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El Despertar De La Flor De Plata

El Despertar De La Flor De Plata

Status: En proceso
Genre:Cambio de Imagen / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Bestia
Popularitas:8.8k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

En un mundo salvaje donde las hembras son escasas, codiciadas y acumulan harenes de múltiples esposos para asegurar la supervivencia de la especie, Lin Mei (la antigua "hembra perezosa y fea") toca fondo tras intentar forzar al guerrero oso Boran a amarla. Al borde de la muerte tras un intento de suicidio, su cuerpo es ocupado por Mei, una brillante estudiante de agronomía y medicina alternativa del mundo moderno.

Decidida a no ser el juguete ni el parásito de nadie, Mei revoluciona la Tribu de la Roca con conocimientos de higiene, agricultura y costura. Su transformación física y mental la convierte en la hembra más hermosa y deseada del continente. Mientras rechaza los lamentos del arrepentido Boran, Mei desafía las leyes del mundo de las bestias al entregar su corazón a uno solo: Kaelen, el imponente y devoto líder de los leones, demostrando que en un mundo de poligamia, el verdadero poder radica en elegir a quién amar.

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CAPITULO 11

El rumor de la estrepitosa caída de Talia en el claro de Lin Mei corrió por las venas de la Tribu de la Roca con la velocidad de un incendio forestal. Para cuando el sol comenzó a teñir las nubes de un púrpura espeso y amenazante, no había un solo nido o fogón donde no se comentara el incidente. Las versiones eran tan variadas como los ánimos de la aldea: algunos afirmaban que Lin Mei había usado venenos prohibidos para debilitar a la hermosa zorro, mientras que las pocas hembras que no soportaban la vanidad de Talia contenían las risitas al escuchar cómo su preciada túnica de zorro invernal había quedado negra por la ceniza y el lodo.

En la gran cueva del consejo, el ambiente estaba cargado de un calor asfixiante provocado por los braseros de carbón. El jefe Gorik se encontraba sentado en su gran trono de piedra, sosteniendo su bastón de mando con ambas manos. Su rostro arrugado no mostraba emoción alguna, pero sus ojos marrones, fijos en la entrada, denotaban un profundo cansancio.

A su izquierda, Talia lloraba con un dramatismo ensayado, apoyando la cabeza en el hombro de un Boran que rugía de indignación cada pocos segundos. La hembra zorro se había cambiado la prenda sucia por una de piel de ciervo más sencilla, pero se había dejado deliberadamente unas líneas de lodo seco en los brazos y el cabello desaliñado para acentuar su papel de víctima indefensa.

—¡Jefe Gorik, exijo que esa loca sea desterrada ahora mismo! —bramó Boran, dando un paso al frente y golpeando su ancho pecho cubierto de pelaje castaño—. No solo me insultó en el banquete rechazando mi comida, sino que hoy atacó a Talia en su propio claro. Maya la vio. Lin Mei la arrastró por la tierra y la amenazó con romperle las manos si volvía a subir. ¡Una hembra violenta y desquiciada es un peligro para la paz de la Luna Blanca!

Gorik no parpadeó. Miró a Maya, quien se encogió sutilmente bajo la severa mirada del anciano líder. —Maya —habló el jefe, su voz un rugido bajo que silenció las quejas de Boran—. Fuiste testigo. Dime, ¿Lin Mei bajó a la plaza a buscar a Talia, o Talia subió al sendero alto de los osos?

Maya tragó saliva, mirando de reojo a una Talia que la presionaba con la mirada. —Ella... Talia subió, jefe. Pero solo quería... quería hablar con ella sobre su comportamiento con Boran. Lin Mei la atacó sin que Talia siquiera la tocara. Usó una fuerza extraña, no se movió como una hembra común.

Antes de que Gorik pudiera emitir un juicio, unas pisadas ligeras pero firmes resonaron en el túnel de entrada.

Mei entró a la cueva del consejo. Su presencia inmediata congeló las palabras de los presentes. No llevaba armas, ni rastro de agitación. Su cabello negro estaba recogido en una trenza impecable que caía de lado sobre su hombro, exponiendo la curva limpia de su cuello de porcelana. Su túnica de piel ajustada resaltaba su figura esbelta, y sus ojos almendrados recorrieron la sala con una frialdad y una soberbia tan educadas que Boran sintió que el aire se le atoraba en la garganta.

Detrás de ella, con la elegancia silenciosa de una sombra dorada, entró Kaelen. El líder de los leones no tenía ninguna obligación de estar en una disputa interna de los osos, pero se colocó en una esquina de la cueva, cruzando sus enormes brazos sobre su pecho musculoso. Sus ojos ámbar brillaban con una luz peligrosa, fijos en Boran como un depredador evaluando el cuello de su presa. Su mera presencia física redujo el tamaño de la cueva a la mitad.

—Lin Mei —dijo el jefe Gorik, asintiendo levemente—. Te han acusado de agredir a la hembra de Boran en tu propio claro. ¿Qué tienes que decir?

Mei avanzó hasta el centro de la sala, deteniéndose a una distancia prudente de la mesa del consejo. Miró a Gorik directamente a los ojos, ignorando los sollozos de Talia y los puños apretados de Boran.

—Jefe Gorik —habló Mei, su voz clara, melodiosa y perfectamente estructurada—. Vine a esta tribu bajo las leyes que usted mismo me recordó ayer: mi cueva es mi territorio sagrado mientras cumpla con mis deberes. Hoy, mientras me encontraba trabajando en mis hilos para el invierno, Talia, Maya y otra hembra invadieron mi claro sin mi permiso.

Talia levantó la cabeza, sus ojos verdes inyectados en lágrimas falsas. —¡Solo fui a hablar contigo! ¡Tú me arrojaste al suelo!

—Fuiste a insultarme, Talia —replicó Mei con una calma que hizo que la histeria de la otra pareciera patética—. Gritaste en mi entrada, me llamaste paria y, lo que es peor, pateaste mis utensilios de trabajo, arrojando mis fibras textiles a la tierra. No conforme con destruir mi labor, avanzaste hacia mí con las garras extendidas directo a mi rostro. Lo que hice no fue un ataque; fue defensa propia. Utilicé tu propio peso para apartarte de mí. Si no sabes mantener el equilibrio sobre tus propias piernas de zorro cuando intentas agredir a alguien, no es mi responsabilidad.

Boran dio un paso hacia Mei, su rostro enrojecido por la furia. —¡Mientes! ¡Talia nunca lastimaría a nadie! Eres una perezosa que envidia su belleza y su posición. El jefe debe castigarte.

—¿Castigarme por qué, Boran? —Mei se giró despacio, enfrentando al gigante oso sin una sola pizca de miedo—. ¿Por no dejar que tu hembra me marque la cara con sus garras? ¿Por defender el espacio que el mismísimo jefe me otorgó? Si tanta es tu urgencia de proteger a Talia, enséñale a no subir a las colinas a buscar peleas que no puede ganar. Ya te lo dije ayer y te lo repito hoy frente al consejo: no me interesa tu nido, no me interesas tú. Deja de enviar a tus mujeres a molestar mi paz.

Un murmullo de asombro corrió entre los ancianos del consejo que observaban desde los lados. La elocuencia de Mei, su falta de sumisión y la lógica aplastante de sus palabras no dejaban espacio para la duda. En el mundo de las bestias, la verdad a menudo se medía por la firmeza de la mirada, y los ojos almendrados de Mei eran tan limpios y afilados como el hielo.

Desde su esquina, Kaelen soltó un ronroneo bajo, un sonido divertido y sumamente arrogante que atrajo la atención de todos.

—El jefe de los osos tiene una ley muy extraña si permite que los machos rujan y las hembras arañen a quienes trabajan por su propia vida —dijo Kaelen, su barítono profundo resonando en la piedra—. En la Tribu del León, si una hembra invade el nido de otra para destruir su trabajo y es derribada, se le obliga a limpiar el claro de la vencedora durante tres soles por su torpeza. Boran habla de castigos, pero yo solo veo a un macho que no puede controlar la envidia de su nido.

—¡Este no es asunto tuyo, león! —rugió Boran, girándose hacia Kaelen con las garras medio extendidas.

—Es asunto mío si la justicia de esta tribu interfiere con la paz de una hembra que respeto —replicó Kaelen, dando un paso al frente, sus pupilas contrayéndose en dos finas líneas letales. Su instinto territorial de león alfa se encendió, emitiendo una presión en el aire que hizo que los ancianos osos se tensaran en sus asientos.

—¡Suficiente! —el bastón del jefe Gorik golpeó la roca con la fuerza de un rayo, cortando la disputa antes de que la sangre llegara al suelo del consejo—. He escuchado suficiente. Talia subió al claro de Lin Mei sin autorización y comenzó la disputa destruyendo su propiedad. Lin Mei solo defendió su nido. La ley de la Roca es clara: el nido de una hembra es sagrado.

Talia ahogó un grito de incredulidad, ocultando su rostro en el pecho de Boran.

—No habrá destierro ni castigo para Lin Mei —sentenció Gorik, mirando severamente a Boran y a su grupo—. Boran, mantén a Talia lejos de las colinas altas. Si vuelvo a escuchar que un miembro de tu nido molesta a Lin Mei, te retiraré el derecho a las raciones de la gran cesta durante la primera mitad de la Luna Blanca. ¿Quedó claro?

Boran apretó los dientes de tal manera que un hilo de saliva se coló entre sus colmillos. La humillación era total. No solo había perdido la atención de Mei, sino que el jefe de su propia tribu lo estaba reprendiendo públicamente frente al líder de los leones por causa de los celos de Talia.

—Sí, jefe —gruñó Boran, bajando la cabeza con una rabia sorda que amenazaba con devorarlo por dentro.

—La sesión termina aquí —declaró Gorik.

Mei asintió con una reverencia perfecta hacia el jefe y, sin mirar atrás, dio media vuelta para salir de la cueva. Kaelen la siguió de cerca, su paso amplio y seguro bloqueando cualquier intento de Boran de acercarse a ella en la salida.

Al salir a la frescura de la noche estrellada, Mei se detuvo bajo un gran roble, inhalando el aire puro del bosque para limpiarse del olor a humo del consejo. Sintió la enorme presencia de Kaelen deteniéndose a su lado, su calor corporal envolviéndola instantáneamente contra el viento helado.

—No necesitada tu intervención allá dentro, león —dijo Mei, mirándolo de reojo con una ceja arqueada—. Podía manejar al jefe sola.

Kaelen sonrió, sus ojos ámbar brillando en la oscuridad de la noche con una devoción salvaje. —Sé que podías, pequeña flor. Tus palabras cortan más rápido que las garras de un oso. Pero un rey no puede evitar disfrutar ver a su futura reina poner en su lugar a toda una tribu. Además... —se inclinó sutilmente hacia ella, su aliento cálido rozando su mejilla de porcelana—, me gusta recordarle a ese oso torpe que ya no tiene ninguna oportunidad de tocar lo que ahora está bajo mi mirada.

Mei soltó una risa suave, sacudiendo la cabeza mientras retomaba el camino hacia su cueva. —Eres imposible, Kaelen.

—Soy un león, Lin Mei —ronroneó él, siguiéndola de cerca entre las sombras del bosque—. Y los leones nunca dejamos una caza a medias. Buenas noches, mi flor de plata.

Mei subió la colina sintiendo que, a pesar del frío invernal que ya congelaba el suelo, la noche se sentía extrañamente cálida. La balanza se había inclinado a su favor, pero sabía que con el invierno tocando a la puerta, el verdadero desafío para demostrar su valor ante este mundo primitivo acababa de comenzar.

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Irma Morena Ruelas Cueva
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Victoria Avon Chang
ME GUSTA LA TRAMA ES NUEVA PARA MI POR LAS TRIBUS DE BESTIAS
Irma Morena Ruelas Cueva
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Yarelis Armas Pérez
q tipo de hembra es mei ? una osa ?

zorra ? ¿ q animal ?
Yarelis Armas Pérez: ahora me quedare con la duda 😗😗😗

bueno a seguir leyendo
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Victoria Avon Chang: Ne encanta la trama Autora gracias
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