El juzgado de guardia huele a café frío y a desinfectante, son las diez y cuarenta de la noche. Hay un juez con la corbata torcida, dos custodios, una abogada de oficio con tres claveles muertos en sus manos, y un novio culpable.
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Los gemelos Varela.
Son idénticos. Bruno y Lucas Varela. 34 años. Traje negro, camisa blanca, sin corbata. Uno cojea de la pierna izquierda. El otro lleva un anillo con la V de Varela.
No preguntan. No negocian. Entran a la tienda de alfombras y le parten la cara al nuevo dueño.
-Buscamos a la española-, dice Bruno, el cojo.
-Y al policía muerto que la protege-.
-No están aquí-, escupe el dueño. Sangre en el suelo.
Lucas sonríe. Saca una foto. Marco y Elena en el balcón. Ayer. Zoom de teleobjetivo.
-Ya los encontramos. Ahora solo queremos el dinero. Y la cabeza de Ledesma. Por nuestro hermano-.
Piso franco de Gómez.
Gómez despliega el plano de Tánger en la mesa. Marca tres cruces rojas.
-Los gemelos no quieren justicia-, dice Gómez.
-Quieren sangre. Su hermano movía droga por el Estrecho. Vuestro padre lo tumbó. Y Marco cargó con el muerto. Ellos creen que fue Ledesma quien disparó-.
Marco aprieta el anillo de acero.
-¿Y tú qué quieres, Gómez?-
-Los quiero arrestados-, dice él. Sin rodeos.
-Vivos me joden la jubilación. Muertos cierro el caso Varela y os limpio a vosotros. Marco Ledesma muere por segunda vez, esta vez de verdad para el Ministerio. Y vosotros desaparecéis-.
Elena se cruza de brazos. -¿Y por qué no los mata Asuntos Internos?-
-Porque Asuntos Internos no existe en Marruecos. Y yo no tengo jurisdicción. Pero vosotros…-señala a Marco,
-tú ya estás muerto. Y tú-, señala a Elena, -eres abogada. Nadie te va a buscar-
Silencio. El Mediterráneo golpea contra el espigón.
-Hay un hueco en mi pasado que no cerré-, dice Marco al fin. Mirando a Elena.
-El día que fingí mi muerte, dejé que mi padre creyera que yo era un asesino. Dejé que Asuntos Internos enterrara mi nombre. Dejé que tú cargaras con la culpa-.
Elena le coge la mano. -Pues vamos a cerrarlo. Juntos-.
Cementerio español de Tánger. El hueco.
Antes de ir a por los Varela, Marco tiene que ir a ver a un muerto.
Tumba de Antonio Ledesma. Comisario. 1952-2016.
Su padre. Murió dos años después de “enterrar” a su hijo. Del corazón. De la vergüenza.
Marco se arrodilla. No lleva flores. Lleva la placa. La de verdad. 3147.
-No disparé, papá-, susurra. -Te mentí para salvarla. Y te fallé por no volver. Pero hoy cierro tu caso. Hoy limpio tu apellido-.
Entierra la placa al pie de la lápida. Elena detrás, mano en su hombro. No dice nada. No hace falta.
Cuando se levanta, ya no es Marco Ledesma. Ya no es Daniel Ríos.
Es el marido de Elena Duarte. Y va a la guerra.
Puerto pesquero. La trampa.
Gómez los usa de cebo. Los gemelos quieren a Marco. Pues van a tenerlo.
Muelles vacíos. Contenedores. Huele a pescado y a gasolina. Elena está en una grúa, rifle con mira. Marco abajo, desarmado. Camisa blanca. Blanco fácil.
Bruno y Lucas llegan con cuatro tíos. AKs. Miran a Marco como si fuera un fantasma.
-Tú mataste a nuestro hermano-, escupe Lucas.
-Yo no disparé-, dice Marco. Manos en alto. -Pero sí cargué con su muerto. Y hoy cargo con el vuestro-.
Bruno cojea hacia él. Le pone la pistola en la frente. -¿Alguna última palabra, policía muerto?-
Marco sonríe. La sonrisa que Elena conoce. La de _ya estáis muertos y no lo sabéis_.
“Sí”, dice. “Bésame como si mintieras”.
Es la señal.
El primer disparo se lo lleva el del AK a la derecha.
Cabeza. Cae. Elena desde la grúa.
El segundo se lo lleva el de la izquierda. Pecho. Cae. Elena otra vez.
Lucas se gira, dispara a la grúa a lo loco. Bruno aprieta el gatillo contra Marco.
Click.
Marco le había quitado el cargador hace tres segundos. En el abrazo.
Marido y mujer, sin coartada.
Marco le rompe la nariz con la frente. Le quita la pistola. Le apunta a Lucas.
Gómez sale de entre los contenedores con Asuntos Internos marroquí. Chalecos. Placas. Legales.
-Quedan detenidos-, grita Gómez. -Tráfico de armas, intento de homicidio, amenazas a ciudadanos españoles-.
Lucas tira el arma. Bruno escupe sangre. -Esto no ha acabado, Ledesma-.
-Sí ha acabado-, dice Marco. -Mi padre está enterrado. Mi placa también-.
-Y yo… yo me voy con mi mujer-.
Los gemelos Varela vuelan a Madrid esposados. Gómez quema el expediente de Marco Ledesma en el consulado. _Causa de muerte: ajustada a la verdad. Caso cerrado._
Tánger huele igual. A sal, a especias, a libertad.
Elena tiene la tobillera de Yamila fundida en dos anillos. Uno para él. Otro para ella. Oro de 1.2 millones.
En aquella nueva casa donde establecen su hogar, son libres por fin.
-¿Y ahora?-, pregunta ella. Descalza. Camiseta de él. Pelo suelto.
-Ahora-, dice Marco, abrazándola por detrás, -no hay pasado. Solo Tánger. Solo tú. Solo nosotros-.
La besa en el cuello. Sin mentiras. Sin placas. Sin muertos.
El hueco está cerrado.
La luna de miel… esa empieza ahora.
-Que así sea-, dice Elena.
Fijando su mirada en aquel hombre con pectorales duros y labios suaves los que la besan de manera apasionante, aquellos labios que ella suele besar siempre. Su amor enseñó que la paz real no es ausencia de guerra. La paz es estando ellos dos juntos como ahora.