En la Academia Real Arcana, la misteriosa Yoselin despierta el poder oculto de cinco princesas y enseña a los orgullosos príncipes que la unión y el amor son su mayor fuerza para enfrentar al Rey del Vacío.
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Capítulo 10: El sacrificio de la guardiana
El cielo se volvió completamente oscuro.
La enorme esfera de energía negra continuaba creciendo sobre el bosque, envolviendo la academia en una presión mágica que hacía temblar la tierra.
Todos comprendieron que, si ese ataque caía, nadie sobreviviría.
Yoselin permanecía de pie frente a las cinco princesas y León.
Los cinco círculos mágicos bajo sus pies brillaban con una intensidad nunca antes vista.
El viento agitaba su cabello mientras los cinco elementos respondían a su llamado.
Entonces habló sin apartar la vista del enemigo.
—Escúchenme con atención.
Aurora sintió un escalofrío.
Había algo diferente en su voz.
Era una despedida.
—Cuando esta barrera desaparezca...
Van a correr.
Nadie va a mirar atrás.
—¡No! —exclamó Maya.
—¡No vamos a dejarte sola! —añadió Brisa.
Flora dio un paso al frente.
—Podemos ayudarte.
Incluso León desenvainó su espada.
—Si peleamos juntos...
Yoselin negó lentamente.
—No.
Levantó la mano.
En ese instante, una barrera transparente apareció alrededor de las seis personas.
Las princesas corrieron hacia ella.
Intentaron atravesarla.
Fue imposible.
—¡Yoselin! —gritó Elisabeth golpeando con ambas manos la barrera.
Ella sonrió con tristeza.
—Perdónenme...
Pero esta vez tendrán que obedecerme.
León golpeó con fuerza la barrera usando la empuñadura de su espada.
No consiguió hacerle ni una grieta.
—¡Déjanos salir!
—No puedo.
—¡Nos estás encerrando!
—Los estoy protegiendo.
Desde el otro lado de la barrera negra, Daniel observaba desesperado.
Ahora había dos barreras.
Una que los separaba del combate.
Y otra que separaba a Yoselin de las princesas y de León.
—¿Qué está haciendo? —preguntó César.
Ninguno tenía respuesta.
Solo los reyes parecían comprender.
El rey del Reino Supremo cerró los ojos con dolor.
—Está impidiendo que intervengan...
Porque sabe que el ataque también romperá la barrera enemiga.
Todos quedaron en silencio.
La reina del Reino de la Tierra llevó una mano a su boca.
—No...
Ella piensa recibir el impacto sola.
Dentro de la barrera, Elisabeth no dejaba de golpear el muro mágico.
Lágrimas corrían por su rostro.
—¡Déjanos ayudarte!
Yoselin se acercó lentamente.
Apoyó la mano sobre la barrera.
Justo frente a Elisabeth.
—Escúchame.
La princesa negó con desesperación.
—No quiero.
—Necesito que escuches.
Elisabeth terminó levantando la vista.
—Mi sangre posee un poder que casi nadie conoce.
Puede curar cualquier herida.
Puede romper maldiciones.
Y también puede mantenerme con vida incluso después de recibir ataques que matarían a cualquier otra persona.
Las seis personas la miraban sorprendidas.
—Entonces... ¡no morirás! —dijo Aurora con esperanza.
Yoselin bajó la mirada.
—Sobreviviré...
Pero eso no significa que no vaya a sufrir.
El silencio fue absoluto.
—Cada vez que utilizo este poder...
Siento el dolor de cada herida como si mi cuerpo se rompiera una y otra vez.
León apretó los puños.
—Entonces no lo hagas...
Ella sonrió con dulzura.
—Si no lo hago...
Ustedes morirán.
Y eso jamás lo permitiré.
El enemigo observaba la escena con una sonrisa.
—Sigues siendo igual de ingenua.
Siempre sacrificándote por los demás.
Yoselin levantó lentamente su espada.
—Mientras yo respire...
No tocarás a ninguno de ellos.
—¿Y cuánto tiempo podrás seguir respirando?
El hombre extendió ambas manos.
La gigantesca esfera oscura descendió hacia la academia.
Al mismo tiempo, Yoselin levantó su espada hacia el cielo.
Los cinco elementos respondieron a su llamado.
Una inmensa columna de luz dorada atravesó las nubes.
El choque entre ambas magias hizo que el mundo entero temblara.
Dentro de la barrera, las princesas apenas podían mantenerse de pie.
León seguía intentando romper el muro mágico.
Golpe tras golpe.
Una y otra vez.
Hasta que sus manos comenzaron a sangrar.
—¡Basta! —gritó Yoselin.
Él se detuvo.
—Escúchame muy bien.
Cuando mi barrera desaparezca...
No importa lo que veas.
No importa lo que escuches.
Llévatelas lejos de aquí.
León abrió los ojos.
—Pero...
—Prométemelo.
El joven sintió un nudo en la garganta.
Sabía que no tenía elección.
Con lágrimas en los ojos, asintió lentamente.
—...Lo prometo.
Yoselin sonrió.
—Gracias.
El choque de ambas magias iluminó todo el cielo.
Una explosión ensordecedora sacudió el bosque.
La barrera negra del enemigo comenzó a resquebrajarse.
—¡Se está rompiendo! —gritó Daniel.
Los reyes prepararon sus armas.
Luis sujetó con fuerza la empuñadura de su espada.
Entonces ocurrió.
La barrera creada por Yoselin también empezó a desaparecer.
Antes de que las princesas pudieran correr hacia ella, Yoselin hizo un último movimiento con la mano.
Una poderosa ráfaga de viento las empujó varios metros hacia atrás.
—¡No!
Elisabeth extendió la mano desesperadamente.
Pero era demasiado tarde.
León comprendió la orden.
Con el corazón destrozado, sujetó a Elisabeth por un brazo.
Aurora tomó a Maya.
Flora ayudó a Brisa.
Los seis comenzaron a retroceder.
Ninguno quería hacerlo.
Pero todos sabían que, si desobedecían, el sacrificio de Yoselin habría sido inútil.
Desde la distancia, Daniel vio cómo Yoselin quedaba completamente sola frente al enemigo.
Y, por primera vez en su vida, sintió el verdadero significado de la impotencia.
No era el miedo a perder una batalla.
Era el miedo a perder a la persona que, sin darse cuenta, se había vuelto la más importante para él.
Mientras la luz y la oscuridad chocaban una última vez, una sola idea cruzó la mente de Yoselin.
"Solo resistan un poco más... Mientras yo pueda mantenerme de pie, nadie les hará daño."