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EL PRECIO DE MI LIBERTAD

EL PRECIO DE MI LIBERTAD

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SEBAS M

La vida de Valeria Santoro se desmorona en una sola noche cuando su padre, al borde de la ruina financiera y amenazado por una deuda impagable, toma la decisión más cruel: venderla al hombre más temido y poderoso de la ciudad.
Damián Thorne es un CEO frío, implacable y conocido por destruir todo lo que toca. No cree en el amor, solo en los negocios, y Valeria es el activo que acaba de adquirir. El trato es simple: un matrimonio arreglado por doce meses a cambio de limpiar el nombre de su familia y salvarlos de la bancarrota.
Para el mundo, son la pareja perfecta: él, el magnate exitoso; ella, la esposa elegante y sumisa. Pero tras las puertas cerradas de la mansión Thorne, la realidad es muy distinta. Valeria está decidida a no entregarle su corazón al hombre que la compró, mientras que Damián descubre que ella es la única pieza en su tablero de ajedrez que no puede controlar.

NovelToon tiene autorización de SEBAS M para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El origen de la deuda y el asedio de la verdad

El fuego en la chimenea, que apenas unos minutos antes proyectaba una calidez engañosa, crepitaba ahora con una violencia errática que parecía acompañar el caos absoluto que se estaba gestando en mi interior. Damián se sirvió un vaso de licor, con movimientos mecánicos. Sus manos, usualmente tan firmes como el acero, mostraban un temblor casi imperceptible mientras me entregaba una carpeta vieja, ajada por el tiempo, que no estaba marcada con un sello corporativo ni con el nombre de Thorne, sino con un simple nombre escrito a mano con tinta azul desvaída: Santoro.

—Tus padres no eran los empresarios fracasados que te hicieron creer, Valeria —dijo él, evitando encontrar mi mirada, como si la verdad fuera un ácido que pudiera quemarlo—. Eran investigadores brillantes. Trabajaban en una división científica de mi padre, una rama oscura dedicada a la biotecnología aplicada a la farmacología sintética. Cuando ellos se negaron a vender una fórmula que habían desarrollado, una molécula que podría haber cambiado el mercado global pero que tenía efectos secundarios irreversibles y devastadores, mi padre no los amenazó con demandas o quiebras. Los amenazó directamente con tu vida. Tenías cinco años y eras su único punto débil.

El aire se me escapó de los pulmones como si me hubieran golpeado el diafragma. El silencio en la cabaña se volvió tan pesado que mis oídos comenzaron a zumbar.

—Tú eras apenas una niña —continuó Damián, su voz volviéndose áspera, rota por el peso de la confesión—. Yo tenía dieciocho años y estaba empezando a entender, con una claridad aterradora, la clase de monstruo que era el hombre al que llamaba padre. Intenté interceder, intenté robar los planos para dárselos a ellos, pero mi padre me vigilaba. Me obligó a participar en la vigilancia de tu familia para asegurarse de que yo aprendiera el valor de la lealtad por encima de la moral. Cuando el accidente ocurrió en la carretera... —hizo una pausa larga, sus ojos se perdieron en la nada, y por primera vez en mi vida vi una grieta real, dolorosa y sangrante en su armadura de hierro—, cuando el coche de tus padres salió de la carretera y rodó por el terraplén, yo no estaba en la oficina cumpliendo sus órdenes. Yo estaba allí. Fui yo quien llegó antes que nadie, quien te sacó de los restos del vehículo entre el humo y el olor a gasolina, antes de que los servicios de emergencia llegaran. Te prometí en ese momento, mientras llorabas inconsciente en mis brazos, que nunca dejaría que volvieran a tocarte.

Me llevé las manos a la cara, sintiendo cómo el frío del despacho me calaba los huesos. Los recuerdos, esos fragmentos nublados y distantes que durante años había asociado con pesadillas recurrentes o con una infancia olvidada, cobraron de repente una nitidez aterradora y cruel. El olor penetrante a gasolina quemada, el sonido metálico del metal retorciéndose como si fuera papel, y la voz de un chico joven —la voz de un joven Damián— susurrándome al oído que cerrara los ojos y que todo estaría bien. Era él. Siempre había sido él.

—Te puse a salvo en ese orfanato —prosiguió Damián, acercándose un paso, pero manteniendo una distancia reverencial—. Pagué cada año de tu vida allí bajo un alias, asegurándome de que tuvieras lo mejor, de que nadie te encontrara. Cuando cumpliste la mayoría de edad, mi padre, antes de morir, me exigió que cumpliera con el "contrato": debía traerte a mi lado, convertirte en una extensión de su legado corporativo, o él enviaría a sus sicarios a terminar el trabajo que dejó pendiente hace quince años. Mi matrimonio contigo, el contrato, el control, el encierro... todo fue una maniobra desesperada para ocultarte a plena vista dentro de mi propia fortaleza, donde yo pudiera protegerte de los enemigos que aún buscaban la fórmula que tus padres escondieron.

—¿La fórmula? —pregunté, con la voz apenas audible, un susurro que luchaba por salir de mi garganta seca—. ¿Por qué sigo viva entonces? ¿Por qué no me mataron al día siguiente de mi nacimiento?

—Porque no la tengo —dijo Damián, mirándome directamente a los ojos, con una sinceridad brutal que me hizo estremecer—. Tus padres la ocultaron en tu propia memoria, protegida por un bloqueo psicológico inducido mediante un protocolo de memoria asociativa que intenté desbloquear durante años sin éxito. No te convertí en mi esposa por ego o por simple posesión, Valeria. Te convertí en mi esposa porque eres la única caja fuerte viviente que contiene la prueba física de los crímenes de mi padre. Si alguien te encuentra, no te matarán de inmediato. Te harán sufrir de maneras que no puedes imaginar hasta que lo recuerdes todo y les entregues la clave.

Me quedé paralizada. Mi pasado no era una historia de deudas comerciales ni de una vida arruinada por malas decisiones; era un thriller de espionaje del que yo era el arma principal. La mansión, la seguridad armada, los guardaespaldas, incluso la frialdad y el control de Damián, cobraron de repente un sentido nuevo, más oscuro y al mismo tiempo más protector. Él no era mi carcelero; era mi guardián. Un guardián cuyos métodos eran tan brutales, tan inhumanos, que me habían obligado a odiarlo con cada fibra de mi ser, sin saber que mi odio era el precio de mi propia existencia.

—¿Y por qué me lo cuentas ahora? ¿Por qué romper el silencio precisamente esta noche? —pregunté, sintiendo que el suelo bajo mis pies se volvía inestable, como si la cabaña entera se estuviera desmoronando sobre nosotros.

—Porque el bloqueo está fallando —dijo él, señalando mi frente con un dedo tembloroso—. Has empezado a recuperar recuerdos desde que volvimos de la junta. Tu mente está abriéndose, y eso te hace visible. Personas que no deberían saber que existes, personas a las que mi padre vendió secretos hace décadas, han localizado esta cabaña. Ya están aquí, Valeria. No tenemos más tiempo para los secretos.

Un sonido seco, metálico y afilado como un látigo, rompió el silencio de la montaña. Un disparo impactó contra el cristal reforzado de la ventana trasera, haciéndolo estallar en mil pedazos de diamante que volaron por toda la sala. Damián reaccionó por puro instinto, lanzándose sobre mí y derribándome al suelo de madera mientras las luces de la sala se apagaban automáticamente al detectar el impacto. El sonido de los cristales rotos y el zumbido de las balas atravesando el aire crearon una sinfonía de terror que me dejó sin aliento.

—¡Están aquí! —gritó Damián, su voz cargada de una urgencia salvaje que no dejaba lugar a dudas sobre nuestra posición—. ¡Escúchame bien, Valeria! Tienes que decidir ahora mismo. ¿Vas a seguir confiando en el hombre que te protegió con mentiras durante años, o vas a enfrentarte a quienes te han estado cazando toda tu vida? Si te quedas aquí, vas a morir. Si me sigues, quizás tengamos una oportunidad de llegar a la salida secreta.

El arma que Damián sacó de su cinturón brilló con un reflejo gélido bajo la luz de la luna que entraba por la ventana destrozada. La farsa, la actuación, el juego de las sombras... todo eso había terminado en este preciso instante. La guerra no era por empresas, no era por dinero, no era por el control de Thorne Industries. Era una guerra por mi supervivencia, y el enemigo no era el hombre que tenía a mi lado, sino una sombra del pasado que venía a cobrar una deuda de sangre que yo ni siquiera sabía que tenía.

—Damián —grité, agarrando su brazo mientras las balas seguían impactando contra las paredes de piedra—, si esto es verdad, si eres mi guardián... entonces sácame de aquí. ¡Pero si esto es otra mentira para manipular mis recuerdos, te juro que seré yo quien te detenga!

Él me miró, y por primera vez, no vi al magnate, ni al carcelero, ni al estratega. Vi a un hombre dispuesto a morir por la promesa que le hizo a una niña de cinco años entre los restos de un coche destrozado.

—No hay más mentiras, Valeria —respondió, mientras el ruido de pasos pesados sobre la nieve afuera de la cabaña anunciaba que nuestros perseguidores habían llegado—. Solo hay una verdad, y es que hoy o sobrevivimos juntos, o la historia de los Santoro termina aquí, en la nieve.

El asedio había comenzado. La cabaña, nuestro refugio, se había convertido en nuestra tumba o en nuestro campo de batalla definitivo. El destino, por fin, había dejado de ser una construcción de otros y se había convertido en el rugido de las armas en la oscuridad de la montaña.

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deli perez
Me gusta la historia, que días actualizas?
deli perez: Un gusto esperar nuevos capítulos.. Gracias
total 2 replies
deli perez
Excelente historia
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