Margot, es una veterinaria y muy sarcástica que ama lo que hace. Pero un día de trabajo una serpiente venenosa la muerde. Su muerte la llevó a una de las tantas historias que leyó. Sin embargo, tras los recuerdos difuso de ese cuerpo sabe que esta en aprieto al ser una Omega débil.
Pero todo cambia cuando el emperador alfa, Hazem toma interés en ella.
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Capitulo 12: “El emperador está cambiando"
Los días posteriores al despertar de sus recuerdos fueron extraños para Dafne.
No porque el palacio hubiera cambiado.
El palacio seguía siendo el mismo lugar lleno de miradas cuidadosas, nobles arrogantes y rumores que parecían moverse más rápido que las personas.
La que había cambiado era ella.
Ahora entendía demasiadas cosas.
Cada vez que veía a Selene, los recuerdos regresaban en pequeños fragmentos incómodos. Una mirada fría. Una puerta cerrándose. La sensación de haber sido apartada desde niña como si fuera un problema vergonzoso.
Y aun así, Dafne no dijo nada.
Guardó todo para ella mientras intentaba ordenar lo que sentía.
Porque la rabia estaba ahí.
Pero también el cansancio.
Uno profundo.
Como si una parte de ella finalmente hubiera dejado de esperar algo bueno de las personas que compartían su sangre.
Aquella tarde estaba acomodando varios libros viejos en una pequeña sala de lectura del ala interior cuando escuchó pasos acercarse.
No necesitó mirar para saber quién era.
Hazem entró sin escolta.
Eso ya se había vuelto extraño también.
El emperador más temido del imperio comenzaba a aparecer solo cada vez que quería verla.
Dafne dejó el libro sobre la mesa lentamente.
—Majestad.
Hazem la observó unos segundos antes de hablar.
—Ya dejaste de intentar escapar cuando me ves.
Dafne levantó apenas la vista.
—Estoy cansada para correr.
Eso hizo que algo parecido a una sonrisa breve apareciera en él.
El silencio entre ambos ya no se sentía igual que antes.
Seguía siendo pesado a veces, incómodo incluso, pero ahora había menos tensión violenta entre ellos.
Hazem caminó lentamente hacia uno de los estantes.
—Roxy me dijo que recuperaste recuerdos.
Dafne permaneció quieta.
—Algunos.
Hazem giró apenas hacia ella.
—¿Quieres hablar de eso?
Ella negó.
—Todavía no.
Él asintió sin insistir.
Y ese simple gesto sorprendió un poco a Dafne.
Porque antes Hazem presionaba todo.
Las respuestas.
Las decisiones.
La cercanía.
Ahora parecía contenerse.
Como si estuviera intentando no invadirla otra vez.
Hazem observó uno de los libros viejos sobre la mesa.
—Te traje algo.
Dafne frunció ligeramente el ceño.
Él dejó un libro frente a ella.
Era antiguo, con tapas oscuras y bordes desgastados.
Ella lo miró confundida.
—¿Un libro?
—Escuché que te gustan.
Dafne levantó la vista lentamente hacia él.
—¿Quién le dijo eso?
—Nadie. Solo lo sé.
Eso hizo que Dafne soltara una pequeña exhalación divertida por la nariz.
Hazem la observó en silencio unos segundos.
Y luego habló más serio.
—Vine a disculparme.
Dafne parpadeó una vez.
—¿Qué?
—Por cómo actué contigo.
Ella tardó en responder.
Porque honestamente no esperaba escuchar eso jamás.
Hazem sostuvo la mirada firme.
—Fui demasiado invasivo.
Dafne lo observó en silencio.
Él continuó.
—Intenté controlar todo alrededor tuyo pensando que así podía mantenerte segura.
—Y terminó sintiéndose como una prisión.
Hazem asintió lentamente.
—Lo sé ahora.
La sinceridad en su voz hizo que Dafne se quedara callada unos segundos.
Porque no parecía una disculpa vacía.
Parecía genuina.
Hazem dio un paso más cerca.
—No estoy acostumbrado a… esto.
Dafne levantó apenas una ceja.
—¿Proteger personas?
—Preocuparme de esta manera.
El ambiente quedó silencioso otra vez.
Dafne bajó la vista hacia el libro entre sus manos.
Y sin querer comenzó a notar detalles que antes ignoraba.
Hazem se veía cansado.
No el cansancio elegante que los nobles fingían tener.
Era agotamiento real.
Había sombras leves bajo sus ojos y tensión permanente en los hombros, como si llevara días sin descansar correctamente.
Incluso su voz sonaba más pesada.
Ella habló después de unos segundos.
—¿Cuándo duerme?
Hazem pareció sorprendido por la pregunta.
—Cuando puedo.
—Eso no responde nada.
—Entonces casi nunca. No tengo a mi compañera. Sin ella, cada día me siento agotado.
Dafne lo miró fijamente.
Y por primera vez comenzó a pensar más allá del emperador arrogante y dominante que había conocido al inicio.
Hazem gobernaba un imperio enorme.
Controlaba nobles. Ejército. Consejo. Territorios.
Y aun así parecía estar peleando consigo mismo todos los días.
Ella volvió a hablar más tranquila.
—Roxy le dijo algo más, ¿verdad?
Hazem guardó silencio un instante antes de responder.
—Sí.
Dafne esperó.
Él se acercó un poco más.
—Cree que el sello está interfiriendo con el vínculo.
La respiración de Dafne se volvió más lenta.
No necesitaban decir exactamente cuál vínculo.
Ambos lo entendían.
Hazem continuó.
—Dice que cuando llegue la noche de la ceremonia, la diosa luna podrá romper completamente lo que queda del sello.
Dafne bajó la mirada unos segundos.
—Y si no pasa nada.
Hazem respondió inmediatamente.
—Pasará.
Ella volvió a mirarlo.
—Está demasiado seguro.
Hazem sostuvo su mirada sin moverse.
—Porque nunca reaccioné así con nadie.
El silencio se instaló entre ambos otra vez.
Pero esta vez no era incómodo.
Dafne respiró despacio.
—Todavía no sé qué siento respecto a todo esto.
Hazem asintió.
—No te estoy obligando a decidir ahora.
Y esa frase le gustó más de lo que esperaba.
Porque por primera vez desde que llegó a ese mundo…
Sintió que él realmente estaba escuchándola.
No imponiéndose. No ordenando. Solo escuchaba.
Hazem volvió a hablar.
—Solo quería que entendieras algo.
—¿Qué cosa?
Él la miró directamente.
—No estoy intentando atraparte, Dafne.
La forma en que dijo su nombre hizo que ella desviara la mirada apenas un segundo.
Hazem continuó.
—Solo… no puedo ignorar lo que siento cuando estoy cerca de ti.
Dafne apretó ligeramente el libro entre sus dedos.
Y aunque todavía había miedo dentro de ella, ya no sentía aquella necesidad urgente de alejarse cada vez que él aparecía.
Porque ahora entendía algo importante.
Hazem estaba intentando cambiar. Y probablemente ni él mismo sabía cómo hacerlo correctamente.
Él se marcho. Dejando a Dafne con una sensación diferente.
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Los cambios dentro del palacio comenzaron a notarse poco a poco.
Primero fueron pequeños detalles.
Sirvientes omega recibiendo mejor comida.
Guardias castigados por abuso.
Nobles reprendidos discretamente por maltratar empleados del ala interna.
Nadie decía oficialmente que aquellas órdenes venían del emperador.
Pero todos lo sabían.
Especialmente después de que Hazem expulsara personalmente a un noble menor por golpear a un omega frente a los jardines imperiales.
Dafne presenció aquella escena desde lejos.
El noble cayó de rodillas inmediatamente.
—¡Majestad, fue solo un sirviente!
Hazem lo observó con una frialdad aterradora.
—Y tú olvidaste cómo comportarte dentro de mi palacio.
—No quise-
—Fuera.
El hombre palideció.
—Majestad, mi familia-
Hazem dio un paso hacia él.
Y aunque no levantó la voz, el miedo alrededor fue inmediato.
—La próxima vez que pongas una mano sobre alguien más débil que tú para sentirte superior, asegúrate de no hacerlo donde yo pueda verlo.
El noble prácticamente huyó después de eso.
Dafne observó la escena en silencio.
Y cuando Hazem giró la cabeza y la vio a la distancia, ninguno apartó la mirada enseguida.
Porque ambos entendieron algo.
Él estaba cambiando.
Lentamente. Con dificultad. Pero de verdad.
Y ella…
Ella ya no podía verlo igual que antes.
porque hazem es el emperador y darbe la luna Omega
así que ya todos en regla derechitos💪💪💪