Klaus Glendson Cassano es el primogénito de la familia más temida de Manchester. CEO de una gran empresa y Don de una de las mafias más influyentes, es conocido por su frialdad, su inteligencia aguda y una brutalidad sin límites. Entre noches llenas de fiestas y una vida de poder absoluto, Klaus vive bajo la constante presión del consejo para cumplir un deber que insiste en postergar: el matrimonio.
Tras años evitando compromisos, el consejo decide intervenir y pone en riesgo su título como Don. Obligado a elegir una esposa entre las herederas de la mafia, Klaus se niega a ser manipulado. Acepta casarse… pero con una condición: la elección será suya, y solo suya.
Entre amenazas veladas, alianzas políticas y juegos de poder, Klaus inicia su propia cacería. Pero lo que era solo una obligación estratégica puede convertirse en un desafío aún mayor cuando la mujer equivocada —o demasiado correcta— cruza su camino.
Porque, en el mundo de Klaus Cassano, amar es debilidad. Y él no acepta flaquear.
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Capítulo 9.
Alana...
Intento levantarme, pero noto una cadena en mi tobillo que me sujeta a la cama. Miro a la mujer, incrédula, y el miedo se me multiplica.
—Ah, espera, déjame quitarte eso.
Dice tomando la llave para abrir el candado.
—Nona, ¿dónde estoy? ¿Por qué estoy aquí?
Pregunto desesperada, y ella me mira con lástima.
—Date un baño, niña. En el baño hay kit de higiene personal... yo, lamentablemente, no puedo responderte esas preguntas.
—Entonces, ¿quién puede?
—Él vendrá a verte en un rato. Voy por tu café mientras te bañas, con permiso.
Dice terminando de quitarme la cadena.
—No, espe-
Sale del cuarto y la escucho cerrar la puerta con llave. Voy al baño, hago mi higiene personal y me permito llorar un poco bajo el chorro del agua. Dios, ¿qué hice para merecer esto?
Después del baño salgo solo con la toalla y me dirijo a la cama a buscar el vestido y la ropa interior.
—No deberías salir solo con la toalla.
Me vuelto asustada y veo a un hombre alto, de cabello negro, mandíbula marcada y ojos color café. Las mangas de su camisa están enrolladas y dejan ver algunos tatuajes. Doy un paso hacia atrás en cuanto él se acerca.
—¿Q-Quién eres tú?
Sonríe sin mostrar los dientes mientras avanza hacia mí. Retrocedo hasta quedar acorralada contra la pared. Pone las dos manos a ambos lados de mi cabeza y me siento como una presa entre las garras de un depredador. Su mirada me eriza la piel.
—¿Yo? Yo soy tu dueño ahora.
Trago saliva. La respiración se me agita, el pecho me sube y me baja. Nuestros ojos se encuentran y ninguno aparta la mirada.
—¿Cómo que mi dueño? ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué me secuestraste?
Se queda en silencio y baja la vista hacia la toalla. Ahora me miraba de otra manera, como si en cualquier momento fuera a abalanzarse sobre mí.
—Mandaré a alguien a buscarte en unos minutos. Terminaremos esta conversación en otro lugar. Por ahora es mejor que te vistas, antes de que olvide el asco que le tengo a tu familia y acabe cogiéndote.
Se da la vuelta y sale del cuarto cerrando la puerta. Siento que me arde la cara. ¿Qué fue eso? ¿Cómo puede decir cosas tan obscenas? ¿Acaso sabe que la lujuria es un pecado?
Sacudo la cabeza, tomo el vestido y empiezo a ponérmelo.
.....
Klaus...
—¿Qué pasó?
Pregunta Felipe al verme bajar.
—Nada. Ella todavía está terminando de cambiarse. Ve a buscarla en 15 minutos.
Paso a su lado y entro al escritorio, me siento en la silla y empiezo a ver las noticias, lo que me arranca una sonrisa. Todo el submundo amaneció con la noticia de la invasión al territorio de la Camorra. La sonrisa se me amplía imaginando la cara de Guxta cuando se entere de que su preciosa hermanita fue secuestrada, y sin duda su psicólogo colapsará cuando vea la "cartita" que dejamos a la entrada de la ciudad.
Miro hacia la pared y veo tres cajas de vidrio. Ahí exactamente, colocaré las cabezas de los Martineli. Serán mis trofeos por buen tiempo.
Llamo al consejo y agendo una reunión en dos horas. Recojo todos los documentos y espero a que Alana baje. Es diferente de sus hermanos: sus ojos irradian inocencia. Carajo, soy muy hijo de puta por arrastrarla a todo este lío, pero es necesario. Tengo que mantener distancia de ella: esa mirada de "inocencia" puede ser mi ruina otra vez.
toc, toc
—¡Entra!
Abre la puerta, mira a su alrededor y en cuanto me ve, baja la cabeza y entra por completo.
—Ven y siéntate.
Camina sin decir nada y se sienta frente a mí. Levanta la cabeza y me mira.
—¿Ahora sí vas a responder mis preguntas?
—Alana, sé que no me conoces, pero yo sí te conozco muy bien. Sé cada cosa que hacías en aquella casa, conozco también a tu familia, y es por eso que estás aquí. Tus hermanos invadieron mi territorio, se llevaron y mataron a alguien importante para mi mafia. Es justo devolver el favor, ¿no?
Ella se tensa y traga saliva.
—¿Entonces voy a morir?
Pregunta aunque el miedo a mi respuesta le delata la cara.
—Todavía no. Necesito casarme, y tú serás mi esposa.
Frunce el ceño.
—¡Pero yo no quiero! El matrimonio es algo sagrado, no me puedes obligar. Me niego.
Dice levantándose. Yo me quedo sentado.
—Creo que no entendiste, mocosa idiota. No te pregunté si quieres, tampoco te di oportunidad de negarte. Solo te informé. Firma estos documentos con tinta de bolígrafo normal, o con la sangre de esa vieja, de tus hermanos y de tus padres. Tú eliges.
Lo digo con frialdad y ella lucha por contener el llanto.
—¿Cómo puedes ser tan cruel? ¿Acaso no amas a nadie?
—No. Ahora deja de probar mi paciencia y firma esto de una vez, ¿o quieres escuchar el crujido del cráneo de esa vieja para animarte?
Toma el bolígrafo y, entre lágrimas, firma los papeles.
—¿Puedo salir ahora?
Pregunta sin mirarme.
—Sí. Pero no se te ocurra hacer ninguna gracia. No suelo ser piadoso ni buena gente.
Sale del escritorio. Tomo los papeles, que ya llevan también mi firma, y salgo hacia el salón de la mafia.
.....
—¿Cuál es el motivo de esta reunión, Don?
Pregunta Sergio. Le hago una seña a Felipe, que entrega copias de los documentos a todos los presentes.
—Bueno, hace unos días me exigían que me casara. Así que lo resolví lo más rápido que pude.
Digo con una pequeña sonrisa de suficiencia.
—¿Pero qué mierda es esta, Don?
Pregunta Sergio alterado. Con una sola mirada, se encoge.
—Perdón por el tono.
—Eso es la copia de los papeles de mi matrimonio.
Lo digo con calma, y todos me miran incrédulos.
—¿Cómo que se casó con Alana Martineli?
—Yo ni sabía que tenían una hija.
—Señor, no debería haber hecho esto. La Camorra es nuestra enemiga.
Todos hablaban como unos cobardes.
—¡Esto desatará una guerra, Klaus! Exigimos que anule inmediatamente ese matrimonio.
Dice Sergio otra vez. Golpeo la mesa y me pongo de pie.
—¿Quién está en contra de mi decisión?
Uno de los más viejos levanta la mano de inmediato. Saco mi arma y le disparo en la frente. La sangre salpica a los que están cerca.
—¿Alguien más?
Todos guardan silencio.
—Alana es ahora la señora Cassano, lo quieran o no.
gracias por compartirla escritora hermosa historia 💯💯💯💯💯💯♥️🥰