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EL HEREDERO DE PAPEL. UN MATRIMONIO FORZADO

EL HEREDERO DE PAPEL. UN MATRIMONIO FORZADO

Status: Terminada
Genre:Completas
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Claudia (26 años) es la implacable CEO de Índigo Gastronómica, un imperio culinario de más de cien restaurantes. Para ella, el amor es una pésima inversión con retorno negativo; prefiere los negocios limpios y los encuentros carnales sin ataduras. Héctor (30 años) es el arrogante y codiciado líder de una constructora multimillonaria, un mujeriego empedernido convencido de que jamás sentará cabeza.
Ninguno imaginó que una fría traición familiar los encerraría en un crucero de lujo por las Bahamas. Tras una noche de alcohol, juego y choques de ego, despiertan con una resaca monumental y una farsa legal: están casados ante la ley internacional por un plan maquiavélico de sus padres.
Incomunicados en alta mar, firman una tregua para salvar sus acciones. Pero de regreso a la ciudad, la convivencia forzada en el ático, un rival desquiciado buscando venganza y un inesperado embarazo de esa noche salvaje destruirán todas sus reglas. ¿Podrá el orgullo resistir al deseo?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 24. EL ECO DE UNA NUEVA VIDA

El olor al café de avellana, ese mismo aroma que un mes atrás me había parecido una delicia celestial en la barra de granito del ático, se transformó esa mañana en mi peor enemigo. Me había despertado sintiéndome extraña, con el cuerpo pesado y una sensación de mareo flotando en la base de la nuca. Al entrar a la cocina y recibir el vapor de la prensa francesa que Héctor preparaba con su habitual dedicación, mi estómago dio un vuelco tan violento que tuve que taparme la boca con ambas manos.

—¿Claudia? —la voz de Héctor sonó distante, distorsionada por un zumbido agudo que de repente me llenó los oídos.

No alcancé a responderle. Las luces del ático parpadearon, las paredes de cristal se tiñeron de negro y mis piernas simplemente cedieron. Sentí unos brazos fuertes atrapándome en el aire antes de que mi cuerpo impactara contra el suelo de mármol, y luego, la oscuridad absoluta me arrastró.

Cuando volví a abrir los ojos, el techo blanco del ático había sido reemplazado por los paneles pulcros de una suite médica privada en la Clínica Metropolitana. Tenía una vía intravenosa conectada al dorso de mi mano izquierda y el sonido rítmico de un monitor cardíaco llenaba el silencio de la habitación. A mi derecha, sentado en una silla de piel con el traje de sastre arrugado y la corbata completamente deshecha, estaba Héctor. Tenía el rostro pálido y los ojos grises fijos en mí con una angustia que jamás le había visto.

—Por fin despiertas, mi jefa —susurró, abalanzándose sobre la cama para tomar mi mano libre entre las suyas. Sus dedos temblaban levemente—. Me diste el susto de mi vida. Te desmayaste en la cocina. El médico dice que tenías la presión por los suelos.

—Te dije que solo era una gastritis por el estrés de lo de Richard —mascullé, intentando incorporarme, pero una suave palmada en la puerta interrumpió mis movimientos.

El doctor Silva, un hombre de mediana edad y médico de confianza de la familia de la Vega, entró a la habitación sosteniendo una tableta con los resultados de los análisis de sangre que me habían extraído mientras estaba inconsciente. Nos miró a ambos con una sonrisa enigmática que me puso de los nervios de inmediato.

—Señorita Claudia, señor de la Vega, me alegra ver que ya ha recuperado el conocimiento —dijo el médico, acomodándose las gafas—. Hemos revisado los niveles hormonales y el hemograma completo. No hay rastro de gastritis, ni de intoxicación alimentaria, ni de fatiga crónica por estrés laboral.

—¿Entonces qué tiene, doctor? —exigió Héctor, enderezando la espalda con su habitual tono de mando—. Si necesita que traigamos a un especialista internacional, solo dígalo.

El doctor Silva soltó una pequeña risa y dejó la tableta sobre la mesa auxiliar.

—No será necesario ningún especialista, señor de la Vega. Lo que su esposa tiene es un embarazo de aproximadamente cuatro semanas y media. Los análisis de la hormona hCG son categóricos. Felicidades, van a ser padres.

La habitación se quedó en un silencio tan absoluto que juraría que el monitor cardíaco se detuvo por un segundo. Me quedé completamente desconcertada, mirando al médico como si me estuviera hablando en un idioma extranjero. ¿Embarazada? ¿Yo? Una cosa era haberme enamorado de Héctor, haber enterrado mi cartel de supermujer inalcanzable para abrirle la puerta de mi corazón, y otra muy diferente descubrir que mi cuerpo albergaba una vida. Yo era una mujer metódica que siempre tomaba sus medidas de prevención. No entraba en mis planes.

Giré la cabeza hacia Héctor, esperando ver al mujeriego empedernido entrar en pánico absoluto, recogiendo sus cosas para huir del compromiso definitivo del que siempre había escapado. Él estaba estático, con la boca sutilmente abierta y los ojos grises fijos en el médico, procesando la noticia con la misma cara de shock con la que descubrimos el acta de matrimonio en el crucero. La palabra "padre" parecía pesarle toneladas en los hombros.

—Doctor... ¿está seguro? —la voz de Héctor salió como un susurro roto, desprovista de toda su habitual seguridad corporativa—. Nosotros... ella siempre se cuida.

—La medicina no es una ciencia exacta, caballero, y a veces la biología se abre camino —respondió el médico con amabilidad, caminando hacia un aparato de ultrasonido que estaba a un lado de la cama—. Si me lo permiten, realizaremos una ecografía rápida de control para verificar que todo esté en orden en el saco gestacional. Así se quedarán más tranquilos.

Me acomodaron en la camilla y el doctor aplicó un gel frío sobre mi vientre bajo. Héctor se acercó lentamente, colocándose a mi lado, tomándome de la mano con un agarre que se sentía rígido, asustado. Los dos miramos la pantalla oscura del monitor del ultrasonido mientras el médico movía el transductor.

Al principio, solo vimos una mancha grisácea difusa, un pequeño punto parpadeante en mitad de la nada que no parecía gran cosa. Pero entonces, el doctor Silva presionó un botón en el panel de control y el altavoz de la máquina cobró vida.

Pum-pum, pum-pum, pum-pum.

Un sonido rápido, rítmico, fuerte y asombrosamente nítido llenó cada rincón de la suite médica. Era el latido del corazón de nuestro hijo. Un eco salvaje y lleno de vida que resonaba con la fuerza de un tambor de guerra en mitad de nuestro desconcierto.

En ese preciso momento, todo el análisis de riesgos, el miedo al compromiso, los imperios comerciales y el orgullo de ser los CEOs más implacables de la ciudad se disolvieron en la nada. El impacto emocional de ese latido nos golpeó directo en el centro del pecho. Miré a Héctor y vi cómo una lágrima pesada y solitaria se deslizaba por su mejilla bronceada, perdiéndose en su mandíbula tensa. Sus ojos grises, antes fríos y calculadores, brillaban con un amor incondicional, salvaje y protector que me cortó la respiración por completo.

Me llevé la mano libre a la boca, sintiendo mis propias lágrimas desbordarse por mis mejillas, empañándome la vista. Héctor se inclinó sobre la camilla, uniendo su frente con la mía mientras apretaba nuestro agarre con una fuerza que me transmitió una paz absoluta. Ya no había farsa, no había dudas sobre el futuro ni miedo al pasado. Ese pequeño latido en la pantalla nos había unido con un lazo indestructible que ninguna traición familiar ni crisis exterior iba a poder romper jamás. Íbamos a ser padres, y por primera vez en mi vida, descubrí que el éxito no se medía en el valor de las acciones de un imperio, sino en el ritmo perfecto de ese pequeño corazón que acababa de rediseñar nuestro destino.

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Doris Torre
excelente novela 👍
Faby Mena
Estoy impresionada por la escritura y trama de esta novela. muchas felicitaciones.
Isabella Varela
EXCELENTE NOVELA ,FELICITACIONES A LA AUTORA, BUENA TRAMA ,SIN EXCESO DE VIOLENCIA ,PERSONAJES MUY RECURSIVOS ( PROTAGONISTA)
Violette Hernandez
jajajaja eso les paso por calientes y con el ego inflado
Violette Hernandez
interesante 🤔🧐 aunque ella ya es ceo de sus restaurantes y él aunque es ceo la empresa y negocios son de su padre, una desventaja 😌
Graciela Zugarramurdi
Muy linda novela,espero ansiosa los proximos capitulos ,incluido el final
EM
que bello🥰
Perla Arbos
Excelente historia!!!. Felicitaciones!!!
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