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Susurros Del Más Allá.

Susurros Del Más Allá.

Status: En proceso
Genre:Sirena / Terror / Pacto con el demonio / Maldición
Popularitas:582
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En el pueblo costero de Mar Azul, una antigua maldición ha permanecido oculta durante siglos: cada luna llena, una sirena de belleza deslumbrante pero esencia demoníaca emerge de las aguas, trayendo consigo desgracia, locura y muerte. Nadie se atreve a hablar de ella, pero sus susurros llegan a los oídos de quienes tienen el destino marcado. Cuando Lyssa, una joven con la capacidad de escuchar voces del más allá, llega al pueblo para investigar la desaparición de su madre, se cruza con Christhian, un hombre atormentado por un pasado oscuro y un vínculo inevitable con la criatura marina. Entre ellos nace una atracción peligrosa, mezcla de amor y odio, pasión y recelo. Pero la sirena no está dispuesta a compartir lo que considera suyo: es posesiva, cruel y ha tejido una red de hechizos que atrapa a quienes se acercan a lo que ella reclama. Lo que empieza como una investigación se convierte en una lucha por la supervivencia y el alma. La maldición no es solo una leyenda.

NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: El origen del mal.

La noche seguía pesada y cargada de ecos de la furia que acababa de desatarse. Mar Azul parecía contener la respiración tras el paso destructivo de Serena; las calles estaban mojadas, llenas de restos y silencio, y en la habitación de la posada, el aire todavía olía a sal, a tormenta y a amargura. Lyssa y Christhian permanecían junto a la mesa, con el antiguo libro abierto entre ellos, las manos todavía temblando por lo que habían visto y sufrido. Habían sentido el peso de sus celos, la crueldad de su poder, la forma en que castigaba a inocentes solo para hacerles daño a ellos. La veían como un monstruo, una criatura voraz y posesiva que solo existía para controlar y destruir. Pero entre las páginas que ahora volvían a leer, descubrieron que el mal no había nacido como tal… sino que había sido construido, paso a paso, por dolor, traición y un rencor que había durado siglos.

—Siempre pensé que era así desde siempre —murmuró Christhian, con la mirada fija en las líneas desgastadas por el tiempo—. Pensé que había nacido en el mar, hermosa y terrible, sin corazón ni sentimientos humanos. Pero esto… esto cuenta otra cosa.

Lyssa asintió, con el dedo recorriendo el inicio del relato, escrito por la mano de Marina de la Vega, su antepasada, la misma que había estado allí, que había sido su amiga, y que había sido testigo del momento en que una mujer se convirtió en leyenda, y luego en pesadilla.

—Escucha —dijo ella, con voz suave pero tensa, y comenzó a leer en voz alta, dejando que la historia real saliera de las sombras donde había estado oculta durante tanto tiempo:

«Todo esto no empezó con magia, ni con maldades, ni con deseos de poder. Empezó igual que empiezan casi todas las desgracias: con un corazón que amó demasiado y que fue destrozado sin piedad.»

«Serena no era una criatura del mar. Era una mujer. Una mujer joven, hermosa, llena de vida, de esas que parecen llevar la luz consigo donde quiera que van. Vivía aquí, en este mismo pueblo, hace muchos años, cuando el mar todavía era algo que daba vida y no muerte. Era mi mejor amiga. Éramos como hermanas. Y ella amaba a un hombre. Lo amaba con toda la fuerza de su ser, con esa entrega absoluta que solo tienen quienes no saben que el amor puede doler.»

Lyssa hizo una pausa, mirando a Christhian, y ambos entendieron que el origen de todo, la raíz de la condena, no era un hechizo oscuro, sino algo mucho más humano y doloroso: el amor y la traición. Ella siguió leyendo:

«Ese hombre le prometió todo. Le prometió casarse, estar juntos para siempre, irse lejos si era necesario. Ella le creyó. Le dio todo: su tiempo, su corazón, su confianza, incluso parte de su propia alma. Pero él… él solo quería lo que ella tenía, lo que ella podía darle. Cuando consiguió lo que buscaba, cuando ya no necesitó de ella, la traicionó de la forma más cruel que existe: se fue con otra mujer, una de una familia rica e influyente, y se rió de ella delante de todo el pueblo. Le dijo que ella no era nada, que su amor no valía nada, que solo era un juguete del que ya se había aburrido.»

Christhian sintió un nudo en la garganta. Por primera vez, lo que había escuchado durante toda su vida, esas palabras de Serena diciendo que nadie la quería, que todos la abandonaban, que ella tenía que tomar lo que era suyo porque nadie se lo daba, cobraban un sentido desgarrador. No eran frases de un monstruo… eran las heridas abiertas de una mujer traicionada.

«Ella quedó destrozada. No solo por el abandono, sino por la humillación. Caminó por las calles con la cabeza baja, escuchando las risas, los comentarios, la lástima burlona de quienes antes la admiraban. Su corazón se rompió en mil pedazos, y con cada pedazo que se caía, algo dentro de ella se iba endureciendo, convirtiéndose en piedra. Me dijo que el amor era una mentira, que la confianza era una trampa, que los seres humanos solo sabían hacer daño. Me dijo que nunca más dejaría que nadie se fuera de su lado. Que nunca más permitiría que nadie tomara lo que era suyo y lo tirara a la basura.»

«Fue entonces cuando me pidió ayuda. Yo conocía los secretos antiguos, las palabras que conectan con las fuerzas de la naturaleza, con el mar que todo lo puede. Me suplicó que le enseñara, que le diera poder. Dijo que quería ser fuerte, que quería que nadie pudiera volver a hacerle daño, que quería ser la que tuviera el control, la que decidiera quién se quedaba y quién se iba. Yo, por amistad, por lástima, por querer curar su dolor… cometí el error más grande de todos. Le enseñé.»

Lyssa pasó la página, y las palabras siguientes estaban escritas con tinta que parecía haber sido mezclada con lágrimas, cargadas de remordimiento infinito.

«Pero el dolor y el rencor son malos maestros. Ella no usó lo que le enseñé para protegerse. Lo usó para vengarse. Su dolor era tan inmenso, tan profundo, que lo convirtió en combustible. Quiso ser más fuerte que el tiempo, más fuerte que la gente, más fuerte que la vida misma. Quiso ser eterna, para que nunca nadie pudiera decirle adiós. Quiso ser adorada, para que nadie pudiera despreciarla. Quiso poseer, para que nadie pudiera abandonarla.»

«Y al hacerlo, al llenarse de tanta rabia, de tanta amargura, de tanto deseo de tener y controlar… dejó de ser ella. Su forma humana ya no pudo contener todo ese dolor transformado en poder. Se fundió con el mar, se convirtió en parte de él, hermosa sí, pero fría, dura, inalcanzable. Se convirtió en lo que odiaba: en alguien que toma y usa, que no ama, sino que posee, que no da, sino que exige. El dolor la mató como mujer… y el rencor la convirtió en monstruo.»

El silencio llenó la habitación. La furia que habían visto, los celos mortales, la necesidad enfermiza de que todo fuera suyo, el castigo al pueblo, la forma en que los trataba a ellos… todo tenía ahora un origen claro y aterrador. Serena no era mala por naturaleza. Era el resultado de un corazón roto que había elegido llenarse de odio en lugar de sanar.

—Todo lo que hace… todo lo que dice… —empezó Christhian, con voz ronca y temblorosa, comprendiendo al fin cada mirada, cada palabra, cada acto—. Lo hace porque tiene miedo. Miedo de que la dejen. Miedo de que la traicionen. Miedo de que no sea suficiente. Me dice que soy suyo, que todo es suyo, que no puede dejarme ir… porque ella fue la que fue dejada. Ella fue la que fue tirada como basura. Y ahora, se asegura de que nadie, absolutamente nadie, pueda hacerle lo mismo.

Se pasó una mano por la cara, confundido entre la repulsión por todo el daño que había hecho, y una lástima profunda por la tragedia que llevaba dentro.

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