Laury Mayer fue vendida como esposa por su familia a un viejo rico y feo. Todo el país sabe que su futuro esposo, Harold Bamak, es un hombre horrible y repugnante que disfruta torturando mujeres. ¿Qué pasará si Laury descubre que su esposo es en realidad un joven muy guapo y poderoso, en lugar del hombre del que hablan los rumores, y que la ama profundamente por su inocencia y bondad?.
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Capítulo 1.
Laury Mayer yacía en la cama del hotel donde le habían pedido que esperara. Estaba completamente oscuro; no podía ver nada. Esa noche le tocaba la inspección. A un viejo extraño que, para ella, bien podría pasar por un monstruo.
Mientras esperaba su destino, se puso rígida al oír el clic de la puerta al abrirse. La puerta crujió con un largo y espeluznante crujido, y luego oyó pasos que entraban en la habitación y cerraban la puerta tras ella. Se le secó la garganta de miedo. Harold Bamak había entrado.
Se creía que "Harold el raro", como lo llamaban cariñosamente en la ciudad, era un hombre vil. Apenas se rodeaba de mujeres; de hecho, no había ninguna, lo que hacía creer a la gente que era por su impotencia. Además, otros rumores decían que era malvado, rarísimo y travieso en sus tratos. Ninguna familia, por muy codiciosa que fuera, entregaría a su hija a alguien como Harold, ni por placer ni por matrimonio; jamás se atreverían a hacerlo. Sin embargo, la familia de Laury sí lo hizo. Allí estaba ella, en una habitación oscura, con aquel hombre monstruoso que la amenazaba. Cerró los ojos con fuerza, negándose a presenciar el horror en el que se encontraba inmersa.
El padre de Laury estaba en apuros económicos. Su familia atravesaba una situación financiera desastrosa, así que pidieron un préstamo. Sin embargo, no pudieron pagarlo. La compañía amenazó con matarlo si no cumplía su parte del trato, así que él accedió a entregar a Laury como pago.
La hermana mayor de Laury podría haber sido la elegida, ya que era mayor y estaba en mejor posición para ser entregada, pero por alguna razón, Laury fue la elegida.
Dado que se trataba de un intercambio sexual que culminaría en matrimonio, Laury tuvo que someterse a una inspección. Esta inspección implicaba que la persona que la recibía revisara todo su cuerpo para comprobar si estaba cualificada. ¡Qué insultante! Pero, ¿qué podía hacer? Era como negociar por las mejores partes de la carne en el mercado y desechar las que no servían.
Basta. Laury era una mercancía barata, esperando a que su dueño la llevara a casa.
El rumor de que Harold era un anciano, pero soltero, hizo que Laury creyera que, en efecto, era impotente. O que era un extremista sexual que practicaba todo tipo de fetiches abusivos, por lo que las mujeres se mantenían alejadas de él.
-¿Tienes miedo?-, le preguntó Harold a Laury al quitarle la manta que la cubría, y ella gritó.
-¡Dios mío!-, gritó Laury repetidamente cuando las grandes manos de Harold la tocaron. Para ella, era el mismísimo diablo quien estaba a su lado en ese hotel, sin nadie más alrededor para ayudarla, por si acaso la lastimaba. Su voz áspera la confundió. ¿Estaba molesto o estaba siendo amable con ella? No tenía ni idea.
-Sí... sí, tengo miedo, pero puedo intentar soportarlo-, respondió Laury, apretando los dientes. La idea de que su padre sufriera algún daño a manos de esas personas a las que les debía dinero la impulsó a intentar superar su miedo, pero le resultó difícil.
-Entonces encenderé la luz para que...-, decía Harold, y se disponía a encenderla, pero Laury lo detuvo.
-No, no. Estoy bien sin la luz encendida-, dijo Laury con voz temblorosa. Era evidente que estaba aterrada. No podía ocultarlo.
A pesar del miedo, Laury empezó a pensar que el hombre era amable. Al principio, creyó que a estas alturas ya la habría desnudado y maltratado, pero se estaba tomando su tiempo para asegurarse de que estuviera cómoda antes de hacerle nada.
Sin embargo, encender la luz era un rotundo no. No quería ver su rostro. Juraría que si veía a ese hombre horrible, por lo que había oído de él, se desmayaría.
Harold le acarició las mejillas al darse cuenta del miedo que ella le tenía.
No quería hacerle daño a Laury, pero no podía negar que la gente le tenía miedo, y ella no iba a ser la excepción.
-Por favor, señor, nunca he hecho esto antes. ¿Podría ser amable conmigo? Se lo ruego-, le dijo Laury.
Harold sonrió y desprendió un aura suave a su alrededor. Recorrió con los dedos su rostro, bajando hasta sus labios, sintiendo su clavícula y su ombligo, y luego acarició su punto sensible. Laury se quedó paralizada. Para ella, era como una estatua, rígida e incapaz de moverse. Se aferró a la manta que tenía al lado, nerviosa por lo que iba a pasar. La apretaba con tanta fuerza que pensó que se iba a romper. Harold se dio cuenta de su miedo, pero siguió sujetándola, como si disfrutara quebrantándola para que fuera completamente suya.
—¿Sabes por qué estás aquí, en esta habitación conmigo? —le preguntó Harold.
—Sí, sí. Sé que estoy a punto de ser tuya —respondió Laury. Harold asintió.
—Exacto. Vas a ser mi esposa. Tu familia necesita dinero, ¿verdad? Necesitas mi ayuda con eso, así que eres la recompensa por mi buena voluntad. Ya que necesito una esposa, serás mía —le dijo a Laury. Mientras decía esto, Harold bajó la mano para cubrir la parte íntima de Laury.
La vergüenza que sintió en ese momento fue inmensa.
Aun así, pensó que era su destino. No era momento de preocuparse por eso ahora. Tenía que ayudar a su padre, o le quitarían la vida.