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Destinos Cruzados

Destinos Cruzados

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Aventura / Completas
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Jairy Erismar Ramirez

Elena busca el orden y la perfección; Julián vive bajo sus propias reglas. Cuando sus caminos se crucen en la academia, descubrirán que el destino tiene un plan completamente diferente para los dos. ¿Podrá el amor romper sus defensas?

NovelToon tiene autorización de Jairy Erismar Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Reflejos y verdades

Elena cerró la puerta de su habitación y se apoyó contra la madera, dejando escapar un suspiro que sentía haber estado conteniendo desde que salió corriendo de la biblioteca. Su corazón todavía latía a un ritmo frenético, un tamborileo constante que se negaba a disminuir. Caminó a pasos lentos hacia su escritorio, donde su planificador semanal, perfectamente organizado por colores y horas, permanecía abierto. Por primera vez en su vida, ese orden impecable le pareció sofocante.

​Se sentó en la silla de madera y se miró en el pequeño espejo que tenía a un lado del escritorio. Tenía las mejillas ligeramente sonrojadas, el cabello un poco desordenado y los ojos más despiertos y brillantes que de costumbre. "Detrás de toda esa fachada de señorita perfecta, hay alguien que se muere por vivir de verdad", las palabras de Julián resonaron en su mente con la fuerza de un eco imparable.

​—No... —susurró para sí misma, sacudiendo la cabeza con determinación—. Él solo está intentando distraerme. Es una distracción y nada más.

​Obligándose a recuperar la compostura, Elena abrió su pesado libro de Derecho Constitucional. Necesitaba estudiar. Los exámenes parciales estaban a la vuelta de la esquina y su beca dependía por completo de mantener un promedio perfecto. Sin embargo, cuando abrió su cuaderno de apuntes por la página donde había estado escribiendo esa tarde, algo cayó de entre las hojas directamente sobre su regazo.

​Era un pequeño trozo de papel amarillo, cuidadosamente doblado.

​Elena frunció el ceño. Ella no recordaba haber guardado nada allí. Con dedos ligeramente temblorosos, desdobló el papel.

​Sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. En el papel había un boceto rápido pero sorprendentemente detallado hecho a lápiz. Era ella. Estaba retratada de perfil, concentrada, mordiéndose suavemente el labio inferior mientras leía, con un mechón rebelde de cabello cayendo sobre su frente. El dibujo captaba exactamente la esencia de sus momentos de estudio, aquellos donde se olvidaba del mundo exterior.

​Al pie de la página, con una caligrafía descuidada pero firme, había una nota escrita a mano:

​"Incluso cuando intentas memorizar leyes, parece que estás buscando la forma de escapar de ellas. No estudies tanto, señorita perfecta. Hay cosas que no se aprenden en los libros. —J."

​Un calor súbito subió por el cuello de Elena hasta encender sus mejillas. ¿En qué momento lo había metido allí? Seguramente cuando ella se levantó a buscar el diccionario jurídico en los estantes traseros.

​Apretó el trozo de papel contra su pecho, debatiéndose entre la rabia por su atrevimiento y una extraña y electrizante calidez que le floreció en el estómago. Julián la había observado de verdad. No a la estudiante brillante que sus profesores elogiaban, sino a ella, con todas sus manías y pequeños detalles.

​A la mañana siguiente, el campus universitario se sentía diferente. Elena caminó hacia su primera clase con una extraña sensación de alerta, con la mirada atenta a los pasillos, temiendo y a la vez deseando encontrarse con cierta figura alta de hombros relajados.

​Al entrar al aula magna, sus ojos lo localizaron de inmediato. Julián estaba sentado en la fila de atrás, girando un bolígrafo entre sus dedos mientras hablaba y reía con un grupo de compañeros. Se veía completamente relajado, como si la intensidad de lo vivido en la biblioteca jamás hubiese ocurrido.

​Elena intentó pasar desapercibida y caminó directo hacia su asiento habitual en la primera fila. Pero justo antes de sentarse, sintió una mirada sobre ella. Al levantar la vista, se encontró con los ojos oscuros de Julián.

​Esta vez no hubo una sonrisa burlona ni un gesto arrogante. Julián simplemente la miró fijamente y le dedicó un asentimiento de cabeza lento y suave. Fue un saludo silencioso, un pacto secreto que solo ellos dos entendían.

​Elena sintió que el pulso se le aceleraba una vez más. Se sentó rígida en su silla, pero su mente ya estaba muy lejos de la clase de derecho. Sabía que el juego apenas estaba comenzando y que, por mucho que lo intentara, ya no podía seguir huyendo.

Elena sabía que el destino la había puesto en un camino peligroso. Cuando meses atrás, desesperada por encontrar un trabajo que le permitiera costear los gastos y tratamientos de su madre, quien estaba en silla de ruedas, terminó tocando las puertas de la mansión de la familia de Julián. Consiguió el empleo, pero con el tiempo, limpiando el despacho privado de Arturo —el padre de Julián—, descubrió por accidente un compartimiento oculto donde el hombre resguardaba con recelo una memoria USB negra la cual no quería que su hijo encontrara. El instinto le advirtió que lo que había allí dentro era grave, algo tan importante que podría cambiar vidas, y con las manos temblando por la adrenalina, decidió sustraerla antes de salir de la casa.

Sabía que no podía cargar con ese secreto sola, y la culpa de traicionar a la familia que le dio empleo la carcomía, pero la verdad urgía.

Esa misma noche, el miedo la obligó a contactar a Julián en secreto. Se citaron de madrugada en un lugar apartado. Cuando se encontraron bajo la luz parpadeante de un viejo farol, Elena sacó el dispositivo y se lo extendió, con la voz entrecortada pero firme: «Esto lo saqué del despacho de tu padre. Es hora de descubrir la verdad». Julián, al ver la seriedad en los ojos de la chica y el riesgo que había corrido por revelar los secretos de su propia familia, asintió en silencio, guiándola hacia un escondite seguro para encender la computadora.

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