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La Venganza Silenciosa de la Esposa

La Venganza Silenciosa de la Esposa

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Divorcio / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Nadhira ohyver

Tania lo tenía todo: un matrimonio envidiable, una casa perfecta y un amor que creía eterno. Hasta la noche en que descubrió a su esposo cenando con otra mujer.

Cualquiera habría gritado, llorado o suplicado. Tania no hizo ninguna de las tres cosas. Sonrió, guardó silencio y empezó a planear.

Lo que nadie sabía —ni su esposo infiel, ni la amante ambiciosa, ni la familia que la subestimó— era que detrás de la esposa sumisa se escondía una mente brillante capaz de construir un imperio desde las cenizas de su propio matrimonio. Con la ayuda de su mejor amiga y de un hombre misterioso que la admiraba desde las sombras, Tania inicia una transformación silenciosa que la llevará de ama de casa humillada a la mujer más poderosa de la industria.

Pero la venganza es solo el comienzo. Secretos de familia, traiciones corporativas, enemigos implacables y un amor inesperado pondrán a prueba su frialdad legendaria a lo largo de cinco temporadas de intriga, pasión y poder.

Porque la venganza más letal no es la que se grita. Es la que se sirve en silencio.

NovelToon tiene autorización de Nadhira ohyver para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Una mañana tranquila en la mansión. Tania llevaba despierta desde el alba, atareada en la cocina preparando el desayuno. El aroma del pan tostado y el café se expandía por el aire, llenando los rincones y creando la ilusión de un hogar normal y apacible. Se movía con destreza, una pequeña sonrisa dibujada en los labios —una sonrisa que ocultaba mil secretos y planes meticulosamente trazados.

Diego y Farah bajaron las escaleras al mismo tiempo; entre ellos flotaba un resto de la incomodidad de la noche anterior. Diego la saludó con una sonrisa forzadamente afable, mientras Farah le lanzó a Tania una mirada inquisitiva y ligeramente irritada. Doña Carmen ya estaba sentada a la mesa, el rostro sombrío y la expresión inquieta.

—Buenos días, Diego, Farah —saludó Tania con amabilidad, acomodando los platos sobre la mesa.

—Buenos días, Tania —respondió Diego, ocupando su lugar.

—Vaya, Diego, Farah, ¿durmieron bien anoche? Toda la noche, sin un solo ruido —comentó Tania con tono inocente, como si no supiera absolutamente nada.

Los rostros de Diego y Farah se encendieron levemente; cruzaron una mirada nerviosa. Doña Carmen hundió más la cabeza, evitando los ojos de todos.

—D-dormí muy bien, Tania. La habitación es muy cómoda —balbuceó Farah.

—Qué bueno, me alegra oírlo —replicó Tania—. Vamos a desayunar, que el pan se enfría.

Comieron envueltos en un silencio incómodo, acompañados solo por el tintineo de cubiertos contra la loza. Tania masticaba con calma, observando cada gesto entre Diego y Farah.

* * *

Unas horas más tarde. Diego ya se había marchado a la oficina y Farah descansaba en la habitación de huéspedes. Tania se encerró en su estudio. Aquella habitación se había convertido en su despacho privado. Verificó que todos los dispositivos de vigilancia estuvieran activos y que nada pudiera interrumpirla.

Se sentó frente a su portátil, la respiración serena, lista para asumir su nuevo papel como la "Reina del Diseño". Inició una videoconferencia secreta con Rey. La relación entre ambos era estrictamente profesional. Tania encendió su cámara, pero Rey optó por no activar la suya; solo su foto de perfil apareció en la pantalla.

—Buenas tardes, señor Rey —saludó Tania con tono profesional.

—Buenas tardes, señora Tania —respondió la voz de Rey desde el altavoz del portátil, neutra y formal—. Ya revisamos su borrador de diseño. Muy impresionante. Estamos listos para pasar a la etapa de producción masiva.

Tania sonrió satisfecha.

—Gracias, señor Rey. Mi identidad sigue protegida, ¿verdad?

—Por supuesto —aseguró Rey—. Conforme a lo estipulado en el contrato. Mantendremos su confidencialidad con absoluto rigor.

—Bien. Les enviaré la última revisión esta tarde —indicó Tania.

—La esperamos, señora Tania. Buen trabajo —concluyó Rey, y cortó la llamada.

A solas en su estudio, Tania esbozó una sonrisa tenue. El mundo exterior no lo sabía, Diego no lo sabía: aquella mujer de casa a la que todos menospreciaban estaba construyendo en silencio un nuevo imperio que sería la ruina de todos ellos. Abrió los documentos en su portátil, dispuesta a trabajar con concentración y una determinación renovada.

* * *

La videoconferencia se cortó. En su oficina imponente y minimalista, Rey se recostó en su sillón ejecutivo. Su foto de perfil aún brillaba en la pantalla del portátil, pero ahora su rostro real mostraba una expresión muy distinta a la frialdad habitual. En sus ojos se adivinaba una añoranza profunda y una preocupación apenas contenida.

Presionó el intercomunicador sobre el escritorio.

—Renzo, pasa.

Segundos después, Renzo, su asistente personal, apareció con una libreta en la mano.

—¿Sí, señor Rey?

—¿Cómo va la investigación sobre la señora Tania? ¿Qué le está pasando? —preguntó Rey; su tono había vuelto a ser neutro y profesional, pero detrás de sus palabras latía una urgencia inusual—. Ya van varios días desde que te lo pedí.

Renzo se tensó ligeramente.

—Disculpe, señor, todavía no he conseguido mucha información. La señora Tania cuida su privacidad con mucho recelo.

Rey frunció el ceño.

—Menos excusas. Quiero hechos.

—Entendido, señor. Deme un poco más de tiempo —suplicó Renzo—. Le aseguro que le traeré resultados completos y satisfactorios.

Rey asintió una sola vez.

—Bien. Vuelve al trabajo.

Renzo inclinó la cabeza con respeto y salió de inmediato, dejando a Rey solo con sus pensamientos.

Cuando el asistente se marchó, el silencio envolvió la oficina. Rey contempló la pantalla del portátil, que ahora mostraba el escritorio vacío. Su mente viajó al encuentro de días atrás, cuando Tania acudió a firmar el contrato. La Tania que antes era alegre y luminosa se presentó serena, pero sus ojos guardaban una tristeza honda que ella se esforzaba en disimular.

Rey estaba convencido de que algo le había ocurrido, algo grave oculto detrás de esa máscara de calma. Deseaba con todas sus fuerzas protegerla, resguardarla del dolor, pero ¿cómo hacerlo? Tania ni siquiera lo reconocía, no sabía que el hombre frío detrás del escritorio del director era aquel amigo del pasado que en secreto la había amado.

Rey exhaló un suspiro largo, contemplando el panorama de la capital a través del ventanal de cristal. Te voy a proteger, Tania, se prometió en silencio, aunque no sepas quién soy.

* * *

Renzo salió de la oficina de Rey y cerró la puerta a sus espaldas con suavidad. Pero apenas la puerta se cerró, sus hombros se desplomaron. Soltó un suspiro, la mirada cargada de desconcierto.

Recorrió el pasillo de regreso a su cubículo, la cabeza llena del encargo extraño que acababa de recibir. No era la primera vez que Rey le pedía investigar los antecedentes de la señora Tania, la misteriosa diseñadora.

Antes, Rey era un director frío, eficiente, a quien solo le importaban las cifras y las utilidades de la empresa. Jamás —nunca— se interesaba por nimiedades como los sentimientos ajenos o los problemas personales de sus colaboradores. Renzo llevaba años siendo no solo su asistente sino su amigo de confianza, y conocía de sobra el temperamento de su compañero.

Se dejó caer en la silla y encendió la computadora, pero no lograba concentrarse. Abrió el expediente de la investigación en su portátil. La fotografía de Tania apareció en la pantalla, junto a la escasa información que había logrado reunir: Tania estaba casada desde hacía siete años.

Antes, Rey era un director gélido, eficiente, al que solo le importaban los números y la rentabilidad. Jamás se interesaba por asuntos personales. Nada de esto se parecía al Rey que él conocía.

Renzo apagó el monitor, se reclinó en la silla y fijó la vista en el techo.

—Rey, Rey —murmuró—, la primera vez que te importa alguien y resulta que es una mujer casada. Verdaderamente extraño.

Una sonrisa fina se dibujó en sus labios.

—Los callados siempre tienen los gustos más impredecibles.

Su curiosidad se mezclaba ahora con una preocupación nueva. Sabía que detrás de la petición de Rey se escondía una historia mucho más grande.

¿Qué haría Renzo con el hecho de que su jefe se había enamorado de una mujer casada? ¿Y qué otros secretos del pasado de ambos estaban a punto de salir a la luz?

Continuará...

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