En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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Enojo
—No.
La palabra salió inmediatamente de los labios de Lyra.
Retrocedió varios pasos lejos del lago oscuro mientras el reflejo de Kael desaparecía lentamente en el agua negra.
—No quiero nada que me una a él.
La mujer la observó en silencio.
Lyra apretó los puños temblando.
—Tiene que haber una forma de quitarlo.
La luna roja iluminó el bosque fantasmal mientras el viento movía las ramas enormes sobre ellas.
—Toda unión deja una marca —respondió finalmente la mujer.
—Entonces dime cómo borrarla.
Por primera vez, la mujer pareció casi divertida.
—Lo desprecias tanto…
Lyra apartó la mirada con enojo.
Porque no sabía explicar lo que sentía ahora.
Kael la confundía.
La irritaba.
Y lo peor…
era recordar la forma en que él la había mirado después.
Como si aquello hubiera significado algo más.
No quería eso.
No quería quedar atada al mismo hombre que la dejó sola toda su vida mientras los demás la destruían poco a poco.
—Quiero deshacerlo —repitió.
La mujer permaneció quieta unos segundos antes de acercarse lentamente.
—Puedes recuperar la energía que dejaste en él.
Lyra levantó la vista rápidamente.
—¿Cómo?
Los ojos rojos de la mujer brillaron intensamente.
—Haciendo que el vínculo se rompa.
—¿Y eso qué significa?
La voz de la mujer bajó casi a un susurro.
—Debes hacer que él te rechace.
El corazón de Lyra dio un pequeño salto confundido.
—¿Rechazarme?
—Los vínculos de nuestra especie crecen mediante deseo, apego y conexión emocional. Si el portador rechaza completamente a quien lo marcó… el fragmento vuelve.
Lyra frunció el ceño.
—Entonces solo tengo que alejarme de él.
—No es tan simple.
La mujer levantó una mano hacia el lago nuevamente.
El reflejo de Kael apareció otra vez.
Esta vez se veía furioso.
Confundido.
Buscándola.
—Él ya empezó a sentir el vínculo.
Lyra tragó saliva lentamente.
—No…
—Tu energía despertó algo en él.
El lago mostró breves imágenes:
Kael tocándose el pecho confundido.
Sus ojos rojos brillando apenas.
La sensación constante de buscar algo.
Buscarla.
Lyra sintió un escalofrío.
—Quiero sacarlo de mí.
La mujer inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces destruye cualquier posibilidad de que él te quiera cerca.
El silencio cayó pesado.
Y por primera vez…
Lyra dudó.
Porque debería ser fácil.
Kael ya la despreciaba antes.
Solo necesitaba volver a eso.
Entonces la mujer habló una última vez:
—Pero cuidado, pequeña loba.
Lyra levantó la vista.
La expresión de la mujer se había vuelto seria otra vez.
—Los alfas no reaccionan bien cuando sienten que algo les pertenece… y luego intentan arrebatárselo.
Lyra despertó sobresaltada.
El corazón le latía demasiado rápido mientras el eco de la voz de aquella mujer seguía resonando en su cabeza.
“Haz que te rechace.”
La luz gris de la mañana entraba apenas por la ventana de su habitación. Durante unos segundos permaneció inmóvil mirando el techo.
Confundida.
Enojada.
Agotada mentalmente.
Todo se estaba volviendo demasiado.
Los sueños.
La energía.
Kael.
Especialmente Kael.
Lyra se sentó lentamente sobre la cama llevándose una mano al rostro.
—Esto es un desastre…
Todavía podía sentir algo extraño entre ellos.
Como una tensión invisible tirando de su pecho.
Y eso la irritaba muchísimo.
Porque lo último que quería era quedar unida al mismo hombre que había pasado años mirándola como si fuera un problema.
Tenía que romper el vínculo.
Rápido.
Antes de que empeorara.
Lyra se levantó comenzando a cambiarse para la escuela mientras intentaba pensar.
“Haz que te rechace.”
Bien.
Perfecto.
Pero… ¿cómo se suponía que hacía eso?
Kael ya la despreciaba antes.
O al menos eso creía.
Ahora actuaba raro.
La seguía.
La observaba demasiado.
Y eso complicaba todo.
Lyra frunció el ceño mientras se acomodaba el cabello frente al espejo.
Tal vez necesitaba hacer que la odiara de verdad.
No simple indiferencia.
Odio real.
Pero otra vez aparecía el problema:
¿cómo?
¿Insultándolo?
¿Ignorándolo?
¿Humillándolo?
La idea le parecía absurda.
Kael probablemente sobrevivía a discusiones peores antes del desayuno.
Lyra soltó un suspiro frustrado y salió de la habitación.
La casa estaba tranquila.
Sus padres todavía dormían y Elira seguramente ya había salido temprano para sus lecciones de sanadora.
Perfecto.
No tenía ganas de escuchar a nadie.
Tomó su abrigo y salió sin desayunar.
El aire frío de la mañana golpeó inmediatamente su rostro mientras caminaba hacia la escuela.
Y entonces volvió a sentirlo.
Ese pequeño tirón extraño en el pecho.
Se detuvo en seco.
Como si algo la llamara.
O… alguien.
Lyra apretó los dientes.
No.
No iba a acostumbrarse a eso.
Siguió caminando más rápido intentando ignorarlo.
Pero cuanto más avanzaba…
más fuerte sentía una presencia conocida acercándose.
Y unos segundos después, una voz grave sonó detrás de ella.
—Otra vez sin desayunar.
Lyra cerró los ojos con irritación inmediata.
Porque, por supuesto…
Kael.