Isabella necesita salvar a su familia y Alexander necesita una esposa. La solución parece sencilla: un matrimonio por contrato durante un año.
Solo hay una regla que no pueden romper: no enamorarse.
Pero vivir juntos, compartir secretos y enfrentar enemigos hará que aquello que comenzó como un acuerdo se convierta en algo mucho más real.
¿Podrán cumplir el contrato sin perder el corazón en el intento? 💗
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Capítulo 11 — La persona detrás del misterio
A la mañana siguiente, Isabella despertó con una sensación extraña.
Había dormido poco.
Cada vez que cerraba los ojos, recordaba la puerta abriéndose, los pasos en el pasillo y la ventana abierta.
Pero, sobre todo, recordaba el documento que habían encontrado.
Una transferencia bancaria realizada veinte años atrás.
Una cuenta desconocida.
Y una persona que aparentemente estaba dispuesta a entrar en la mansión Blackwood para encontrar algo.
Isabella se levantó y bajó al comedor.
Alexander ya estaba allí.
Tenía varios documentos sobre la mesa y una computadora abierta.
—Buenos días —dijo ella.
—Buenos días.
Isabella se sentó.
—¿Descubriste algo?
Alexander negó.
—Todavía no.
—¿Y el documento?
—Lo envié a revisar.
—¿A quién?
—A alguien de confianza.
Isabella tomó una taza.
—¿Crees que podemos confiar en alguien?
Alexander levantó la mirada.
—En pocas personas.
Ella sonrió.
—Eso no suena muy tranquilizador.
—No pretendía que lo fuera.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Entonces Alexander cerró la computadora.
—Hay algo que quiero preguntarte.
—¿Qué?
—¿Tu padre te ha hablado alguna vez de los Blackwood?
Isabella pensó.
—No demasiado.
—¿Nunca mencionó a mi padre?
—Solo algunas veces.
—¿Qué decía?
—Que habían trabajado juntos durante muchos años.
Alexander permaneció pensativo.
—¿Nada más?
—No.
Isabella hizo una pausa.
—Aunque recuerdo algo.
—¿Qué?
—Cuando era pequeña, una vez escuché a mi padre discutir con alguien por teléfono.
—¿Sobre qué?
—No lo sé. Pero recuerdo una frase.
Alexander se inclinó ligeramente hacia ella.
—¿Cuál?
—“Si ellos descubren la verdad, todo se terminará.”
Alexander se quedó inmóvil.
—¿Estás segura?
—Sí.
—¿Y nunca preguntaste qué significaba?
—Era una niña. No entendía nada.
Alexander se levantó.
—Tenemos que hablar con tu padre.
Una hora después, Isabella y Alexander llegaron a la casa de los Valenti.
Robert abrió la puerta.
Al verlos juntos, pareció sorprendido.
—¿Qué ocurrió?
Isabella entró.
—Necesitamos hablar contigo.
Robert miró a Alexander.
—¿Sobre qué?
Alexander dejó el documento sobre la mesa.
Robert lo tomó.
Su rostro cambió inmediatamente.
—¿Dónde encontraron esto?
—En la mansión —respondió Isabella.
Robert se quedó en silencio.
—Papá, ¿qué significa?
Él dejó el documento sobre la mesa.
—Hay cosas que nunca quise que supieras.
Isabella sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué cosas?
Robert respiró profundamente.
—Hace veinte años, tu padre y Daniel Blackwood descubrieron que alguien estaba robando dinero de la empresa.
Alexander frunció el ceño.
—¿Quién?
—No lo sabíamos.
—Entonces, ¿por qué se separaron? —preguntó Isabella.
Robert miró a Alexander.
—Porque Daniel pensó que yo estaba involucrado.
Alexander negó lentamente.
—Mi padre nunca me contó eso.
—Porque no quería destruir la relación entre nuestras familias para siempre.
Isabella sintió que las piezas comenzaban a encajar.
—¿Y la cuenta bancaria?
Robert palideció.
—Esa cuenta…
—¿La conoces?
Robert tardó en responder.
—Sí.
Alexander dio un paso hacia él.
—¿De quién es?
Robert cerró los ojos.
—De alguien que trabajaba para ambas familias.
—¿Quién?
Antes de que pudiera responder, su teléfono comenzó a sonar.
Robert miró la pantalla.
Su expresión cambió.
—No puede ser.
—¿Qué ocurre? —preguntó Isabella.
Robert no contestó.
La llamada terminó.
Un segundo después llegó un mensaje.
Robert lo leyó.
Isabella observó cómo sus manos comenzaban a temblar.
—Papá…
Él levantó la mirada.
—Tenemos que irnos.
—¿Qué?
—Ahora.
Alexander se acercó.
—¿Quién te escribió?
Robert guardó el teléfono.
—La persona que creíamos que había desaparecido hace veinte años.
Isabella sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Robert la miró.
—Alguien que conoce todos nuestros secretos.
Mientras tanto, en una oficina oscura al otro lado de la ciudad, una persona dejó el teléfono sobre el escritorio.
Frente a ella había fotografías de Isabella, Alexander, Robert y Daniel.
Una carpeta estaba abierta.
En la portada podía leerse:
PROYECTO BLACKWOOD — FASE FINAL.
La persona tomó una fotografía de Isabella.
—Ya están investigando.
Una voz respondió desde las sombras.
—Entonces habrá que acelerar el plan.
La persona sonrió.
—Todavía no.
Miró la fotografía de Alexander.
—Primero quiero ver hasta dónde están dispuestos a llegar el uno por el otro.
Y cerró la carpeta.
El juego apenas comenzaba.