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Mónica, obligada a casarse con Valentín Marín para saldar la deuda de su padre, descubre que su nuevo esposo la ve como propiedad. En su noche de bodas, conoce a Lucas, el hermano de Valentín, quien le advierte sobre el destino de la esposa anterior y le ofrece su ayuda. Atrapada entre el miedo y el deseo, ella comienza a acercarse al único hombre que podría ayudarla a escapar de aquel matrimonio, sin imaginar que Lucas también guarda secretos y que sus intenciones están lejos de ser desinteresadas.
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23. Para tres meses
Mónica se alejó del edificio asegurándose de que nadie la siguiera, hasta que tomó un taxi para ir la farmacia.
El taxi se detuvo en la calle Feria, a la altura del número 14. Farmacia Feria 14 tenía un escaparate con un letrero blanco de letras verdes y una cruz de farmacia que brillaba con un neón débil incluso de día. Mónica pagó al taxista, bajó, y empujó la puerta de cristal.
Felipe estaba detrás del mostrador. Era un hombre de unos treinta y cinco años, con gafas de montura metálica y una bata blanca que le quedaba grande en las mangas. La miró por encima de los cristales cuando entró. No sonrió. No preguntó. Se acercó al mostrador y bajó la voz.
- "¿Eres tú?", preguntó Felipe.
- “Vengo de parte de L. Necesito la inyección”, dijo Mónica.
- “Tengo lo que me pidió. Pero hay una opción de tres meses y una de un mes. La de tres es…”, comentó Felipe.
- “La de tres”, dijo Mónica.
Mónica no dudaba sobre lo que vino a hacer, fuera verdad lo que le dijo Lucas o no, estaba segura que no podía darle un hijo a Valentín, no después de haber leído el diario de Carmen.
Felipe salió de detrás del mostrador, fue a la trastienda, y volvió con una bandeja metálica que contenía una jeringa sellada en plástico, un vial de líquido transparente con una etiqueta en blanco, y un par de guantes de látex.
- "Es Depo-Provera. Tres meses de cobertura. No te garantizo que no haya efectos secundarios. Mareos, sangrado irregular, dolor de cabeza. Pero no vas a salir embarazada", explicó Felipe.
- "Lo sé", dijo Mónica.
- "Necesito que te pongas boca abajo. Te lo pongo en el glúteo", expresó Felipe.
Mónica se dirigió a la trastienda. Felipe cerró la cortina de tela que separaba el espacio del público del espacio privado. Mónica se desabrochó y bajó ligeramente la cintura de su pantalón de lino y se tumbó boca abajo sobre la camilla de exploración, que tenía un papel desechable que se arrugó bajo su peso.
Notó el algodón frío empapado en alcohol en la nalga izquierda. Un escalofrío le recorrió la espalda. Después el pinchazo breve y agudo. Y luego la presión del líquido entrando en el músculo, una sensación densa, lenta, como si alguien le estuviera vertiendo plomo tibio debajo de la piel.
- "Listo. Mantén la presión un minuto", dijo Felipe.
Felipe le puso una tirita adhesiva sobre el punto de inyección. Mónica se levantó, se bajó la blusa, se ajustó el pantalón.
- "¿Necesitas algo más?", preguntó Felipe.
- "No. Si alguien pregunta. Si alguien viene y pregunta si alguien ha venido a buscar esto. Tú no me has visto", respondió Mónica.
Felipe la miró por encima de las gafas. No asintió ni negó. Solo se quitó los guantes de látex, los tiró al cubo de basura con un golpe seco, y dijo:
- "Yo no te he visto nunca", dijo Felipe.
Salió de la farmacia. El sol de la calle Feria le dio en la cara como un bofetón de luz. El calor le secó el sudor del labio superior. Caminó hasta la esquina, se apoyó contra la pared de un edificio encalado, y cerró los ojos. Luego tomó un taxi que la llevaría unas cuadras cerca al edificio donde vivía su padre.
Después de ingresar por la misma puerta de emergencia por dónde se escapó y se dirigió a la puerta principal del edificio.
Raúl la esperaba abajo, con un pie en el bordillo y la mirada perdida en la calle. Abrió la puerta del Audi. Ella se sentó. El glúteo le dolía donde la inyección seguía extendiendo su calor sordo por el músculo.
- "A casa," dijo.
Raúl arrancó. El coche se incorporó a la calle con un giro silencioso. Ella se apoyó en el respaldo de cuero y cerró los ojos. Tres meses. Tenía tres meses de cuerpo libre. Tres meses para que Valentín creyera que estaba intentando quedarse embarazada mientras ella buscaba la forma de salir de allí, aunque eso implique por ahora involucrarse con el hermano de su esposo.