Ella y su ansiedad renacen en un nuevo mundo..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Elia 1
Entonces al parecer..
No era un sueño.
No era una alucinación provocada por el accidente.
No estaba reviviendo recuerdos ajenos.
Había muerto.
Y ahora estaba viva otra vez.
[...¿en serio?]
Ella permaneció inmóvil mientras una avalancha de recuerdos seguía acomodándose dentro de su mente.
Su antigua vida.
La vida de Elia Russ.
Dos existencias completamente distintas intentando ocupar el mismo espacio.
Era como tener dos bibliotecas mezcladas en una sola estantería.
Y cuanto más ordenaba aquellos recuerdos, más comprendía la situación.
Elia Russ vivía en el Reino de Sunderland.
Un reino enorme.
Próspero.
Frío
Antiguamente famoso por su magia.
Aunque durante siglos la magia había sido algo extraño.
Lejano.
Casi exclusivo del Templo.
Los magos eran entrenados allí y servían al reino bajo estricta supervisión.
Pero hacía aproximadamente tres años todo había cambiado.
La magia estaba regresando.
Y no de forma gradual.
Estaba apareciendo con fuerza.
Personas comunes despertaban afinidades elementales.
Algunos nobles desarrollaban capacidades mágicas.
El viento.
El fuego.
La tierra.
El agua.
Incluso elementos más raros comenzaban a manifestarse.
El reino entero estaba revolucionado.
Se abrían academias.
Los templos reclutaban aprendices.
Las familias nobles presumían de cualquier hijo capaz de mover una cuchara con magia.
[Y claro...]
[¿Qué sería una reencarnación sin magia?]
Sin embargo, aquello era el menor de sus problemas.
Porque luego llegaron los recuerdos financieros.
Y casi le dio un infarto.
[...oh no.]
Los condes Russ estaban arruinados.
Bueno.
Técnicamente todavía no.
Pero estaban peligrosamente cerca.
Muy peligrosamente cerca.
Su padre llevaba años enfermo.
Los tratamientos eran costosos.
Las visitas de sanadores también.
Los medicamentos mágicos costaban fortunas.
Las tierras producían menos ingresos que antes.
Y mientras todo eso ocurría...
Elia gastaba dinero.
Muchísimo dinero.
Vestidos.
Sombreros.
Joyas.
Perfumes.
Zapatos.
Más vestidos.
Más joyas.
Más zapatos.
[YA TIENES TREINTA Y SIETE PARES.]
Ella estaba horrorizada.
Porque podía recordar perfectamente los pensamientos de la antigua Elia.
—Ese vestido es diferente.
[¡No, no lo es!]
—Pero este tiene botones dorados.
[¡SIGUE SIENDO EL MISMO VESTIDO!]
Y sus padres siempre terminaban cediendo.
Siempre.
Sin excepción.
—Si eso hace feliz a nuestra hija...
La compraban.
—Es solo una pequeña joya...
La compraban.
—Es solo un capricho...
La compraban.
Y así sucesivamente hasta que las cuentas comenzaron a vaciarse.
La protagonista sintió una migraña.
[He reencarnado.]
[En una noble insoportable.]
[Que está llevando a su familia a la ruina.]
[Perfecto.]
[Absolutamente perfecto.]
Intentó seguir procesando información.
Pero entonces sintió algo extraño.
Peso.
Calor.
Suavidad.
Una cama.
Parpadeó.
Y abrió los ojos.
Un techo ornamentado apareció frente a ella.
Cortinas de seda.
Muebles elegantes.
Una habitación enorme.
Silencio.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Porque aquello se sentía real.
Muy real.
Lentamente levantó una mano.
Pequeña.
Delicada.
Pálida.
Definitivamente no era su mano.
Giró la cabeza.
Vio un espejo al otro lado de la habitación.
Y una niña de cabello negro ondulado la observó desde él.
La misma jovencita.
Elia Russ.
[...oh.]
[...mierda.]
Estaba tan impresionada que se levantó de golpe.
Tropezó con las sábanas.
Casi cayó de la cama.
Logró recuperar el equilibrio.
Corrió hasta el espejo.
Y se quedó contemplando aquel rostro perfecto.
Grandes ojos oscuros.
Piel impecable.
Cabello brillante.
Era preciosa.
Objetivamente preciosa.
Pero también...
—Qué cara de problemática tienes.
La señorita del espejo repitió exactamente sus movimientos.
—Sí, definitivamente eres problemática.
Ella siguió imitándola y se señaló.
—Escúchame bien.
La niña la señaló también.
—No sé cómo ocurrió esto. Pero si vamos a compartir cuerpo...
Se detuvo.
Parpadeó.
Volvió a parpadear.
Y de repente comprendió que estaba discutiendo consigo misma frente a un espejo.
[...necesito comprobar algo.]
Levantó una mano.
La observó durante varios segundos.
Luego tomó impulso.
¡Paf!
Se dio una bofetada.
Fuerte.
Muy fuerte.
—¡AU!
El dolor fue instantáneo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
Se llevó ambas manos a la mejilla.
Saltando en el lugar.
—¡AU, AU, AU, AU!
[¡ESO DOLIÓ!]
[¡ESO DOLIÓ MUCHO!]
[¿POR QUÉ TAN FUERTE?]
La puerta se abrió de golpe.
Dos sirvientas entraron alarmadas.
—¡Señorita Elia!
—¿Qué ocurrió?
Ella las miró.
Las sirvientas la miraron.
Hubo un largo silencio.
—Me caí.
—¿De pie?
—Sí.
—¿Y se golpeó sola?
—Muy fuerte.
Las sirvientas intercambiaron una mirada.
Claramente confundidas.
Ella suspiró.
Bueno.
La buena noticia era que no estaba soñando.
La mala noticia era que había renacido.
La peor noticia era que había renacido como Elia Russ.
Y mientras observaba el reflejo de aquella niña mimada y problemática en el espejo, tomó una decisión trascendental.
—Primero salvaremos a esta familia de la bancarrota.
Las sirvientas parpadearon.
—¿Señorita?
—Segundo, ayudaremos al conde con su enfermedad.
—¿Señorita...?
—Y tercero...
Miró su reflejo.
Entrecerró los ojos.
Y señaló a la señorita del espejo.
—Vamos a arreglar tu personalidad.
La sirvienta más joven murmuró:
—Definitivamente se golpeó muy fuerte.
Y, por primera vez desde que despertó en Sunderland, la nueva Elia estuvo completamente de acuerdo.