tiempo, ella creyó que Damián podría llegar a amarla, estaba equivocada.
Con el regreso de Jimena, el primer amor de Damián, este solo muestra preferencias hacia ella sin importarle el dolor que causa en Natalia. Pero, justo cuando Natalia decide que ya no puede más y decide darle su libertad, Damián se niega a dejarla a ir, pero, aun así, no le da su lugar, sigue siendo frío, hiriente y le da el favoritismo a Jimena. ¿Qué es lo que realmente quiere Damián de ella?, ¿Por qué seguirla atando a un matrimonio que la hace sufrir?

NovelToon tiene autorización de MeriGrei para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

Capítulo 1

--Señorita Serrano, usted está muy bonita. Quédese conmigo esta noche y mañana mismo le firmo el contrato.

Rogelio Lira sonrió como si acabara de ofrecerme un favor.

Yo retrocedí un paso.

El pasillo del hotel olía a perfume caro, tequila abierto y flores que ya llevaban demasiadas horas encerradas en arreglos enormes. Detrás de la puerta del salón seguían las risas, los brindis, la música baja de un trio que nadie escuchaba de verdad.

Yo solo escuchaba mi propia respiración.

--Licenciado Lira, vine a hablar de trabajo --dije, tratando de mantener la voz firme--. No de eso.

El bajo la mirada por mi vestido azul y luego volvió a subirla despacio, sin vergüenza.

--Ay, Natalia. No te hagas. En este medio todos negocian algo.

Me dio asco.

No un asco elegante, de esos que una puede esconder con una sonrisa. Fue un asco físico, pesado, que me subió desde el estomago hasta la garganta.

--Quítese --pedí.

--No seas grosera.

Avanzo.

Yo mire hacia el salón, buscando a Lidia, buscando a cualquiera. La habían llamado a otra mesa para hablar con el director financiero de Lira. A mi me habían dejado sola dos minutos, solo dos, y esos dos minutos fueron suficientes para que ese hombre me siguiera hasta la salida del baño.

Rogelio puso una mano en la pared, a un lado de mi cabeza.

--Cinco minutos de ternura y te aseguro el proyecto. No sabes lo que le conviene a tu jefa.

--No me toque.

--Entonces convénceme por las buenas.

Su mano alcanzo mi muñeca.

Me apretó fuerte.

Por un instante no pensé. Solo sentí. El frio del mármol en mi espalda, el aliento de mezcal en mi cara, su dedo hundiéndose en mi piel.

--Suéltame.

--No grites, preciosa. Nadie va a meterse. Todos aquí quieren mi dinero.

Algo se me rompió en el pecho.

Tal vez miedo.

Tal vez paciencia.

Le clave el tacón en el zapato con toda la fuerza que pude y, cuando se doblo por el dolor, levante la rodilla.

Rogelio soltó un quejido ahogado.

--Pinche vieja loca...

No espere a escuchar mas.

Cori.

No sé cómo llegué al cuarto de servicio del fondo. Empujé la puerta, me metí y puse el seguro con manos torpes. Había cajas de manteles, cubetas, un olor agrio a cloro. Me senté en el piso, detrás de un carrito metálico, y me tape la boca para no llorar fuerte.

Afuera se escucharon pasos.

--Natalia --dijo Rogelio, arrastrando mi nombre con rabia--. Sal. No seas ridícula.

Mi celular casi se me cayo cuando lo saque de la bolsa.

Llamé a Damián.

Una vez.

Dos.

Tres.

Contesto cuando yo ya tenia la garganta cerrada.

--Damián...

--Estoy ocupado.

Su voz llego limpia, fría, como si yo fuera una interrupción molesta en una reunión.

--Por favor, ven por mi. Estoy en el hotel de Polanco, en el evento de Lira. Un hombre intentó...

Tragué saliva.

No quería decirlo.

Decirlo lo hacia mas real.

--Intento tocarme. Estoy escondida en un cuarto de servicio. Tengo miedo.

Hubo silencio.

Por un segundo, estúpidamente, pensé que iba a preguntarme si estaba bien.

--Natalia, ya basta.

Me quede inmóvil.

--¿Que?

--No tengo tiempo para tus escenas. Te dije que hoy no podía ir por ti.

Los golpes en la puerta empezaron justo entonces.

Uno.

Dos.

El metal vibro contra mi espalda.

--Damián, te juro que no estoy inventando nada.

Mi voz salió rota.

Me odie por eso.

--Estoy encerrada. El tipo esta afuera. Por favor...

--Eres mi esposa. ¿Quién se atrevería a tocarte?

La frase me dio risa.

Una risa chiquita, muda, horrible.

Su esposa.

La esposa que nadie conocía.

La señora Santillán solo existía dentro de Villa Jacaranda, entre sábanas caras, desayunos callados y contratos guardados bajo llave. Para el mundo yo era Natalia Serrano, diseñadora de Aurora Atelier, una empleada mas que podía ser arrinconada por un cliente borracho sin que nadie moviera un dedo.

--Damián...

Del otro lado de la llamada se escucho una voz de mujer.

Dulce.

Suave.

Con esa seguridad que solo tienen las personas que saben que van a ser elegidas.

--Dami, ¿ya encontraste a Michi? No aparece por ningún lado. ¿Con quien hablas?

Se me congelo la sangre.

Jimena Rivas.

No necesitaba verla para reconocerla.

Llevaba tres años viviendo con su sombra sentada a nuestra mesa.

Hoy había vuelto a México.

Claro.

Por eso Damián no podía venir.

--Con una empleada --respondió el.

Una empleada.

No mi esposa.

No Natalia.

Una empleada.

Jimena sollozó bajito.

--Me da miedo que le haya pasado algo. Michi nunca se esconde así.

La voz de Damián cambió.

Se suavizo de golpe.

--Tranquila, cariño. Lo vamos a encontrar.

Yo mire la puerta.

Rogelio seguía golpeando.

Mi marido estaba buscando el gato de otra mujer.

--Damián, por favor...

La llamada se cortó.

No sé si el colgó o si yo deje de escuchar.

El celular quedo encendido en mi mano, iluminándome los dedos blancos, apretados, inútiles.

No llore de inmediato.

Primero sentí vergüenza.

Una vergüenza absurda, como si la culpa fuera mía por haberle pedido ayuda a quien llevaba tiempo ensenándome que no iba a llegar.

Después si llore.

En silencio.

Con la frente apoyada en las rodillas y el corazón latiendo tan fuerte que parecía querer salirse para huir antes que yo.

La puerta se abrió de pronto.

--¡Nati!

Levante la cabeza.

Lidia estaba ahí, pálida, con dos meseros detrás. Rogelio ya no estaba. O tal vez yo ya no podía verlo.

--¿Qué paso? --se agacho frente a mi--. Dios mío, estas temblando.

--Lira --dije apenas--. Me siguió. Me agarro.

La cara de Lidia se endureció.

Me abrazo sin preguntar nada mas.

Ese gesto casi me hizo deshacerme.

--Ya paso. Vámonos.

--¿Y el contrato?

No sé por que pregunte eso.

Tal vez porque una parte de mi todavía seguía en la oficina, en los pendientes, en las metas de cierre, en esa costumbre tonta de demostrar que valía algo.

Lidia apretó la mandíbula.

--Ese contrato se puede ir al carajo.

Quise creerle.

De verdad quise.

Pero cuando regresamos al salón para avisar que nos íbamos, Rogelio estaba sentado en la mesa principal con una bolsa de hielo sobre las piernas y una sonrisa venenosa.

--Lidia, no se me vaya tan rápido --dijo--. ¿Ya no quieren el acuerdo?

Lidia puso una mano en mi espalda.

--Lo hablaremos otro día.

--No. Lo hablamos ahorita.

Todos en la mesa se callaron.

Rogelio señaló las botellas.

Tequila, mezcal, vino tinto, cerveza artesanal. Una colección ridícula de poder masculino servido en cristal.

--Que la señorita Serrano se tome lo que queda y firmo. Así de fácil.

--Esta usted enfermo --dijo Lidia.

--Estoy generoso.

Yo vi el contrato sobre la mesa.

Vi también la cara de Lidia.

Ella llevaba meses peleando ese proyecto. Si lo perdía, Aurora Atelier iba a recortar bonos, puestos, nombres. El mío era uno de esos nombres. Y aunque yo estuviera rota, aunque Damián me hubiera dejado ahí, mi vida no podía terminar en ese pasillo.

--Yo tomo.

--Natalia, no.

Tome el primer caballito antes de arrepentirme.

El tequila me quemo la garganta.

Rogelio aplaudió despacio.

--Eso. Así me gusta.

No lo mire.

Si lo miraba, tal vez le aventaba la botella a la cabeza.

Tome otra copa.

Y otra.

Al principio el ardor me mantuvo despierta. Después todo empezó a moverse: las luces del candil, las caras, los manteles blancos, la boca de Rogelio abriéndose y cerrándose como una mancha grasosa.

--Ya basta --dijo Lidia, intentando quitarme una copa.

Uno de los hombres de Lira se interpuso.

--La señorita acepto.

Yo sonreí.

No sé a quien.

No sé para que.

--Firme --le dije a Rogelio.

--Cuando termines.

Seguí.

Cada trago sabia a rabia.

A humillación.

A la palabra empleada.

En algún punto vomite en el baño. Lidia me sostuvo el cabello y me pidió que paráramos. Yo me enjuague la boca, regrese al salón y tome otra vez.

Porque si iba a perder algo esa noche, no iba a ser también mi trabajo.

Rogelio firmo cuando ya tenia miedo de que me muriera frente a sus invitados.

Lidia guardo el contrato con manos temblorosas y me sostuvo por la cintura.

--Nati, mírame. Ya está. Nos vamos al hospital.

Quise decirle que no exagerará.

Quise decirle que estaba bien.

Pero sentí algo caliente subir por mi garganta.

Cuando tosí, la servilleta blanca se lleno de rojo.

Lidia grito mi nombre.

Yo pensé en Damián.

No en su cara.

En su voz.

Con una empleada.

Después el piso se acercó demasiado rápido y todo se apagó.

1
Ely Mercado
para cuándo la actualización????
Ely Mercado
meee encanta 🤣
Ely Mercado
Que hombre tan bruto, o se hace el brutoooo!🙄
Mariana Posternak
y es para historia sin terminar 🙏😡
Hilda Estrada
ya no hay más capitulos, no me hagan eso😭
Hilda Estrada
esa madre 😂😂😂como le echa porras al hijo 🤭
Hilda Estrada
buena suegra😊
Hilda Estrada
palabras fuertes y reales dijo la Sra Martha
Yohelis López cabarca
x fa más capitulos está buenisima
Hilda Estrada
eres valiente
Hilda Estrada
Jimena y Damián, son tal para cual
Hilda Estrada
estoy disfrutando la novela 😊
Hilda Estrada
no te quedes callada, defiendete
Hilda Estrada
x que son así?siempre están chantajeando con la separación, ya cuando la ven de verdad: ahora no me voy?
Hilda Estrada
se siente feo😒
Hilda Estrada
uuff y muchas ahí seguimos 😒
soraya gonzalez
Hola escritora la historia es buena pero la estás alargando demasiado y a mí parecer Damián fue muy estupido al creer en la sicópata de Jimena pero si ibas a poner a como el m malo y Natalia que lo amaba tanto ya la situación se complica porque ahora el se da cuenta de toda la maldad de la loca y ahora quién va a quedar con nati todos merecemos una oportunidad dami también ojalá y se resuelva todo y queden juntos y no alargues tanto la historia sino va aburrir terminala ya bella saludos desde Venezuela ❤️
Soledad Medina Torres
muy buena novela, pero quiero que ya finalice. se alargando.m7cho.
noris partidas
al fin se supo la verdad
Rosma Rivera
bien dicen no ahí peor ciego que el que no quiere ver ,esto está más claro que el agua
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