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ESTE DIOS TE HARÁ LLORAR SANGRE

ESTE DIOS TE HARÁ LLORAR SANGRE

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Héroes / Venganza / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Pólux es un dios inmortal del Olimpo. Cástor, su hermano gemelo, es mortal y vive entre humanos. Desde que fueron separados, solo tienen un pacto: una vez al mes deben encontrarse bajo el árbol que ambos consideran sagrado.

Pero un día, Cástor no aparece.

Pólux siente que el vínculo que los une está herido y desciende a la Tierra. Lo encuentra inconsciente en un hospital, víctima de años de humillaciones, abusos y una conspiración que casi le cuesta la vida.

Entonces toma su lugar en la academia humana.

Nadie sospecha que el estudiante que regresó no es Cástor.

Es Pólux.

Y mientras descubre quién destruyó a su hermano, los culpables aprenderán demasiado tarde que meterse con un mortal es una cosa…

metérsete con el hermano de un dios es otra.

Porque Cástor podía perdonarlos.

Pólux no.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

ÉL TE HABLÓ DE MI?

Por primera vez en toda su existencia como dios, y desde que había descendido a la tierra, Pólux se quedó genuinamente sorprendido. Lo miró a ella, con los ojos muy abiertos, sin dar crédito a lo que acababa de oír, y exclamó con voz llena de asombro:

—¿Cástor te habló de mí?

Jamás le habría dicho nada a nadie, a menos que confiara en esa persona con toda su alma. Y ella… ella sí lo había escuchado.

Marcela asintió lentamente, con la mirada perdida en aquel recuerdo que llevaba guardado desde la infancia.

—Éramos pequeños, estábamos en primaria —empezó a contar, con voz suave y nostálgica—. Unos matones de la clase lo acosaron, lo golpearon. Estaba triste, sentado en el patio, con la cabeza baja. Fui yo quien lo consoló. Y él, con los ojos llenos de lágrimas, me dijo: «Yo tengo un hermano gemelo. Se llama Pólux. Él es grandioso, es tan fuerte… en cambio yo, soy tan débil. Soy tan patético.»

Hizo una pausa, tragando saliva antes de seguir.

—Éramos vecinos. Yo lo conocía bien. Nadie le conocía ningún hermano gemelo. Yo pensé que era la soledad, que con unos padres abusivos y un hermano que también lo maltrataba, se había inventado un hermano imaginario para sentirse acompañado. Así que le dije: «Claro que existe. Tu hermano te mira. ¿Qué pensaría si te ve así, todo golpeado y rindiéndote? No creo que le guste, ¿verdad?» Y solo con mencionar esas palabras, Cástor se levantó y dejó atrás toda la pena. Pero yo siempre creí que era una invención de su soledad.

Lo miró a los ojos, con una mezcla de asombro y respeto.

—Tú… en verdad eres su gemelo. Eres Pólux. ¿Es verdad? ¿Es verdad que eres un dios todopoderoso?

Pólux la observó con un interés nuevo, distinto. De repente, sus ojos cambiaron, se volvieron de un dorado intenso, emitiendo una luz suave y dulce, nada parecida a la furia de antes.

—¿Tú qué crees, niña? —preguntó con voz baja y serena.

Ella lo miró, y en ese instante, por un instante fugaz, pudo verlo a él. Pudo ver a Cástor. La sola mención de su hermano hizo que Pólux apagara el brillo dorado y volviera a tener ojos humanos. La observó en silencio, comprendiendo que ella no mentía, que realmente se preocupaba por él. Estaba frente a un dios de mal genio, terrible y antiguo, y sin embargo esta chica tenía el valor de preguntar por su hermano, de buscarlo, de amarlo sin condiciones.

—Iremos después —dijo Pólux, suavizando el tono—. Podrás verlo. No te preocupes. Está en un lugar donde lo están atendiendo mejor de lo que nadie lo ha hecho jamás.

Marcela soltó el aire, aliviada.

—Está bien —dijo, agachándose para recoger la bolsa de pan que había caído al suelo—. Regresemos a casa, ¿correcto? Pero… no les digas a mis padres quién eres. No les digas que eres su hermano. Ellos no saben nada de este secreto. Y ni yo misma logro creerlo todavía.

Pólux la miró, y por primera vez desde que había bajado del Olimpo, sintió algo que no era furia ni dolor. Asintió.

—Está bien.

Y así, caminaron juntos de regreso a la casa, en silencio, con el pan en sus manos y un secreto compartido entre los dos, más pesado y más sagrado que cualquier juramento divino.

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