Dos hombres, un amor inmenso y el sueño de ser papás. Él es un hombre trans, y juntos llevarán a su bebé en el corazón y en el vientre. No importa lo que digan los demás: esta familia se construye solo nosotros dos.
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Solo nosotros dos Capítulo 15: Somos suficientes
Luca cumplió dos años. Prepararon una fiesta sencilla en el jardín de su casa, con globos, su torta favorita de dulce de leche y solo la gente que realmente los quería: abuelos, tíos y sus amigos más cercanos. Pero entre los invitados vino también una tía lejana, que siempre había tenido comentarios reservados.
Mientras el niño jugaba persiguiendo una mariposa, la tía se acercó a Mateo y le dijo bajito:
—La verdad que lo han hecho muy bien, pero ahora que crezca más… ¿no creen que le va a faltar una figura femenina? Alguien que le explique ciertas cosas, que le dé cariño de otra forma?
Mateo suspiró. Esa pregunta ya la había escuchado muchas veces, pero ahora ya no le dolía, ni le hacía dudar. Miró a Lucas, que estaba ayudando a Luca a levantar su juguete, y luego contestó con calma:
—Luca tiene abuelas, tías, maestras y muchas mujeres maravillosas en su vida, que lo quieren muchísimo. Pero lo que nunca le faltará es amor, cuidado y guía. No se necesita ser hombre o mujer para dar eso: se necesita estar ahí, todos los días, sin condiciones. Y nosotros dos estamos aquí. Somos sus papás, y somos suficientes.
La tía no supo qué contestar, y se alejó poco después. Lucas se acercó y le tomó la mano:
—Lo dijiste perfecto. Nunca olvides que somos suficientes para él, y para nosotros.
Pasaron los días y llegó el momento de la primera reunión de padres en la guardería. Al entrar, todos los demás se sentaron en parejas que se veían iguales, y ellos ocuparon su lugar juntos, como siempre. La maestra habló de las actividades, de los progresos de cada niño, y al final se acercó a ellos especialmente.
—Quería decirles algo —les dijo con una sonrisa sincera—. Luca es uno de los niños más seguros, cariñosos y alegres de toda la sala. Cuando dibuja a su familia, siempre los dibuja a los tres, muy grandes y sonrientes. Y cuando alguien dice que su familia es “rara”, él dice: “No, es mi familia, y es la mejor”. Eso lo aprendió en casa, y se nota mucho.
Al salir, caminaron despacio hacia el auto, sintiéndose más orgullosos que nunca.
—Nos preocupamos tanto por hacer las cosas bien —dijo Lucas—, y ya lo estamos logrando. Solo con amarlo y estar ahí, lo estamos logrando.
Esa noche, mientras le contaban un cuento antes de dormir, Luca los miró a los dos y dijo:
—Los quiero mucho, papás. Son los mejores del mundo.
Cuando salieron de su cuarto y se quedaron en el pasillo, Mateo apoyó la cabeza en el hombro de Lucas.
—¿Te acuerdas cuando teníamos miedo de no poder? —le preguntó—. Cuando pensábamos que quizás no éramos lo suficiente para tener una familia?
—Sí —respondió Lucas, abrazándolo—. Pero el miedo se va cuando vamos juntos. Somos diferentes a lo que la gente suele imaginar, pero nuestro amor es igual de grande, y nuestro hogar es igual de verdadero. Somos suficientes, tú y yo, y con él somos todo lo que necesitamos.
Se quedaron un rato así, en silencio, escuchando la casa tranquila. Habían recorrido un camino largo, lleno de obstáculos y dudas, pero cada paso los había acercado más. Y ahora sabían con certeza: no necesitaban nada más que lo que tenían, construido a su manera, solo nosotros dos.