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LA PROMETIDA DEL ENEMIGO

LA PROMETIDA DEL ENEMIGO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Hombre lobo / CEO
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤

Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.

Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.

¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2 – La mansión Moretti

El automóvil se detuvo frente a la entrada principal de la mansión.

Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.

El chofer descendió rápidamente para abrir la puerta, mientras dos filas de empleados esperaban inmóviles bajo la enorme escalinata de mármol.

Valeria observó el lugar con discreción.

Era imponente.

La fachada estaba iluminada por elegantes luces cálidas, una fuente de tres niveles adornaba el jardín central y enormes rosales blancos bordeaban el camino. Todo parecía perfecto... demasiado perfecto.

Adrián bajó primero del vehículo.

Como un verdadero caballero, extendió la mano hacia ella.

Valeria la miró unos segundos.

No quería aceptarla.

Pero decenas de personas los observaban.

Con una sonrisa impecable para las cámaras que aún seguían presentes, apoyó su mano sobre la de él.

—Gracias —dijo con amabilidad.

—De nada —respondió Adrián con el mismo tono cordial.

Apenas cruzaron la puerta principal, ambos soltaron sus manos al mismo tiempo.

—Ya no hay fotógrafos —murmuró Valeria.

—Lo noté.

Un hombre de unos sesenta años, vestido con un elegante traje negro, caminó hacia ellos.

—Bienvenidos, señor Adrián... señora Moretti.

Valeria levantó una ceja al escuchar aquel apellido.

Todavía le resultaba extraño.

—Soy Ernesto, el mayordomo de esta casa. Es un honor recibirla.

Valeria sonrió con dulzura.

—Muchísimas gracias, Ernesto. Espero no causarles demasiados problemas.

El hombre sonrió, sorprendido.

Llevaba más de veinte años trabajando para la familia Moretti y jamás había escuchado que alguien le hablara con tanta calidez.

—Será un placer atenderla, señora.

Mientras tanto, Adrián observaba la escena en silencio.

"Otra vez...", pensó.

"Con todos es amable."

Comenzaron a recorrer la mansión.

El enorme vestíbulo estaba decorado con columnas de mármol blanco, una escalera imperial dividía el salón en dos alas y una inmensa araña de cristal iluminaba cada rincón.

Valeria intentó disimular su sorpresa.

Nunca había visto una casa tan grande.

Sin embargo, había algo que no dejaba de llamarle la atención.

Cada pocos metros había hombres vestidos con traje oscuro y un pequeño auricular en el oído.

No parecían empleados comunes.

Parecían...

Guardaespaldas.

—¿Esperan alguna visita importante? —preguntó con naturalidad.

Adrián la miró apenas un instante.

—No.

—Entonces... ¿por qué hay tanta seguridad?

Él continuó caminando.

—Es una costumbre de la familia.

Aquella respuesta no la convenció.

Mientras recorrían uno de los pasillos, una joven empleada tropezó accidentalmente con una bandeja llena de copas.

El ruido del cristal al romperse hizo que todos giraran la cabeza.

La muchacha palideció.

—L-lo siento... Fue un accidente...

Antes de que alguien pudiera decir algo, Valeria se acercó rápidamente.

—¿Te lastimaste?

La joven negó con los ojos llenos de lágrimas.

—No... pero seguro me despedirán...

Valeria tomó un pañuelo de su pequeño bolso y comenzó a limpiar una pequeña cortadura en la mano de la empleada.

—Tranquila. Lo importante es que estás bien. Las copas pueden reemplazarse.

La muchacha la miró completamente sorprendida.

—Gracias... señora.

Varios empleados observaban la escena sin poder creerlo.

En aquella casa nadie solía preocuparse por un accidente tan pequeño.

Adrián permanecía de pie, en silencio.

No intervenía.

Solo observaba.

Cuando la joven se retiró, Valeria volvió a colocarse de pie.

—Listo.

Entonces notó que Adrián seguía mirándola.

—¿Qué?

—Nada.

—¿Seguro?

—Simplemente... no esperaba que actuaras así.

Ella cruzó los brazos.

—¿Así cómo?

—Pensé que ignorarías lo ocurrido.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Porque vos sí lo hubieras hecho.

Él no respondió.

Ella tenía razón.

O al menos eso era lo que todos pensaban de él.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, Adrián sintió curiosidad por la mujer con la que acababa de casarse.

Quizás...

Solo quizás...

Había juzgado demasiado rápido a la única persona capaz de desafiarlo sin el menor temor.

Ernesto retomó el recorrido por la residencia.

—Señora Moretti, esta será su nueva casa. Si necesita cualquier cosa, no dude en pedirla.

—Gracias, Ernesto.

El mayordomo sonrió con respeto. A pesar de llevar décadas trabajando para los Moretti, pocas veces había sentido tanta cercanía con alguien de la familia.

Subieron la gran escalera de mármol hasta el segundo piso. Un largo pasillo, decorado con antiguos cuadros y ventanales que dejaban entrar la luz de la luna, conducía a las habitaciones principales.

Ernesto abrió una enorme puerta doble.

—Esta será la habitación principal.

Valeria quedó inmóvil.

Era más grande que el departamento donde había vivido toda su vida. Una cama de estilo clásico ocupaba el centro de la habitación. A un lado había una sala privada con chimenea y, al fondo, un balcón con vista a los jardines.

—Es... hermosa —admitió sin ocultar su sorpresa.

—Me alegra que sea de su agrado.

Valeria caminó unos pasos y luego se volvió hacia Adrián.

—¿Dormiremos aquí?

Adrián respondió con total tranquilidad.

—No.

Ella arqueó una ceja.

—¿No?

—Mi habitación está al final del pasillo. Esta será solo tuya.

Valeria lo miró sorprendida.

No esperaba esa respuesta.

—Pensé que querrías mantener las apariencias.

—Las mantendremos delante de los demás. En privado, cada uno tendrá su espacio.

Por primera vez desde la boda, Valeria sintió un pequeño alivio.

—Gracias.

Adrián simplemente asintió.

En ese momento, alguien golpeó suavemente la puerta.

—Adelante.

Entró una mujer elegante, de cabello oscuro recogido y mirada serena. Vestía un traje color marfil y transmitía una presencia imponente.

—Bienvenida a la familia, Valeria.

La joven sonrió con educación.

—Muchas gracias, señora.

—Podés llamarme Isabella.

Isabella Moretti era la madre de Adrián.

A diferencia de su hijo, sonreía con facilidad, aunque en sus ojos había una tristeza difícil de explicar.

Se acercó a Valeria y tomó sus manos.

—Sé que este día debió ser muy difícil para vos. Espero que con el tiempo puedas sentirte cómoda en esta casa.

—Haré lo posible.

Isabella observó a ambos durante unos segundos.

—Descansen. Mañana tendrán un largo día.

Cuando salió de la habitación, Valeria notó algo extraño.

—Tu madre parece... diferente.

—¿Diferente?

—No es como imaginaba.

Adrián la miró con curiosidad.

—¿Y cómo la imaginabas?

—Fría.

Él dejó escapar una leve sonrisa, casi imperceptible.

—Mi madre es la única persona que nunca dejó que el poder cambiara su forma de ser.

Valeria no respondió.

Aquella frase quedó dando vueltas en su cabeza.

Más tarde, cuando la casa quedó en silencio, Valeria decidió salir al balcón.

El aire fresco de la noche la ayudó a despejar la mente.

Desde allí podía ver parte del jardín... y algo más.

A lo lejos, cerca del enorme portón principal, varios vehículos negros acababan de ingresar a la propiedad.

Los hombres que descendieron de ellos llevaban el mismo traje oscuro que los guardaespaldas de la mansión.

No parecían invitados.

Se movían con rapidez y absoluta coordinación.

Valeria frunció el ceño.

—¿Qué clase de familia necesita tanta seguridad... incluso el día de una boda?

Sin darse cuenta, una figura apareció detrás de ella.

—No deberías salir sola por la noche.

La voz de Adrián la hizo girar de inmediato.

—¿Me estás vigilando?

—No.

—Entonces dejá de aparecer de la nada.

—Escuché que abriste la puerta del balcón.

Valeria apoyó los brazos sobre la baranda.

—Hay algo que no me cierra.

—¿Sobre qué?

—Sobre esta casa.

Adrián permaneció en silencio.

—Hay demasiados secretos.

Él sostuvo su mirada unos segundos.

—Todos tenemos secretos, Valeria.

—Puede ser... pero los tuyos parecen bastante peligrosos.

Antes de que Adrián respondiera, un fuerte sonido rompió el silencio de la noche.

Una alarma comenzó a sonar en toda la mansión.

En cuestión de segundos, los guardaespaldas corrieron por los pasillos mientras se escuchaban órdenes desde la planta baja.

Valeria dio un paso hacia atrás.

—¿Qué está pasando?

Adrián cambió completamente su expresión.

Su mirada se volvió fría, alerta.

—Entrá a la habitación.

—No hasta que me expliques...

—¡Ahora, Valeria!

Era la primera vez que levantaba la voz.

Ella quedó inmóvil.

Desde el jardín se escuchó un disparo.

Luego otro.

Y otro más.

Valeria sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.

Acababa de llegar a la mansión Moretti...

Y comprendió que su matrimonio no solo estaba lleno de secretos.

También estaba rodeado de un peligro mucho mayor de lo que jamás habría imaginado.

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