hace siglos la puerta unida conectaba todos los territorios en un solo mundo sin fronteras,donde humanos ,elfos,hombres lobos,magos y el pueblo misterioso vivían en paz . pero cuando una adivina advirtió que la temida oscuridad .
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La Prueba del consejo
✨ Capítulo 11 — La prueba del Consejo
Elara, con la voz todavía temblorosa por el llanto, comenzó a explicarles todo lo que sabía: cómo la maldición había aparecido en su hermano Darien, cómo les había cambiado la vida a todos, cómo cada luna llena se hacía más fuerte y cómo nada de lo que habían intentado lograba detenerla. Mientras hablaba, con las manos entrelazadas y la mirada llena de angustia, uno de los miembros del Consejo la observaba con una atención tan fija que casi no parpadeaba. Sus ojos, viejos y sabios, se abrieron cada vez más, y de pronto, sin poder contenerse, exclamó con voz fuerte y llena de asombro:
—¡Imposible!
Los otros cuatro miembros del Consejo se giraron hacia él de inmediato, sorprendidos por su reacción. —¿Qué te ocurre? —le preguntaron—. ¿La conoces? ¿Qué has visto?
El anciano se quedó con la boca entreabierta, mirando a Elara como si viera un fantasma, como si estuviera viendo algo que creía perdido para siempre. Pero respiró hondo, enderezó la espalda y respondió con voz tranquila, aunque todavía se le notaba conmovido:
—Nada. Fue solo… un recuerdo.
Los demás se miraron entre sí, pero no insistieron. Sabían que cada uno guardaba secretos que no siempre se podían compartir. Entonces, el líder del Consejo dio un paso adelante y habló con voz firme pero justa:
—Te ayudaremos, niña. Pero a cambio, trabajarás con nosotros. Vivirás entre nosotros, aprenderás lo que debes aprender, y veremos si eres digna de estar a nuestro lado. Será una prueba. ¿Aceptas?
Elara asintió con fuerza, sin dudar ni un instante. —¡Sí! —dijo—. ¡Lo que sea!
El anciano asintió y dio la orden:
—Llamen al equipo del guerrero. Y busquen una enfermera de inmediato. Que acompañen a esta chica a su casa y atiendan a su hermano. Que usen todo lo que esté a su alcance para sanarlo.
Elara sintió que el corazón se le iba a salir del pecho de la alegría. Las lágrimas volvieron a sus ojos, pero ahora eran de gratitud. Bajó la cabeza y dijo con voz quebrada pero llena de esperanza:
—¡Muchas gracias! ¡Muchas gracias! ¡Me esforzaré, lo prometo!
Los guardias salieron a cumplir la orden, y mientras esperaba, Elara miró a aquellos cinco sabios que la miraban con una mezcla de ternura y solemnidad. Sabía que su vida ya no sería igual. Sabía que cruzar aquella puerta era el comienzo de algo mucho más grande de lo que podía imaginar. Y cuando vio aparecer al equipo del guerrero, con sus capuchas y sus armas sagradas, los reconoció al instante. Eran los mismos que había visto actuar en el accidente, los mismos que la habían guiado sin saberlo hasta allí. Y el guerrero, al encontrarla de pie frente al Consejo, la miró a los ojos, y por un instante, algo en su mirada cambió. Como si también él reconociera algo.
—Vamos —le dijo el guerrero con voz suave—. Llevaremos a la enfermera y te acompañaremos a casa. Tu hermano será atendido.
Elara caminó junto a ellos, sintiéndose protegida por primera vez en mucho tiempo. Y mientras salían del palacio que antes era un edificio abandonado, supo que no estaba sola. Que su familia era más grande de lo que creía. Y que la luz que llevaba dentro, esa que a veces la asustaba, era exactamente lo que el mundo necesitaba.