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Mi Amor Por Su Deuda

Mi Amor Por Su Deuda

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Venganza / CEO
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Fabián Vargas se quedó con su fortuna. Gael Sotomayor se quedará con su mujer. Tras ser despojado de su herencia por las trampas de su medio hermano Fabián, Gael Sotomayor decide ejecutar la venganza más despiadada: arrebatarle lo que más ama. La oportunidad perfecta llega con la ruina de los Villarreal. Aprovechando el colapso financiero de su familia, Gael acorrala a Isabel Villarreal y la obliga a firmar un contrato matrimonial. Para salvar a los suyos, ella deberá convertirse en la señora Sotomayor y entrar en la boca del lobo. Isabel cree que solo será el trofeo en una guerra de poder y resentimiento. Sin embargo, en las sombras de un matrimonio forzado, el odio mutuo empezará a transformarse en una atracción oscura, peligrosa e inevitable. El juego de venganza ha comenzado, pero cuando el deseo se mezcla con el rencor... ¿quién pagará el precio de la deuda?

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Ultimátum

La situación en aquella habitación de la clínica estaba al extremo, fabian no aceptaba lo que le estaba diciendo Samanta, ella seguramente estaba mintiendo se repetia en la mente una y otra vez.

—¿Qué...? No... Eso no puede ser —articuló Fabián, sintiendo que el piso se movía—. Leonardo es un hombre meticuloso, su capital es inmenso...

—Pues tu imperio de papel se cayó —interrumpió Francisca, dando un paso hacia él, acorralándolo físicamente contra la puerta—. Pero nosotras no nos vamos a hundir en la miseria contigo, Fabián. Tú tienes tus propios negocios, tienes el dinero que le has sacado a la constructora estos meses y una reputación que cuidar ante tus inversionistas internacionales como el "joven empresario del año". Así que vamos a hacer un trato, y no tienes opción de rechazarlo.

—Yo no hago tratos con extorsionadoras —escupió él, con desprecio.

—Vas a hacer este —sentenció Francisca con una frialdad espeluznante—. Te vas a casar con Samanta por lo civil la próxima semana. Le darás el apellido a tu hijo, le darás una posición y nos asegurarás el estatus que la quiebra de Leonardo nos va a quitar. Si te niegas, si intentas buscar a Isabel o si intentas dar un solo paso atrás... yo misma me encargaré de destruir tu reputación.

Tengo guardados los estados de cuenta, las transferencias dudosas que hiciste desde la constructora a tus cuentas personales y los mensajes de texto explícitos que le mandabas a mi hija mientras estabas con Isabel.

Fabián sintió que la soga se cerraba alrededor de su cuello. Las amenazas de Francisca no eran promesas vacías; la mujer era capaz de destruirlo públicamente con tal de no perder sus privilegios.

—Si difundo esas pruebas —añadió Samanta desde la cama, con una mirada inyectada de veneno—, no solo perderás a Isabel para siempre, sino que tus socios te darán la espalda, tus cuentas serán investigadas por la misma fiscalía que persigue a Leonardo y terminarás compartiendo celda con mi padrastro. Piensa bien, Fabián. O te conviertes en un esposo ejemplar para mí, o te conviertes en un convicto arruinado. Tienes veinticuatro horas para traer el anillo de compromiso de mi tamaño. Ahora, lárgate de nuestra vista.

Fabián Vargas retrocedió un paso, con el pecho agitándose con violencia y los puños tan apretados que las uñas le lastimaban las palmas de las manos. Estaba atrapado en su propia red de ambición. Miró por última vez a las dos mujeres, dándose cuenta de que las víboras que había alimentado en las sombras acababan de propinarle la mordida mortal. Sin decir una sola palabra, dio la media vuelta y salió de la habitación, azotando la puerta, consciente de que su libertad y su nombre ahora tenían dueño.

Avanzó por el pasillo de la clínica a zancadas ciegas, arrastrando los pies con la rabia hirviendo en sus venas. Sentía que las paredes del hospital se le venían encima. Sin embargo, no logró dar más de diez pasos antes de que una figura imponente y de cabellera canosa le cortara el paso de forma abrupta en la intersección del corredor de cardiología.

Era su padre, Mauricio Vargas.

El hombre, un empresario de la vieja escuela conocido por su temperamento implacable y su total falta de escrúpulos, lucía un semblante lívido. Sus ojos, oscuros y afilados como cuchillos, se clavaron en Fabián con una furia tan contenida que hacía que la mandíbula del anciano temblara visiblemente. Antes de que Fabián pudiera articular palabra, la mano de su padre se cerró como una tenaza de hierro alrededor de su antebrazo, arrastrándolo con brusquedad hacia una de las oficinas vacías del personal médico.

—¡Suéltame, papá! ¡¿Qué haces aquí?! —reclamó Fabián, zafándose del agarre una vez que la puerta se cerró detrás de ellos.

—¡Cállate la boca, estúpido! —rugió Mauricio, bajando la voz a un siseo letal que impactó a su hijo—. ¿Qué hago aquí? Intento salvar lo poco que queda del apellido Vargas antes de que lo termines de arrastrar por el lodo con tus imbecilidades. Acabo de resivir una llamada de Francisca. Me lo contó todo. Cada maldito detalle de tu doble juego asqueroso.

Fabián desvió la mirada, apretando los dientes.

—Ella exagera, es una extorsión...

—¡No me vengas con rodeos! —Mauricio golpeó con fuerza el escritorio de metal de la oficina, haciendo que los instrumentos médicos tintinearan—. Te advertí mil veces que no jugaras con fuego. Te obsesionaste con Isabel Villarreal por su maldito orgullo, queriendo dártelas de conquistador, mientras te revolcabas con la hermanastra en los hoteles de la ciudad. ¡Y para colmo, la dejas embarazada en medio del peor colapso financiero de la región!

—Iba a heredar la constructora Villarreal, papá. Era un negocio perfecto —intentó justificarse Fabián, con la voz alterada.

—¡La constructora Villarreal ya no existe! —le espetó su padre, dándole un empujón en el pecho—. Leonardo está acabado. Sus cuentas están congeladas y en unas horas el escándalo de malversación estallará en todos los noticieros. No hay dinero que raspar de ese cadáver corporativo. Pero lo que sí hay, Fabián, son las pruebas que Francisca y Samanta tienen en tu contra. Si esas mujeres filtran las transferencias desviadas y las denuncias por fraude, nuestras propias empresas asociadas caerán en el radar de la fiscalía. ¡Nos vas a hundir a todos por tu maldita calentura!

Fabián palideció, dando un paso atrás. El peso de la realidad familiar finalmente lo acorralaba por completo.

—No me puedo casar con Samanta, papá... No la amo, es una histérica —suplicó, mostrando por primera vez un rastro de vulnerabilidad.

Mauricio lo miró con un desprecio absoluto, acomodándose el saco con una frialdad espeluznante.

—El amor es para los idiotas, Fabián. En los negocios solo importan los daños controlados. Francisca tiene tu soga al cuello y yo no voy a permitir que destruyas mi patrimonio por tu orgullo. Tu única salida, la única que te queda para no vestir un uniforme naranja en prisión, es casarte con Samanta Villarreal la próxima semana. Le darás el apellido a ese bastardo, mantendrás a esa mujer callada y salvarás las apariencias ante nuestros inversionistas.

Fabián sintió que el aire desaparecía de sus pulmones mientras su propio padre dictaba su sentencia.

—Y escúchame bien —añadió Mauricio, tomándolo firmemente de la solapa del saco, acercando su rostro al de su hijo con una promesa de violencia—. Si intentas buscar a Isabel, si intentas huir o dar un solo paso atrás en este matrimonio, yo mismo te daré la espalda, congelaré tus tarjetas y te entregaré a las autoridades. Estás atrapado, Fabián. Ve a comprar ese maldito anillo y empieza a actuar como el esposo sumiso que ahora estás obligado a ser.

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Iliana Mejia
Esta enamorado de Isabel 😥😥
Iliana Mejia
De lo que se va a salvar 👍
Elizabeth Yepez
cual será el misterio que tiene Gael con la familia Villareal, que le habrán hecho
Elizabeth Yepez
esas dos son unas perras algún día pagarán y ese Fabián estúpido también
Elizabeth Yepez
vieja desgraciada y codiciosa
Liliana Torres
me encanta como se va desarrollando
Ysabel Correa: Muchas gracias. Sigo escribiendo para montar los demás capítulos rápido 🥰
total 1 replies
Liliana Torres
Ratas en una misma alcantarilla, Fabian tienes lo que te mereces
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